Olivia Molina: “Me da mucho miedo la idealización del amor”

· 31 de mayo, 2017

Fotografía: Nicolás Bustos


Olivia Molina ha pasado muy recientemente por el Teatre Auditori de Catarroja (TAC), en València, como protagonista de la versión teatral de Tristana, la novela de Benito Pérez Galdós que Buñuel llevó en 1970 al cine con Catherine Deneuve. Olivia Molina (en realidad, Olivia Tirmarche Molina) interpreta en esa obra de gira el papel protagonista, junto a Pere Ponce, María Pujalte y Alejandro Arestegui.

Tristana, una obra que solo recibe elogios. Para el montaje y, concretamente, para usted en el papel dramático más importante de su carrera hasta la fecha.
Bueno, yo siempre que me enfrento a un trabajo lo vivo como el reto más importante de mi carrera. Pero sí es cierto que Tristana es uno de esos personajes que te llegan muy pocas veces en la vida. Como actriz, es un verdadero regalo el poder tener ese material que Benito Pérez Galdós nos dejó en su novela, para poder  profundizar en una mujer tan compleja. Porque Tristana no solo es una mujer que despierta a la vida, que dice en voz alta todo lo que no entiende como correcto, sino que es una mujer llena de contradicciones, de luces y de sombras. Una mujer que se equivoca, que aprende…

¿Ya la conocía? ¿Quizá a través de la película de Buñuel?
Pues, efectivamente, no había leído la novela. Había visto la película, porque en mi casa, obviamente, todos somos muy cinéfilos. Además, mi madre [Ángela Molina] fue musa de Buñuel, con lo cual todos hemos tenido el placer de ver sus películas. Así que yo había visto la película, y cuando me llegó la propuesta por parte de Eduardo Galán [adaptador], recibí el guion y vi ese nombre, fue como un imán. Sentí que Tristana era algo muy poderoso, así que me metí de lleno.

Seguro que su madre también se alegró mucho.
Sí, mi madre siempre se alegra mucho por los éxitos de sus hijos. Ya sabes, las madres siempre nos alegramos cuando nuestros hijos son felices.

¿Cómo cambió su idea de Tristana después de leer la novela?
Bueno, lo primero que hay que decir es que no tiene nada que ver con la película de Buñuel, porque la suya es una historia mucho más surrealista, se sitúa en Toledo, en otro momento… Sí que tiene ese componente erótico que también está en la novela, el que todo pasa de puertas para adentro, la relación un tanto incestuosa que luego se transforma en relación de dependencia…

Es que es una historia muy oscura…
Sí, muy oscura. Y de renuncia a los sueños, de lo duro que era para la mujer el salir adelante y conseguir una independencia en todos los órdenes de la vida. La primera vez que me entregué al viaje de leer la novela me di cuenta de que el relato de Tristana es el relato de una vida entera, el de una persona que empieza siendo una niña, naíf, con una energía desbordante de vida y de curiosidad, y acaba siendo una mujer tullida, con peso, pero que, aun así, conserva esa chispa que yo creo que es el tesoro del personaje, que no pierde la fe en la vida, a pesar de que la vida la apalea.

Pensar en la Tristana de Galdós puede llevar a recordar a la Lolita de Nabokov como quien ve una especie de reverso de la personalidad, ¿no le parece?
Sí, es cierto, no lo había pensado. Tristana se ve metida de pronto en esa situación vital y es seductora a su pesar. Seduce su libertad, sus ganas de probar, de vivir. Tristana es una mujer que se come el mundo porque no sabe todavía que hay impedimentos, esa es la fuerza que tiene. Y lo bonito de la evolución del personaje es cómo se va dando cuenta de eso, de que en la sociedad, hay etiquetas, normas a las que atenerse… De que la sociedad ya ha marcado un camino para ella.

Bonito y tremendo a la vez…
Claro, porque ese desencanto vital es tan fuerte como interesante. Como es interesantísimo ver cómo lo recibe el público, porque hay un eco que todos sentimos, en el que todos nos reconocemos en algún momento, y que nos dice que la madurez es un acto de resignación ante ciertas cosas.

La alternativa es la tragedia, ¿verdad? Buñuel optó, precisamente, por esa vía, por la rebeldía femenina. Algo que no se ha terminado todavía, por desgracia.
Exactamente. Es impresionante que todavía tengamos que estar luchando por ciertos derechos que son, ante todo, de sentido común. Sobre todo, en ciertos lugares del mundo, pero aquí también, porque todavía hay mucha violencia machista y mucha lucha pendiente para lograr la equidad. Mujeres como aquellas hicieron un gran camino, pero está claro que no podemos dar nada por sentado y que la lucha debe seguir. Darle voz a Tristana es darles voz a todas esas mujeres que no pueden hacer lo que quieran con su vida.

Tristana también habla de muchos tipos de amor. ¿Con cuál se queda  Olivia Molina?
A mí me impresiona mucho como mujer y como ser humano dónde se mete Tristana, esa idealización del amor. Ella idealiza a un hombre, se enamora de la idea de un hombre, y eso me da mucho miedo, porque ninguno somos perfectos.

Para terminar y cambiando un poco de tema, he leído que recientemente no supo explicar bien su idea de la maternidad subrogada. ¿Quiere hacerlo aquí?
Es un tema personal y delicado. Lo único que tengo que decir es que soy respetuosa con todo el mundo, porque yo también he hecho siempre lo que he necesitado y deseado con mi vida y con mi cuerpo. Creo en la libertad individual y respetaré siempre los lazos que el amor estableza, sean los que sean. Respeto todo tipo de decisión y todo tipo de familia, por supuesto.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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