Adolfo Arrieta: “España es un país muy poco cinéfilo”

· 3 de abril, 2017

Fotografía: Cristina Tovar


Adolfo Arrieta nació en Madrid, en 1948. Director de culto y referente del underground, emigró a París siendo aún muy joven, porque allí se respiraba libertad y la pretigiosa revista de cine Cahiers du Cinéma elogiaba su trabajo. Ahora ha vuelto a la ficción con el film Bella durmiente.

Adolfo Arrieta es un cineasta de culto, referente del underground, del cine-poesía y la libertad creadora. Quizá por eso mismo, tampoco se puede negar la obviedad de que entre el gran público, especialmente el español (en Francia es otra cosa), este madrileño que se fue a París siendo muy jove, es un director bastante desconocido. Arrieta recuerda ahora que decidió irse porque «España (en pleno franquismo) era muy deprimente en aquel momento. Y me fui también porque la revista Cahiers du Cinéma escribió un artículo sobre mi primera película, El crimen de la pirindola (1965), que había hecho en 16 mm. Era muy elogioso y eso me motivó bastante, de manera que me fui a París y allí encontré un gran estímulo. Allí me encontré, por ejemplo, con Jean Marais, con el que hice una película (Le jouet criminel, 1969). Cine siempre marginal, siempre underground, aunque en Francia el underground era muy conocido, al revés que en España. Aquí no era yo el único que lo hacía, pero no había salas que lo distribuyeran, solo se podía ver en la filmoteca. Y empecé a hacer cine en Francia. En francés, claro, excepto las dos primeras películas, que las hice en Madrid, donde también montaba, porque era más barato.

Los climas político y cultural de Madrid y París en aquellos años no tenían nada que ver, evidentemente. Pero si tuviera que compararlos otra vez, ahora mismo, ¿qué diría?
En muchos sentidos, todo sigue igual. En España no hay salas que distribuyan películas que no sean muy comerciales. Hay muy poco interés, y además los medios no se ocupan del cine como arte, sino solo de su vertiente comercial. Tampoco hay dinero en España para producir películas si no está alguna televisión de por medio. No hay un Ministerio de Cultura que produzca películas como en Francia, donde se puede obtener financiación cada tres meses. En España es una vez al año y poquísimo dinero, con lo cual hay una industria muy pequeñita y muy poco cinéfila.

¿Por qué cree que sucede esto en España, pese a que ha gobernado la izquierda (supuesta defensora de la cultura) durante mucho tiempo?
Pues no lo sé. Yo creo que es una tradición de falta de interés por el cine. España es un país muy poco cinéfilo, al revés que Francia. Yo creo que España es más teatral que cinéfilo.

Habla de cine exclusivamente, no de cultura en general…
Pues no lo sé, pero, en general, creo que sí, que es una cuestión más referida al cine. Yo tengo muchos amigos pintores y escritores… El mundo de la cultura está mal en todas partes, pero sí, yo me refiero al cine nada más.

¿Por qué esa querencia suya por el underground y, en general, por todo lo que está fuera de los límites de lo convencional?
Es cuestión de libertad. Cuando hago una película, necesito sentirme libre. Yo no puedo hacer una película coaccionado por el dinero o por los productores. Entonces, cuando empecé a hacer películas me las producía yo mismo. En Francia dejé de hacerlo así porque era bastante ruinoso. Y me produjeron: la televisión, el Institut National de l’Audiovisuel (L’INA): Flammes y Grenouilles. En España conseguí dinero (poquísimo) cuando estaba en el Ministerio de Cultura Jorge Semprún, para hacer Merlín. Después descubrí el mundo digital, hasta que para esta última película, Bella durmiente, encontré una productora medio española, medio francesa, que se llama Paraïso Productions, y en Francia el Ministerio de Cultura y la región de Bretaña la financiaron. De manera que esta sí la financió una productora, pero he de decir que también la hice en plena libertad.

¿Por qué para este sonado regreso suyo a la ficción escoge el relato de La bella durmiente?
Porque de pequeño era uno de mis cuentos preferidos. Pero es que hace poco volví a leerlo y me fascinó completamente. Lo encuentro muy einsteiniano. Parece que lo haya escrito Einstein, porque transmite una idea del tiempo completamente moderna. Me refiero a la elasticidad del tiempo. Y leí una versión inglesa de Charles S. Evans, con ilustraciones de Arthur Rackham, que es más descriptiva que la de los hermanos Grimm y la de Perrault. Lo leí como un guion de cine.

En la película mezcla usted el pasado y el presente, pero retorciendo el tiempo todavía más que en el cuento clásico. ¿Por qué?
En el cuento clásico hay poca diferencia entre finales del siglo XVI y mediados del XVII. Lo único que cambia algo es la moda, pero no hay descubrimientos, avances tecnológicos… Sin embargo, entre los años 1900 y 2000 hay un cambio enorme, y eso me parecía mucho más interesante: que el príncipe sea un príncipe moderno que desobedece a su padre y cosas de este estilo.

Lo que no abandona usted de ningún modo en su cine, tampoco en esta película, es una tremenda mirada poética. Hasta el punto de que en Bella durmiente sigue siendo lo que sobresale, incluso muy por encima de ese factor de modernidad que usted incorpora a la historia.
Claro, porque ellos (los protagonistas) están acostumbrados al mundo de las hadas. El país de la bella durmiente es un país de hadas, y ellos están acostumbrados a sus prodigios, de manera que tampoco les sorprende tanto la tecnología. Una hada puede hacer prodigios mucho más sorprendentes de lo que pueda sorprendernos un avión a reacción.

Cine-poesía. ¿Lo considera usted un arte superior?
No superior, pero sí igual. El cine puede decir lo mismo que un poema, pero de otra manera. En la poesía se utiliza la imaginación, pero el cine se ve, se parece bastante al sueño. Es una forma de poesía, pero no superior.

El cine, pero también la imagen en general, porque es usted un gran aficionado a la pintura. ¿Por qué esa fascinación por imagen?
Es algo natural. Cuando era pequeño, estaba todo el rato dibujando y pintando. Y dibujaba hadas y ángeles. Sí, es algo natural, no puedo evitarlo.

¿Qué espera de su película?
Bueno, quiero dejar claro que Bella durmiente es, en primer lugar, una película para niños, y a los niños les encanta. Pero también es una película para lo que hay todavía de niño en cada uno de nosotros, los adultos. Es fascinante y tienen que dejarse llevar por la poesía.

Pues tampoco está ahora el horno para bollos…
Pues no, pero, al mismo tiempo, la poesía es la respuesta más contundente que se puede dar contra los horrores en los que estamos.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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