Julien Rappeneau: “Romper con la rutina nos devuelve la esperanza”

· 17 de abril, 2017

Fotografía: Nacho López


El guionista Julien Rappeneau ha dado el salto a la dirección con el largometraje Rosalie Blum, nominado al premio a la mejor ópera prima en los César del cine francés 2016. La cinta, que adapta el cómic homónimo de Camille Jourdy, combina el humor, la emoción y el suspense con una delicadeza que hace de su visionado un placer relajante y en absoluto empalagoso.

Le leo en el dossier de Rosalie Blum en castellano, hablando del cómic de Camille Jourdy en el que basa su película: «Fue como si Rosalie, que conecta tan bien con mi sensibilidad, se hubiera metido en mí». ¿Tanto tiene en común con ese personaje?
No, no es que yo tenga mucho en común con el personaje de Rosalie Blum, lo que diría más bien es que tengo muchas cosas en común con la película. La gente que me conoce y ha visto la película me reconoce en ella, en el tono, y con una forma de humor y melancolía que están ahí, en el filme.

¿Por qué ese cómic para debutar en la dirección?
Sentí un auténtico flechazo al leerlo. Me pareció una historia muy original, que había ahí unos personajes realmente emocionantes, con unas problemáticas muy interesante. Y, sobre todo, me gustaba el principio narrativo en cuanto a su fuerza, con esos cambios de puntos de vista… Me gustaban los personajes, bloqueados por sus miedos, por su soledad, por sus historias familiares…, pero que de pronto deciden ponerse en marcha de nuevo, conectarse entre sí y, de ese modo, reconectarse con la vida.

¿Hasta qué punto lo que vemos en la pantalla es fiel al cómic. Ha intervenido en el film de algún modo Camille Jourdy?
La película es fiel al cómic, aunque también aporta elementos nuevos y arroja nuevas luces sobre algunas cosas. Pero, incluso así, sigue siendo fiel al cómic, aunque Camille no ha intervenido en la película. Yo, por supuesto, quise conocerla para explicarle un poco lo que pretendía hacer. Le enseñé el guion y, durante el rodaje, la hice venir algún día al set. De hecho, sale como figurante en una de las secuencias.

Quizá esta historia no es tan fantástica en realidad. Puede que bastante gente haya pensado en algún momento en seguir a otra persona por la calle… ¿Usted, por ejemplo, lo ha hecho?
Es posible que mucha gente haya pensado qué pasaría si siguiera a alguien, sí. Quizá incluso Camille Jourdy lo ha pensado, y de ahí que lo haya plasmado en un cómic. Ahora bien, de pensarlo a hacerlo hay un gran salto. No, yo no lo he hecho nunca.

La trama de la película desarrolla, en realidad, una manera de romper la frustración y el tedio que viven los protagonistas. Un punto fuerte, sin duda, para conectar con el público, que regresa así a su universo adolescente, a mirar la vida con más esperanza y emoción. ¿Está de acuerdo con este punto de vista?
Vincent decide seguir a Rosalie, y eso, claro, añade un poco de pimienta a su vida. También gracias a eso, los demás encuentran de manera lúdica las ganas de volver a hacer algo. Esto me toca a mí especialmente, porque toda esa gente lleva años viviendo como al lado de su propia vida, como si estuvieran anestesiados. Claro, romper la cotidianidad, la rutina, les devuelve la esperanza, y eso nos alude a todos, porque todos nos hemos visto alguna vez un poco así, sin ganas de hacer nada, y necesitamos ese clic que nos despierte. Sí, estoy de acuerdo en que ese juego de alianzas tiene algo de adolescente, casi de infantil, como farsa divertida que atraviesa los personajes.

Hay en Rosalie Blum una mezcla de géneros muy atractiva. Drama, comedia, suspense, romanticismo… Y todo entremezclado, además, con una estructura que presenta diferentes puntos de vista sobre la misma circunstancia. Esto habrá complicado la factura de la película. ¿Por qué lo ha hecho así?
Precisamente, por ese motivo. El hecho de que no se le pueda atribuir un género concreto es lo que le proporciona una música especial al filme. Para mí, el desafío mayor fue el encontrar ese tono homogéneo entre toda esa mezcla de géneros que usted ha identificado. Los actores, gracias a su talento, me han ayudado mucho a conseguirlo, y, una vez terminado el montaje, vi que la película, con todas esas músicas, existe como un todo.

La historia se desarrolla en una ciudad de provincias que parece más bien pequeña. ¿No sería igualmente creíble en una gran ciudad? ¿Por qué eligió ese escenario?
El cómic original está ambientado en una pequeña ciudad. Y yo rodé en una pequeña ciudad que tiene ese encanto y esa melancolía. Planea sobre ella una especie de aburrimiento que sirve muy bien a la historia, porque los personajes, que sueñan con algo más allá, se ven trasformados de pronto, conmovidos por esa cosa que entra en sus vidas, pero allí mismo, en su casa, y con una dimensión muy humana. Esa ciudad es otro personaje total, completo, fuerte y poético de la película.

El reparto le sienta como un guante. ¿Cómo llegó a él?
No pensaba en los personajes a la hora escribir el guion. Una vez escrito, empecé a buscar a los actores que podrían responder, desde el punto de vista emocional, a las características de los que yo había escrito. Noémie Lvovsky es una gran actriz y realizadora francesa, que a mí me parece que irradiaba toda esa emoción y magia que yo quería en Rosalie. Alice Isaaz es una joven actriz con mucho talento, a la que descubrí en La crème de la crème (Kim Chapiron, 2014). En cuanto a Kyan Khojandi, le ví en Bref, una serie de Canal+, y me parecía que tenía esa torpeza y ese encanto que yo buscaba para Vincent. En cuanto a Anémone, es una gran actriz francesa a la que hacía tiempo que no veía en el cine y fue una alegría hablar con ella.

Pregunta obligada: ¿En qué está trabajando ahora?
En otra película, pero creo que es prematuro hablar de ella.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN.
Licenciado en Geografía e Historia.
Máster en Comunicación y Periodismo.
En “Levante-EMV” desde 1984.
Ex-jefe de edición de “La Cartelera”.


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