Àlex Brendemühl: “¿Es mejor el amor sereno, o quizá la fantasía, el deseo y la pasión?”

· 12 de junio, 2017

Fotografía: Carlos Pericas


Quizá no goce (si eso es gozar…) de la gran popularidad que otros tienen, pero Àlex Brendemühl es uno de nuestros actores más solventes y con una mayor trayectoria internacional. Ahora acaba de estrenar la película francesa El sueño de Gabrielle, de Nicole García y con la estrella gala Marion Cotillard como protagonista femenina. Una historia de amor en la que la locura y la pasión se contraponen a la solidez y la fuerza del tiempo.

La realizadora francesa Nicole García vuelve a las pantallas de cine, y lo hace con un drama romántico basado en la novela Mal de pierres (Mal de piedras, Ed. Siruela), de Milena Agus, traducido en el cine español (acertadamente, en nuestra humilde opinión y sin que sirva de precedente, como El sueño de Gabrielle). El sueño de Gabrielle desarrolla su trama en la Francia de los cincuenta del siglo XX. Gabrielle (Marion Cotillard) vive en un pueblecito y sueña con encontrar el amor verdadero. Sin embargo, sus padres la obligan a casarse con José (Àlex Brendemühl, uno de nuestros actores más internacionales, con el que mantenemos esta entrevista). José es un granjero español, honrado y cariñoso, pero Gabrielle no lo ama. Durante su estancia en un balneario en los Alpes, conoce a André (Louis Garrel), un militar herido de la guerra de Indochina, que hará renacer en ella el deseo de amar y ser amada. Al descubrir ese gran amor, Gabrielle desea escapar con André y librarse de un matrimonio que parece encerrarla. Y está decidida a perseguir su sueño.

Nicole García, directora y coguionista, declaró en su momento que la protagonista de esta historia es «una fuerza creativa». Y lo es, sin duda, ese destino que lleva dentro, al que se supedita otro destino masculino, que su personaje escoge voluntariamente. ¿Cómo ve usted a ese José desde este punto de vista, digamos, de sumisión aceptada para salir de la miseria, pero a la vez de deslumbramiento por Gabrielle?
Me planteé el personaje desde diferentes puntos de vista. Por un lado, el de un hombre que ha vivido la guerra [la guerra civil española de 1936-39]. Un refugiado exiliado en Francia, que ha querido olvidar su historia y empezar de cero en un país nuevo. El hecho de plantearse un matrimonio de conveniencia implica varias cosas: desde un punto de vista pragmático, prosperar socialmente al casarse con una chica que pertenece la burguesía rural, de modo que él pasará a ser alguien de manera inmediata. Inicialmente, él ni siquiera se lo cree cuando se lo proponen, pero, de alguna manera, tiene esa capacidad de adaptación y acepta. Pero, por otro lado, también surge el amor. José admira a esa mujer que tiene un grado de sofisticación, de cultura, de libertad… Todo eso que a él le fascina, hasta el punto de que no sabe por dónde acercarse a ella porque no se ve a su nivel. Pero, de alguna manera, se va dejando encandilar y acaba surgiendo una historia de amor apasionado, en la que lo bonito, creo yo, es que no es un amor a primera vista, sino que va surgiendo a lo largo de los años, dentro ya del matrimonio. Ese amor va creciendo sustentado en la tolerancia de este hombre, de su silencio, de su capacidad de amar a esta mujer, de entenderla, de aceptarla, de asumir sus desvaríos y sus ofensas.

Ahí reside, precisamente, parte de la complejidad del personaje, en la expresión contenida de ese amor no correspondido…
Sí, ahí está la complejidad. A mí me interesó enseguida. Es un personaje que, aparentemente, no está implicado, pero que tiene unos principios morales tremendamente fuertes. Es, en este sentido, un personaje heroico, casi utópico, de otra época. Un personaje con un gran estoicismo y un enorme sentido práctico que, posiblemente, tengan su razón de ser en la humildad de su origen. Y lo bonito de este personaje es que va a más a lo largo de toda la película. Tal y como está rodado, ni le vemos ni estamos cerca de él hasta el final, cuando le vemos bien y sabemos el porqué de su seguridad en esa relación.

Una relación en la que él admite su inferioridad material e intelectual respecto de ella, pero no en el plano moral, en el que sabe que, cuando menos, como seres humanos, ambos están al mismo nivel.
Claro, por eso otro de los pilares sobre los que yo trabajé el personaje fue el de la dignidad. La dignidad de alguien que, frente a las adversidades, sigue siendo fiel a su manera de pensar y de vivir. Esto termina impresionándola a ella, creo yo, porque la desarma. Es un personaje heroico en su misión de aguantarlo todo. Tiene un sentido común, como una convicción secreta de su triunfo final.

Un personaje que tiene mucho más peso en la película del que parece. Uno diría, sin temor a exagerar, que es tan protagonista como el de la mujer que interpreta Marion Cotillard. Y un protagonismo, además, expresado desde un aparente pero tremendo segundo plano.
La verdad es que, como decimos en el teatro, es uno de esos personajes que acaban por llevarse la función porque está muy cerca de la visión del espectador, que a medida que transcurre la historia acaba preguntándose por qué ella no se va con ese hombre de una vez. En este sentido, también tengo que decir que hay secuencias que finalmente no están en el metraje final, pero que sí estaban más cercanas a mi personaje, como esos desahogos con prostitutas que tenía para satisfacer su virilidad.

Sin destripar la película, el final puede que descoloque un poco a algunos espectadores. ¿Qué opina?
Bueno, es un final cinematográfico. Hay un secreto que se desvela al final y que, de alguna manera, trastoca toda la historia. Quizá se podría decir que es un poquito tramposo, pero no deja de recurrir a ese giro para justificar todo lo que ha ocurrido antes. Puedes preguntarte qué moral transmite la película, si nos dice que el amor tranquilo, sereno, es mejor que la fantasía y el deseo, la pasión. ¿Un discurso clásico? ¿Una contraposición entre el amor juvenil y el amor adulto? El espectador dirá.

El de este José es un personaje que le va a su trayectoria como actor.
Desde luego, es uno de los que más satisfechos me siento. Enseguida entendí al personaje, supe cómo enfocarlo, cómo aportarle capas y hacerlo mío. La directora me hizo una entrevista, luego nos vimos con Marion Cotillard, más tarde empezó a tener dudas respecto a mí, le propuso el papel a otro actor, y al cabo de un mes volvió a llamarme para decirme que tenía que hacerlo yo. Pero sí, tuvo muchas dudas hasta que no empezamos a rodar y vio que el personaje cobraba una entidad y estaba a la altura de lo que hacía Marion Cotillard, que es un pedazo de actriz, con lo cual ella también tenía sus dudas al respecto, porque pensaba que quizá sería mejor un actor conocido en Francia.

Entonces, ¿cree que esas dudas las tenía la directora, o cabe la posibilidad de que provinieran de Marion Cotillard?
No, Marion, tomando un café en París posteriormente, me dijo que ella enseguida quiso que fuera yo quien hiciera el papel. Fue más bien la directora, posiblemente también por implicaciones personales, porque ella es de origen español y quizá tenía en mente a su padre, un prejuicio sobre esos emigrantes de la época, con los que quizá yo no encajaba del todo. Empezando por el color de mis ojos (quiso ponerme lentillas, pero tuve una reacción alérgica). También buscaba una virilidad más salvaje. Ella empezó a comprender mi manera de trabajar en pleno rodaje, y luego me dijo muchas veces que estaba encantada de que hubiera sido yo quien finalmente había hecho el personaje, con todo lo que le podía aportar: mi padre era un refugiado de la Alemania Democrática que vino a España y se casó con una niña mimada catalana… Ahí encontré muchos referentes válidos. O de mi abuelo refugiado en Francia durante la guerra civil. Cosas que me tocaban y me apetecía darles vida. En la película ha quedado muy esquemático.

¿Cómo es Marion Cotillard?
Una gran actriz. Seria, profesional, muy buena compañera. Rodar cada día con ella es un regalo.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN.
Licenciado en Geografía e Historia.
Máster en Comunicación y Periodismo.
En “Levante-EMV” desde 1984.
Ex-jefe de edición de “La Cartelera”.


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