¿Y tú qué harías?: “Shakespeare en Berlín” apela directamente al espectador

· 3 de mayo, 2017

Tras celebrar su vigésimo aniversario el año pasado, la compañía Arden regresa a la Sala Russafa con un nuevo montaje firmado por Chema Cardeña e interpretado por él mismo (está nominado por este trabajo al Max 2017 como mejor actor de reparto) junto a Iria Márquez y Juan Carlos Garés. Shakespeare en Berlín aborda el paso del tiempo en la Alemania nazi y, sobre todo, cómo afecta al trío protagonista. Mañana, jueves, 4 de mayo, el estreno.

En esta ocasión, el éxito viene por delante. Éxito de público en todas y cada una de las representaciones de la obra que ya se han hecho antes que en València: en Barcelona, en Sevilla, en Palma de Mallorca. Y también éxito profesional, puesto que Chema Cardeña, autor, director e intérprete, está nominado, gracias a su trabajo en ella, para el Premio Max 2017 como mejor actor de reparto.
Ya lo había estado también por El ombligo del mundo, en el año 2005. Pero ahora se trata de Shakespeare en Berlín, la nueva producción de Arden tras celebrar, el año pasado, el vigésimo aniversario de la compañía, que insiste en cultivar el particular sello de indentidad que le proporciona la siempre rigurosa pluma de Cardeña a la hora de reinventar para el drama hechos y personajes históricos.

Shakespeare en Berlín, que estará en la Sala Russafa (c/. Dénia, 55, de València) entre mañana, día 4, y el 21 de mayo, narra, en cuatro periodos o escenas, el paso del tiempo en la Alemania nazi. Desde 1933, año en el que se producen el Machtergreifung (nombramiento de Hitler como canciller de Alemania) y el incendio del Reichstag, hasta 1946, cuando, tras la derrota de la Wehrmacht en 1945, terminan los Procesos de Núremberg iniciados a finales de aquel mismo año; en medio de ambos, otros dos horrorosos hitos: 1938 (Kristallnacht: Noche de los Cristales Rotos) y 1941 (comienzo del genocidio del pueblo judío). Shakespeare en Berlín narra el paso del tiempo, sí, pero, naturalmente y ante todo, ese tiempo que actúa fría e inmisericordemente sobre la vida de los tres personajes protagonistas: Elsa (una Iria Márquez recién casada en la vida real: ¡felicidades!); su esposo en la ficción, Martin (Juan Carlos Garés), y Leo (Chema Cardeña), íntimo amigo del matrimonio y… judío.

Hemos destacado que Cardeña ha sido nominado por este trabajo suyo al Premio Max 2017. Él, sin embargo, no le da importancia al hecho (salvo por lo que tiene de reconocimiento implícito al trabajo de sus dos compañeros de reparto), pero sí nos confiesa que, «como actor, esta es una de las funciones que más me han impactado a la hora de salir a escena. Me cansa mucho emocionalmente, me cuesta. Solo puedo compararla con Clandestinos, que también me ardía mucho. Me deja tocado, porque sabes que eso ha pasado y puede volver a pasar… Pero también me encanta  que al público le suceda lo mismo –confiesa– , porque si el teatro dejara un día de servir para que todos reflexionemos, estaremos definitivamente perdidos. Los creadores tenemos ese compromiso ineludible, el de hacer pensar a la gente, no el de conseguir que pase un rato divertido, pero vacío».

Todo lo que ocurrirá en el escenario de la Sala Russafa durante la representación de Shakespeare en Berlín ha sucedido. Y, sobre todo, puede volver a suceder. Aquí reside el porqué último de una obra que Chema Cardeña tiene en la cabeza desde hace casi «la friolera de treinta años». Sabe perfectamente, además, que está ante un asunto recurrente en sus obras: «Siempre me ha preocupado muchísimo que la gente se olvide tan fácilmente como lo hace de los errores del pasado. Basta ver lo que acaba de ocurrir en Francia para entenderlo. Nos creemos que, por supervivencia, todo vale, y siempre encontramos a un culpable de nuestros problemas. Los judíos, los árabes, los chinos, los gitanos… Me da exactamente igual».

Chema Cardeña explica que todo esto ocurre en cuanto nos relajamos. La libertad se hace fácil, cómoda, burguesa, y se nos olvida que en realidad es muy frágil, luego muy fácil de quebrantar. Eso nos ocurre desde hace tiempo –opina el artista–, que nos hemos relajado y llevamos veinte años en decadencia, degenerando porque ha dejado de importarnos lo importante.
En Shakespeare en Berlín recordaremos que los judíos fueron como corderos al matadero nazi, «pero nosotros hemos aceptado como corderos todos los recortes que nos han impuesto. Sobre todo, los recortes en derechos sociales, que son los que más me preocupan. Derechos básicos, que afectan directamente a la supervivencia; derechos que costó mucho conquistar. No quiero exagerar, pero hemos llegado a cotas del siglo XIX», se lamenta Chema Cardeña.

Las cuestiones económicas también, pero las definitivas son las sociales. Las que más afectan a nuestras pequeñas vidas, a las cosas del día a día, y que son las que relucen como bengalas de emergencia en Shakespeare en Berlín. «Es ahí, en la vida diminuta de cada persona donde se ve la realidad –dice Cardeña–. Es en esa dimensión más próxima donde un día vemos que algún amigo entrañable necesita nuestra ayuda y le damos la espalda, porque, si no, lo tuyo acabará con lo mío». Justamente, ahí es donde se recuerda el famoso poema de Niemöller, que ahora repite el artista: Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista (…). Cuando finalmente vinieron a por mí, no había nadie más que pudiera protestar. Esa es la enseñanza que el sistema quiere que aprendamos -sentencia el autor–: No seas tonto, sálvate tú».

Shakespeare en Berlín tiene una estructura jalonada por audiovisuales que, lejos de mostrar la truculencia de la guerra, se detienen en la reflexión y en la sencilla vida cotidiana de quienes se vieron condenados a vivir aquel tiempo. Una reflexión que, además conecta directamente con el sorprendente final del montaje, unánimemente alabado por quienes ya han visto la obra. Final sorprendente y polémico (así se comprobó en Barcelona, donde muchos judíos y también alemanes de paso acudieron al reclamo del cartel). Por eso Arden desea que la reflexión también llegue a los valencianos. Para ello, organizará debates los tres domingos incluidos en el periodo de representaciones. Debates sobre un final pensado para simples seres humanos, pero que inquiere sin clemencia: Si tú hubieras estado allí, ¿qué habrías hecho? Y añadimos: Si algo así vuelve a suceder, ¿qué harás?

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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