Roma Calderón: Un “pibón” muuuy ganso

· 5 de abril, 2017

Viernes, sábado y domingo. Roma Calderón presenta este mismo fin de semana, en la valenciana Sala Russafa (calle Dénia, 55), su espectáculo The Lovers. ¿Y qué es The Lovers? Pues un montaje one-woman-show. Un Nu Cabaret. Un musical canalla con mucho humor y estética Pin Up. Y un viaje por la larga vida amorosa (“plagada de encuentros, amantes fortuitos, cruces, y algunas técnicas de seducción que no siempre funcionan…, o sí”). The Lovers es, en suma, “una reflexión musical y humorística sobre la capacidad de amar que tiene el ser humano”, en la que la propia Roma Calderón utiliza un siempre complicado pedal Looper para crear música y ambientación sonora. ¡Ah, y por si todo esto fuera poco, la artista invita a tequila! Para quitarles el miedo a los espectadores…

¿Quién es Roma Calderón?
Una persona inquieta, curiosa, vital, gamberra…

Lo tiene todo.
Bueno, me faltan muchas cosas. No cocino: me estresa cocinar. Yo pongo la mesa, que se me da muy bien y me queda muy bonita, y pongo música.

¿No estará disimulando porque lo que cocina no hay quien se lo coma?
No, lo gracioso es que me sale bien. Pero me estreso.

Roma no es su nombre real, ¿verdad?
No, no es mi nombre de pila. Hace unos ocho años, decidí cambiármelo porque, normalmente, cuando crezco, o cuando siento que he evolucionado como persona, necesito cambios. Y entonces cambio de casa, o cambio de aspecto, de ciudad… Necesito crear un escenario alrededor que vaya con mi cambio interior.

O sea, que muda la piel como las serpientes.
Sí, absolutamente. Y hace ocho años di un salto como con ocho vueltas de campana, y el cuerpo me pidió hacer un supercambio de escenario, hasta el punto de que me cambié el nombre. Me tiré un año buscando nombres.

¿Y se puede saber a qué se debieron tantas vueltas de campana o es asunto privado?
No, no tengo ningún problema. Creo que todos los seres humanos pasamos por los mismos procesos, y tratar de ocultar las cosas que no son guays no ayuda. Lo que me pasó es que resolví un problema familiar muy fuerte, que me posicionó en otro lugar. Ya no me sentía la misma persona, hasta el punto de que tampoco podía seguir llamándome igual.

¿Cuando sufre un cambio de esa magnitud, su yo anterior queda en el olvido?
¡Nooo! Por un lado, hay gente que se empeña en recordármelo todo el rato, porque no me llama por el nombre que yo he elegido. Y, claro, madre sigue llamándome como ella me puso en la pila bautismal. Pero a ella se lo perdono… No sólo se lo permito, sino que me encanta que siga utilizando ese nombre. Por otro lado, le estoy muy agradecida a la anterior persona que era, porque gracias a ella estoy donde estoy ahora.

¿Quién era antes y quién es ahora?
Antes era una persona algo más desvalida. En realidad, no comprendía quién era. Ahora, igual hay cosas que no han cambiado, como la alegría de vivir, la vitalidad, la energía… Pero (todavía estoy en ese proceso de cambioi) soy más amorosa, más empática… Es algo así como que veo la vida con más nitidez.

¿Y eso la hace más indulgente?
Depende. Digamos que veo el comportamiento humano con más ternura, pero hay cosas que sigo sin tolerar: la falta de respeto, los atropellos… Hay cosas que todos tenemos que currarnos para aprender a vivir en condiciones.

¿Y ese cambio en lo personal cómo influye en la personalidad artística?
Muchísimo. Hay cosas que no han cambiado nada, como el gusto por la investigación y el riesgo, por compartirme y compartir… Pero ahora sonrío más durante el proceso de trabajo y lo sufro menos. Lo relativizo todo mucho más, porque, al saber dónde estás, puedes tranquilizarte y disfrutar muchísimo más de lo bueno.

Entre pitos y flautas, no nos ha explicado por qué eligió el nombre de Roma. Según lo que he visto sobre usted, quizá sería más adecuado Puntiaguda Calderón. Y perdone el chiste malo…
Bueno, la verdad es que estoy tratando de limar las aristas. Intento ser cada vez más suave y más redonda, aunque con esta energía mía es complicado: me disparo con mucha facilidad. Pues mira, con el nombre me ha pasado como me pasa con mis creaciones, que es a posteriori cuando me doy cuenta de por qué, en el fondo, en el fondo, hago las cosas. Roma es amor al revés, que es por lo que vivo y trabajo, por generar estados amorosos y de consciencia. Y sí, además es lo que tú decías: algo romo es algo amable, sin aristas. Aspiro a convertirme en eso, a ser cada vez más amable, algo más gustoso de compartir.

Vamos, que aspira a la perfección, que es esférica…
Necesitaba un traje nuevo, completo, a medida. Es que tengo mucha fe en el ser humano, quizá demasiada, no lo sé… Creo que somos la potencialidad sin límite, que es un poco la esencia del espectáculo que traigo a València: no hay formas que limiten al ser humano ni a la expresión del amor. Entonces, ¡vámonos! ¿Hasta dónde podemos llegar? Pues no lo sabemos, así que vamos a abrir las puertas de par en par.

Háblenos, pues, de ese espectáculo, The Lovers.
Pues yo diría que tiene como con tres capas. Por un lado, es un Nu Cabaret, que es cabaret de vanguardia. Una de sus premisas es el no-personaje. En escena está algo así como el álter ego del artista, de manera que lo que ve el público en The Lovers es, en realidad, mi alma. Hablo sobre mis amantes, sobre mis encuentros y desencuentros… Y me río muchísimo de mi torpeza en la vida.

¡Ah!, entonces apostaría a que juega con eso que se llama el efecto espejo.
Exacto. Yo me pongo a mí misma en evidencia, de manera que el público en ningún momento se siente herido, sino que, al revés, se relaja inmediatamente y empatiza conmigo.

Y todo dentro de un cabaret cabaret…
Claro. Lo aprovecho todo: el humor, y la música, y la ropa interior sexy, que también funciona muy bien…

¿Igual de bien con los hombres que con las mujeres?
Pues sí. Sí, porque, aunque estoy muy divina en el escenario…, bajo absolutamente a la tierra y me mezclo con el fango, muestro la hermandad. De esta manera, un hombre o una mujer no necesariamente tiene que sentir ganas de tener un encuentro sexual conmigo. Hay una parte superlúdica, divertida, que es puro entretenimiento, y eso ya es un regalito que la gente se lleva a casa. En otro nivel, está el darse cuenta de todo lo que hay detrás del espectáculo a nivel técnico, porque quiero decir que en The Lovers hay un trabajo técnico muy bestia. Y el último paso para el público sería abrir compuertas y conectar con el mensaje, subir cada uno a las historias que te están contando, y que seguramente tú también has vivido. Porque, al fin y al cabo, el mensaje final es que somos lo que somos gracias a lo que hemos vivido, de modo que no podemos renegar de nosotros mismos, ni de nuestros amantes, ni de quien nos ha puteado… ¡Pero si convives contigo, criatura!

¿La diversión también llega por el, digamos, lado gamberro del cabaret?
Sí, sí, sí. Desde pequeña, mi madre me ha dicho: ¡Qué gansa eres, nena! Lo que la gente ve en el escenario es a un pibón, porque ya me lo curro yo para ser un pibón, pero un pibón ganso ganso.

Ya, se curra lo de pibón. O sea, que de natural no…
Bueno, digamos que tenido suerte y tengo materia prima, sí, pero siempre hay que trabajársela. Esto es pico pala, pico pala, pico pala. Y, bueno, intento contarle a la gente que toda situación es susceptible de ser reída, que todo es mucho más leve de lo que parece en el momento en que sucede.El cabaret me permite contar eso de muchas maneras: cantando, bailando, haciendo mímica, improvisando entre la gente…

¿Y la música?
Casi toda la música es mía, pero hay algunas canciones que me parecían perfectas para esta historia. Por ejemplo, utilizo una canción de Paquita la del Barrio, Rata de dos patas, que aquí igual no es tan conocida, pero cuando la canto en México la gente hace la croqueta, la vuelta de campana… Se vuelven locos. Es una canción, para mí, de amor desgarrado, y se la dedica a un hombre. La letra no tiene desperdicio y me venía muy bien para hablar sobre una situación mía, particular.

¿Y la suya? Su música, digo.
Yo hago música desde hace mucho tiempo, pero me daba muchísimo pudor enseñarla, porque hay gente que hace música muy bien… Tengo formación musical, pero no tanta como teatral, y, bueno, me daba apuro. Hasta que por fin decidí subir algunas de mis canciones con este espectáculo y, bueno, es que la gente levantaba el teléfono para buscarlas con el Shazam (una aplicación que reconoce las canciones y letras cuando suenan). Tan es así que al final hasta he sacado el disco. Es muy gratificante, porque cuando tienes dudas y te la juegas como en este caso, y de repente funciona, no sabes lo bien que sienta.

Claro, eso ya le acerca a uno a la perfección esférica, pero por inflación…
(Ríe.) Roma Esférica… Tendré que cambiar el apellido. Bueno, no: sería redundante.

Y utiliza un pedal Loop…
Sí, verlo en directo es fascinante. Es como magia, porque ves como se construye una canción capa a capa. Y aquí no hay trampa ni cartón, te la estás jugando completamente. No tienes a nadie detrás, eres una mujer orquesta que estás haciendo todas las bases de una canción con tu voz. Hay que ser fina y grabar bien y a tiempo cada pista. Alguien que controle un loop sabe lo complicado que es.

Explíquenoslo un poco, si es tan amable.
Claro. Es un pedal parecido a los que se utilizan para las guitarras o los bajos, que se utiliza pisándolo. Pero este pedal lo que hace es grabar. Yo grabo una línea de bajo, y sobre ella sigues grabando, por ejemplo, una trompeta, y así sucesivamente… Todo con la voz. Si lo piensas, tiene que ver mucho con lo que estoy contando del espectáculo, que nos vamos construyendo a nosotros mismos capa a capa, experiencia sobre experiencia. La utilización del loop a nivel subconsciente me imagino que al público también le da esa pista. En cabaret no se utiliza nunca, porque el loop es muy complicado. Tienes que estar contando, es pura matemática. Si estás tocando, ya estás contando, pero si estás con un texto teatral, como es el caso, no hay medida matemática. Y si estás en cabaret, donde además de todo eso hay improvisación… Pero es que yo también lo utilizo para crear ambientación sonora. Y desde el texto: voy hablando y grabando. Hay que verlo. Mola mucho, es como magia.

Terminamos como usted quiera.
Pues diciendo que, además de todo, en The Lovers reparto tequila. ¡Ah!, y que el público que venga no me tenga miedo, por favor.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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