Ricardo III: Ambición ciega

· 1 de marzo, 2017

Fotografía: Chicho


Texto: Amparo Barbeta

Medrar es vivir y vivir es ser el rey. Ricardo III es el compendio de la maldad. Un hombre que para conseguir y perpetuarse en el poder es capaz de urdir todo tipo de mentiras, venganzas, traiciones y asesinatos. Para él, todo vale. El montaje, adaptación de la obra The life and death of King Richard II,I de Shakespeare, se puede ver en el teatro Principal de València hasta el 5 de marzo.

La lucha de lo malo contra lo peor. Medrar. Vivir. Sobrevivir. Reinar. Ricardo III. Shakespeare. Conceptos y personajes que trascienden de su tiempo. Envidia, odio, ambición. Guiarse por el deseo y hacerlo con las armas más inmorales. Violento e implacable, el jorobado y deforme Ricardo, se siente y está por encima del bien y del mal. «He decidido ser malo» proclama el último rey inglés que murió en la guerra. La frase, ahora, la pronuncia Arturo Querejeta que es quien da vida a Ricardo III en la obra que dirige Eduardo Vasco. Sobre las tablas del Teatro Principal interpretará a un hombre sin conciencia; a un tirano que identifica el mal y lo desafía. A un gobernante terrible. «Ricardo III nos permite narrar una historia sobre el poder y la ambición ciega, sobre nuestra confianza y la falta de escrúpulos, sobre los fines y los medios; en definitiva, una historia que no está tan lejos de nosotros. La realidad que nos rodea contiene elementos suficientes para que asociemos esta historia truculenta a nuestras estructuras de poder y podamos sacar conclusiones sin necesidad de excesivas explicaciones o redundancias», explica Vasco, gran conocedor de la obra de William Shakespeare.

Producido por la compañía Noviembre Teatro y con versión de Yolanda Pallín, la obra estará en València hasta el 5 de marzo. Se trata de la quinta obra de Shakespeare que sube a escena esta compañía, tras Hamlet, Noche de Reyes, Otelo y El mercader de Venecia y en la quinta que participa Querejeta. «Dar vida a Ricardo III es una gran responsabilidad porque estar a la altura que marca Shakespeare no es fácil, pero no hay quinto malo aunque el personaje sea malísimo» bromea el actor. El personaje lo tiene tan conquistado como la obra de Shakespeare. «Los clásicos son clásicos porque responden a las grandes preguntas que se hace la humanidad una y otra vez. El poder, la muerte, el amor, el sentido de la vida… todo ello está en el alma de estos textos» apunta el actor. «Ricardo III decidió tirar por el camino torcido de la maldad y el desprecio a los demás. La obra nos hace preguntarnos por nuestra corresponsabilidad ante un mal gobierno en el poder. Votamos cada cuatro años y elegimos a nuestros representantes, pero hasta qué punto dejamos de ser vigilantes de sus acciones, hasta qué punto no somos también corresponsables de determinadas decisiones» comparte Querejeta tras confesar que «hay algo que huele» en Donald Trump a su personaje por lo «grotesco, esperpéntico y terrible» que se muestra el presidente de Estados Unidos. El actor riojano, protagonista de la obra, es el encargado de pronunciar sobre el escenario una de las frases más célebres de la historia del teatro: «¡Un caballo! ¡Mi Reino por un caballo!» (pronunciada por el Rey mientras lloraba solo y desconsolado tras ser derrotado en la batalla de Bosworth en un combate cuerpo a cuerpo con el conde Richmond, futuro Enrique VII de Inglaterra). Porque Ricardo III es la historia de un ascenso en tromba al poder y su caída y de las artimañas por conseguir la corona de Inglaterra.

«Ricardo III nos muestra un panorama moral desolado, arrasado y estéril. El personaje de Ricardo representa lo más abyecto de la producción shakespeariana. Es un superviviente y no hay nada más fascinante que asistir a la desesperación de la vida por hacerse camino y del hombre por medrar. Para Ricardo, medrar es vivir y vivir es ser Rey», justifica Yolanda Pallín que define al Rey como «la mano que mueve la máquina del vendaval». El montaje es una adaptación de The life and death of King Richard III, una de las cuatro obras que Shakespeare escribió sobre la historia de Inglaterra y en la que narra la llegada al poder de la casa Tudor y el declive de la familia York.

Representar todo lo más deleznable de la condición humana no es ningún problema para Querejeta: «Es un gran cínico, pero también un gran seductor. Sobre el escenario me dejo dominar por el personaje, pero lo olvido al salir del teatro. Ricardo se queda en el camerino», bromea. Allí, entre otras cosas, guarda la ropa creada por el modisto Lorenzo Caprile —quien empezó en el mundo teatral hace una década con Don Gil de las Calzas Verdes—; un vestuario que logra que esta versión del clásico Ricardo III parezca totalmente renovada. La sobria escenografía, donde las maletas y baúles acaparan todo el protagonismo, es obra de Carolina González. «Ofrecer los clásicos al espectador es una responsabilidad, pero también una cuestión de disfrute artístico. Shakespeare, igual que nuestros autores del Siglo de Oro, escriben teatro para contar historias a la gente sencilla, entretenerla, enriquecer su espíritu y producir una reflexión», apunta Vasco, que dirigió la Compañía Nacional de Teatro Clásico de 2004 a 2001. Y es que, ya lo dicen los actores para finalizar la obra —Arturo Querejeta, Charo Amador, Fernando Sendino, Isabel Rodes, Rafael Ortiz, Cristina Adúa, Antoni de Cos, Jose Luis Massó, José Vicente Ramos, Jorge Bedoya y Guillermo Serrano—: «El mundo está vuelto del revés. Tiene la cabeza donde deben estar los pies».

Amparo Barbeta

Redactora de URBAN


Te puede interesar...