Emil Ben-Shimon: “En Israel hay todavía muchos prejuicios machistas”

· 20 de marzo, 2017

Fotografía: Urban


El director israelí Emil Ben-Shimon debuta en el largometraje con El balcón de las mujeres, una comedia en la que se enfrenta el problema del radicalismo religioso y sus consecuencias sobre la convivencia entre hombres y mujeres. Los acontecimientos se desatan en una sinagoga de Jerusalén a raíz del derrumbamiento del llamado balcón de las mujeres, la zona elevada donde estas asisten a los oficios religiosos que celebran los hombres en la planta principal. El balcón de las mujeres consiguió cinco nominaciones a los Premios Ophir.

Para su debut en el largometraje, ha elegido un asunto que, aunque tratado en clave de comedia, o, pensándolo mejor, quizá con más motivo por eso mismo, podría molestar a los sectores más intolerantes del judaísmo. ¿Por qué ha decicido hacerlo así?
Pensé que, después de que el público se ría y disfrute con la película, el mensaje entrará mejor en su corazón. De hecho, la película estimuló el debate en Israel y planteó preguntas sobre los sectores y los elementos extremistas en el judaísmo, y sobre el lugar de las mujeres en las ceremonias religiosas. Creo que la película también podría estimular el debate en lo que respecta a otras religiones en el mundo.

La guionista, Shlomit Nehama, ha dicho que, precisamente, escribió esta película al regresar al país y observar el creciente extremismo religioso. ¿Por qué cree que se está produciendo este fenómeno?
Shlomit Nehama llegó al barrio de Jerusalén en el que pasó su infancia y se quedó atónita al descubrir que había cambiado y se había radicalizado mucho desde un punto de vista religioso. Para obtener información, recorrí muchas veces este barrio de Jerusalén y vi un montón de publicidad contra los peligros de la tecnología. Creo que la radicalización religiosa es una respuesta al desarrollo tecnológico y a las ideas liberales que trae consigo.

Dadas las circunstancias de conflicto que existen históricamente en la zona, quizá mucha gente en este lado del mundo no lo tenga del todo claro. ¿En Israel, al menos desde el punto de vista artístico, tienen absoluta libertad para criticar las posiciones oficiales?
Israel es un país totalmente democrático y tenemos una libertad absoluta para criticar las posiciones oficiales. Como productor, nunca he sentido que tuviera que censurar mis pensamientos. Y nunca se me ha exigido que cambiase nada. Asimismo, entre mis colegas, productores de cine y televisión, nunca he oído que hayan tenido ningún problema a la hora de criticar las posiciones oficiales. Creo que, si la situación cambiase en algún momento, mis colegas productores y yo lucharíamos por la libertad de expresión.

Firma usted una película coral, en cuya historia se produce una clara división entre hombres y mujeres, que solo se rompe mediante muy concretas posiciones individuales y a costa de pagar un precio en las relaciones sociales. ¿Es este un reflejo fidedigno de lo que ocurre hoy en la sociedad de su país? ¿Hasta dónde llega el machismo en Israel?
Por suerte, tengo el privilegio de trabajar con algunos de los mejores actores de Israel, a los que les encantó la historia y el guion, sintieron la importancia de contar esta historia en particular, y pusieron todas sus energías en ello. La sociedad israelí es enormemente diversa. La concienciación del poder de las mujeres es cada vez mayor, y cada vez vemos a más mujeres en posiciones clave. Pero, como en todo el mundo, todavía tenemos un largo camino que recorrer para superar estos prejuicios.

Tal y como se reflejan las cosas en su película, ¿en que estadio de evolución cree que se encuentra el judaísmo en relación con el respeto a la mujer?
El judaísmo es dinámico y se mueve en función de los cambios que ocurren el mundo, pero no siempre consigue mantener el ritmo, especialmente, en lo que respecta a las mujeres. Espero que mi película haya contribuido y contribuya a aumentar la concienciación respecto de las mujeres y de su importancia en el tejido de la vida social y religiosa.

En general, ¿cómo cree que deben influir las confesiones religiosas en la vida de las sociedades democráticas de raíz occidental?
(Sin respuesta.)

Siendo el judaísmo una religión milenaria, ¿está lo suficientemente avanzada como para permitir el desarrollo de sociedades políticamente laicas coexistiendo con creencias religiosas firmes?
El judaísmo es, fundamentalmente, moderado. Por ello, era importante para mí mostrar que es posible creer en Dios y llevar un estilo de vida religioso sin llegar al extremismo. Y espero que los mensajes que se presentan en la película cobren más fuerza y contribuyan a ello.

En ese sentido, ¿cómo se podría articular la convivencia por la que usted apuesta teniendo presente al pueblo palestino?
(Sin respuesta.)

En El balcón de las mujeres no se toca en absoluto, ni siquiera tangencialmente, la problemática de la convivencia con los palestinos. ¿Por qué?
Ese asunto no tiene ninguna relevancia para esta historia en particular.

¿Está usted de acuerdo con la actual política de su Gobierno respecto del pueblo palestino? ¿Cómo cree que puede influir la presidencia de Donald Trump al respecto?
No soy muy activo políticamente, ni una persona especialmente política. Trato más con las personas. Creo que todos los habitantes de Israel quieren la paz, pero están en desacuerdo con la forma de lograrla. Creo en el diálogo y no en la beligerancia.

¿Cuál es la situación de la industria cinematográfica en su país?
En Israel se producen más de veinte películas al año. Los hermanos Moshe y Leon Edery, propietarios de cines, productores y distribuidores, han conseguido cambiar el enfoque. Los queridos hermanos Edery también son unos verdaderos amantes del cine y son responsables del gran auge del cine israelí. La vida en Israel produce muchas historias auténticas, y el cine israelí consigue contarlas con una gran calidad y llegar a espectadores de todo el mundo.

¿Cuáles son sus querencias cinéfilas. Las ha trasladado a su primera película?
Cuando estudiaba en la escuela de cine de Jerusalén, soñaba con hacer películas, pero acabé como productor en la televisión, donde trabajé muchísimo. El balcón de las mujeres es mi primera película para la gran pantalla. Y creo que he trasladado a esta mis querencias cinéfilas. Quería crear una sensación impresionista, y ser moderado con el movimiento de la cámara, con los colores, con la interpretación y con la música, a fin de transmitir el espíritu de la historia a favor de la moderación y contra el extremismo. He sido influido por el cine europeo, por directores como Fellini, Almodóvar y Kusturica, así como por el cine estadounidense y el cine del Lejano Oriente.

¿Cuáles fueron las mayores dificultades que tuvo que enfrentar para sacar adelante el proyecto?
No quería rodar en estudio, por lo que tuvimos que encontrar una sinagoga en la que pudiéramos rodar y destruir el balcón de las mujeres, y tuvimos dificultades a la hora de encontrar una donde nos permitiera hacerlo. Igualmente, para la escena en la que las mujeres caminan en grupo bajo la lluvia y llevan unos paraguas, los encargamos en Londres, porque quería que coincidieran con los colores de la película. Pero hubo un problema en la aduana. Temí que no llegaran a tiempo y que no pudiera hacer realidad la visión que tenía para esta escena, pero, afortunadamente, los paraguas llegaron el día anterior al rodaje de esa escena.

Damos por hecho que ya está trabajando en otra película.
Sí, estoy trabajando en otra película para el cine, que trata de las experiencias de mi vida.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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