Isabel Ordaz: «Las películas de autor deberían ser como especies protegidas»

· 25 de abril, 2017

Fotografía: J. Alberto Puertas


Isabel Ordaz es una de las grandes actrices españolas. Vuelve a dar prueba de ello en Todo mujer, una película escrita, producida y dirigida por Rafael Gordon. Esta es la tercera vez que la artista madrileña se pone a las órdenes de Gordon (tras Teresa, Teresa y La reina Isabel en persona). Ella es la protagonista absoluta de este especial film de autor, en el que interpreta de forma magistral el papel de Amalia, una superviviente en un palacete segoviano que, como su propia clase y el país entero, se cae a pedazos. A pesar de todo, un encuentro fortuito le permitirá a esta mujer decadente emprender un gran viaje iniciático con resultados regeneradores. Ordaz ha ganado con este papel el premio a la mejor actriz en el Scandinavian International Film Festival de Helsinki (Finlandia).

Una opinión personal: Películas como esta son como botellas de oxígeno en un panorama cinematográfico que, en el 99% de los casos, ofrece lo mismo…
Suscribo cada palabra. Más allá de las diferencias de gusto generacionales que pueda haber, la gente de cierta edad ya tiene un cierto bagaje cultural y sabe de qué habla cuando se trata de narrativa. Tampoco voy a ir más allá, porque entiendo que la industria tiene que sobrevivir y no me corresponden a mí las funciones de analista o crítica. Pero sí me parece, desde mi humilde posición de actriz y aunque no sea muy «estratégica» la declaración, que la autoría es un balón de oxígeno, porque, además de un cine de entretenimiento, es necesario un cine de reflexión, de riesgo, que narre para los que hemos sobrepasado los dieciocho años; que nos ofrezca un punto de vista sobre el mundo que nos ha tocado vivir, sobre la historia, sobre los valores.

Ha mencionado una idea que de la que quizá no se habla tanto, pero que siempre está presente en la factura de las cosas: los criterios generacionales. Si hay algo de cierto en la progresiva infantilización de la sociedad que se comenta, ¿se tiende a que también acabemos perdiendo eso?
Querría tener un punto de vista más esperanzador. Tenemos la perspectiva que nos da el tiempo, la vida, y, evidentemente, a los dieciocho años no se vive la vida, se vive la biología, el crecimiento y la formación del ser como una entidad independiente. Son terrenos muy pantanosos. Yo reivindico la minoría, porque también tiene derecho a vivir, a tener sitios donde espejear, y películas como esta escapan de esas leyes que el mercado impone de forma severa. Teniendo en cuenta, además, que no estamos hablando de cosas extrañas, sino de emociones. Desde hace un tiempo, la acción narrativa se ha trasladado al exterior, y esta es una película de acción interior: de recorridos emocionales, ideales. Son películas en las que hay un pasado, y no solo un presente, donde no se puede producir el distanciamiento de la mirada. El cine de autor ofrece la posibilidad de varias lecturas, recorridos emocionales… Por eso estas películas deberían de ser algo así como especies protegidas.

¿Está de acuerdo en que este tipo de película, en general, es más «femenina» que «masculina»?
Bueno, sin querer hacer una apología de género, sí puedo decir que las mujeres somos custodias… Pero es que tampoco hay hombres de una determinada edad que consigan ser protagonistas de ciertas historias. Ya que me brindas la oportunidad de hablar de la mujer como protagonista de una épica, voy a decir que Amalia, mi personaje, es una maravilla, que normalmente no hay papeles como este. ¿Y cuál es su épica? La épica de Amalia es una épica de la resistencia. Está atrapada en su pasado como un estamento rígido. Me recuerda mucho a Hamlet, en el sentido de que hipoteca su futuro en función del legado que el fantasma de su padre le pone en las manos. Amalia está atrapada en ese caserón que puede ser la metáfora de un pasado glorioso. Ahora sufre y tiene la posibilidad del cambio, de la modernidad, de una actualización de sus principios ideológicos y de clase. Por eso es, en realidad, un viaje iniciático a partir de la revisión de un pasado que le pesa como una losa y le ha hipotecado su propio futuro. Entonces, llega a un punto en el que, a través de un amor extraño, muy extraño, empieza a cambiar.

No es el único amor extraño que hay en la película. Hay otros, y tremendos. Pero expresados con gran sensibilidad y también con una intención poética.
Sí. Es, como toda película abierta, como toda película de autor, una película con una cierta lírica, y polisémica. Esta es una de las cosas que más me gustaron, esa posibilidad de hacer algo menos tradicional; moderno, pero con planteamiento, nudo y desenlace. La gente enseguida demanda respuestas, pero el arte plantea preguntas. Y esto es lo que tiene Todo mujer y, por extensión, todo el cine de autor. Se presenta un punto de vista y, desde esa perspectiva, invitas a otros a ver un universo que no es el oficial, el convencional.

¿No sería más fácil de conseguir si nos presentáramos ante los demás tal y como somos (si eso fuera fácil, claro…)?
Ese es uno de los méritos de esta propuesta. Y no deja de ser valioso, minoritario pero valioso.

Háblenos de su interpretación. A mí me parece complicadísima y fantástica, en un papel con infinidad de matices que recorren un gran arco sentimental.
Bueno, hay un abrigo (ríe)… Evidentemente, hay un oficio, pero no voy a ocultar que para mí este papel de Amalia supuso un desafío. En primer lugar, porque tiene el protagonismo, es el hilo conductor de la narración, alrededor del cual giran como satélites los demás personajes. Yo entendí que es un personaje vital, endeudado con su pasado, pero con unos valores fuertes porque es casi fin de raza. La casa es un personaje principal más, de modo que también se está narrando la decadencia física de una arquitectura, una historia, un imperio y una clase social. Yo me limité a creer en la poesía, que es necesaria, y a dejarme llevar por una vitalidad, porque yo creo que la vida es así. La vida tiene muchos colores, y a ella le han enseñado a tener una serie de valores, entre los que está el orgullo. Pero quiere sobrevivir, poco a poco va aprendiendo a amar, se va abriendo al mundo, hace autocrítica; también critica a los personajes de su mundo, cerrados y blasonados, y va dejándose llevar. ¡No quiere morirse!, como todos.

¿Es ahí donde está más marcada la conexión buñueliana de Gordon, en la realidad íntima del ser humano, que, hablemos claro, no deja de ser bastante surrealista?
Exactamente. Y en la aceptación de la propia pluralidad también busco seres humanos monolíticos. Cuando nos lo ponen delante, muchas veces no lo entendemos, pero personajes como estos están al cabo de la calle. Es un misterio.

También triufa usted en la tele. Y, palabras mayores, en el teatro…
He tenido una experiencia hermosísima en La Abadía. Y es probable que volvamos con He nacido para verte sonreír, que ha sido un pequeño fenómeno cultural en Madrid.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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