William Oldroyd: “Katherine se enfrenta a la opresión del patriarcado y gana”

· 2 de mayo, 2017

Fotografía: Daniel Foeldes


Premio Fipresci en San Sebastián, y Premio de la Crítica y Mención Especial en Zúrich. Lady Macbeth es la ópera prima de William Oldroyd, un drama basado en la obra de Nikolái Leskov, trasladado a la Inglaterra victoriana.

Inglaterra, 1865. Katherine vive angustiada por culpa de su matrimonio con un hombre amargado, al que no quiere y que le dobla la edad, y de su fría y despiadada familia. Cuando se embarca en un apasionado idilio con un joven trabajador de la finca de su marido, en su interior se desata una fuerza tan poderosa que nada le impedirá intentar conseguir lo que desea». El director de teatro William Oldroyd entra en la nómina del buen cine británico con este drama basado en una novela corta del ruso Nikolái Leskov, Lady Macbeth de Mtsensk.

Escoge para su primera película un guion basado en la novela corta de Nikolái Leskov Lady Macbeth de Mtsensk, a su vez inspirada en Shakespeare. ¿Por qué?
Porque estaba tan emocionado con el personaje central de Katherine… Nunca había encontrado una mujer tan compleja, convincente y decidida en la literatura de mediados del siglo XIX. Era como leer una combinación de Wuthering Heights (Cumbres borrascosas, la única novela de Emily Brontë, se publicó por primera vez, bajo seudónimo, en el año 1847) y Kill Bill (la popular película de Tarantino, lanzada en dos volúmenes sucesivos, en 2003 y 2004, respectivamente). Sabía que atraería a una gran actriz para el papel principal y que haría una película emocionante.

El guion de su película, escrito por Alice Birch, hace cambios respecto de la historia original; uno de ellos, tan importante como el final. En mi modesta opinión, acierta. ¿Pero por qué lo hacen ustedes? ¿Es, quizá, una forma de expresar su posición personal sobre el drama?
Queríamos que nuestra heroína ganara al final de la historia, incluso si esa victoria era percibida como pírrica. Muchas mujeres de las novelas de ese periodo se suicidan o sufren en silencio [hablamos de la puritana época victoriana en el Reino Unido], pero nosotros queríamos contar una historia sobre una mujer que, lejos de hacer algo así, se enfrenta a la opresión del patriarcado y gana.

En este sentido, no hay duda de que la obra de Leskov tiene evidentes implicaciones morales, que, en parte, basculan sobre la legitimidad o ilegitimidad de rebelarse contra la opresión. La rebelión de la mujer, por un lado, y de un miembro de una clase muy inferior, por otro. Sin embargo, la película permanece al margen de la cuestión…
No somos partidarios de influir en la audiencia. Queremos dejar que los espectadores decidan por sí mismos. Mis películas preferidas les piden que participen, que cuestionen y debatan sobre lo que han visto, en lugar de, simplemente, entretenerse. Por eso también me gusta la ambigüedad en las películas, especialmente, si eso significa que la audiencia sigue discutiendo sobre ellas en el bar, en el restaurante, o en casa después de salir del cine.

Imaginemos uno de esos debates. Podríamos pensar, sin demasiado esfuerzo, que mucha gente opinará que su protagonista, mujer de carne y hueso, no tiene derecho a realizarse a costa de la desgracia ajena. Un pensamiento aparentemente frágil, como se ve con claridad si lo comparamos, por ejemplo, con el generalmente aceptado derecho a la libertad de intangibles como, digamos, la patria…
Creo que este es un tema que divide al público. Y quizá la mayoría opina que las acciones que Katherine va tomando a medida que avanza el argumento son indefendibles. Pero recuerdo otra vez que le estamos pidiendo a la gente, precisamente, que piense y tome partido. En mi opinión, es importante destacar que Alice (Alice Birch, guionista) y Florence (Florence Pugh, actriz protagonista) defienden a Katherine siempre. Y yo, realmente, quería trabajar con una actriz que la defendiera, que no la condenara. Personalmente, creo que las acciones de Katherine están justificadas por su desesperada lucha por la libertad, aunque para otros esto sea profundamente difícil de compartir.

La obra de Leskov ha dado lugar a diferentes versiones en otros tantos campos artísticos: del teatro al cine, pasando por la ópera. Hablando concretamente de la obra de Shostakóvich a partir de la matriz literaria, tengo entendido que usted ha huido de los elementos melodramáticos de aquella porque el género no es bien aceptado en su país. ¿Puede explicarlo, por favor?
Es el mal melodrama el que tiene pésima reputación en Gran Bretaña, ya que a menudo es sinónimo de sobreactuación y, por consiguiente, de falsas emociones. En cuanto a la ópera, la música permite a menudo espectáculos rebosantes de emociones. Pero nuestra película se expresa mucho más en los silencios y necesitaba una vida emocional mucho más interior y profunda. La cámara es increíble: capta los menores detalles de la expresión, lo cual hace innecesario recurrir a todo el cuerpo para mostrar las emociones, como sí puede ocurrir en la ópera o el teatro.

Su película también se distancia bastante de la versión que Andrzej Wajda firmó en 1961, Lady Macbeth en Siberia. Salta a la vista, por ejemplo, la disparidad de los escenarios: los suyos mucho más cerrados y opresivos. ¿Por qué lo hizo así? ¿Influyó de algún modo en usted el realizador polaco?
En realidad, no ve visto la película de Wajda, así que no puedo decir que me haya influido. Pero sí es cierto que yo quería centrarme en los interiores claustrofóbicos de la casa donde se desarrolla la acción, con el fin de destacar el aislamiento y el encarcelamiento de Katherine, en contraste con los amplios exteriores salvajes, que están conectados a la vida, a la respiración, a la libertad.

A pesar de todo, permítame recurrir de nuevo a Wajda. En la historia se plantean cuestiones como la conciencia y el arrepentimiento. En el filme del polaco, en clara relación con la religiosidad de la sociedad rusa del momento, al contrario que en el suyo…
En la novela, el personaje de Sergei (Sebastian en nuestra película) se confiesa porque teme ir al infierno. En nuestra historia, yo quería explorar una necesidad puramente humana de librarse de una conciencia culpable. Sebastian está anulado, poseído por Katherine, y llega un momento en el que piensa que el único modo de liberarse es confesar, es decir, traicionarla. Por eso esta confesión es mucho más desgarradora y peligrosa, porque se hace desde la desesperación, y no para buscar la salvación personal.

Me gustaría elogiar también al reparto de la película, en especial a Florence Pugh. Exhibe una eficacísima mezcla de carácter, contención, pasión y frialdad a un tiempo. ¿Cómo llegó a esta actriz?
Conocí a Florence a través de Shaheen Baig, nuestra directora de casting. Florence tenía todos los elementos que buscábamos para el personaje de Katherine: inteligencia, grandes instintos, fuego, determinación y una amplia gama de emociones. Tuvimos mucha suerte de que aceptara trabajar en nuestra película.

Es de suponer que se ha quedado usted con ganas de repetir la experiencia. ¿Qué hace ahora, vuelve al teatro o encara una nueva película?
Haré otra película, y también será adaptación de un libro. Es una historia americana contemporánea, escrita por Walter Mosley y titulada The Man In My Basement. (El hombre del sótano, novela traducida al castellano por Héctor Febles y editada por Poliedro.)

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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