Aaron Brookner: “El talento tiene que estar al servicio de la vida”

· 28 de febrero, 2017

William S. Burroughs, Allen Ginsberg, Patti Smith, Jim Jarmush, Tom Dicillo, Frank Zappa… Si a usted le dicen que todos estos artistas, y muchos más, salen en una película, ¿pensaría detenidamente sobre la posibilidad de ir a verla? Uncle Howard es una historia que entremezcla pasado y presente. El cineasta neoyorkino Howard Brookner murió de sida en 1989, mientras dirigía su primer éxito cinematográfico para Hollywood. Su obra, que retrató la revolución cultural de finales de los años setenta y principios de los ochenta, estuvo enterrada en el refugio subterráneo de William S. Burroughs en Nueva York (El Bunker) durante treinta años. Ahora, su sobrino Aaron Brookner desentierra el legado cinematográfico de Howard y el recuerdo de todo lo que fue.

Howard Brookner fue enterrado en su trigésimo quinto cumpleaños, en 1989. Era homosexual, graduado de la Liga Ivy, artista sin blanca, prometedora estrella de Hollywood, consumidor de heroína, viajero habitual, bohemio, amante del mundo de la noche, director de documentales de culto, amigo sincero y leal. Era muchas cosas para muchas personas. Para el director Aaron Brookner, fue un cariñoso e inspirador tío que falleció de sida cuando Aaron tenía solo siete años, justo cuando Howard comenzaba una alentadora carrera cinematográfica.

William S. Burroughs escribió: ‘La inmortalidad es la única meta por la que merece la pena luchar’, evocando el concepto egipcio de que la muerte no es el fin de la existencia humana, sino una transición necesaria hacia la inmortalidad, alcanzada cuando el espíritu de una persona puede liberarse de su tumba. La relación de Howard con el famoso escritor representó un paso hacia la libertad artística y personal.

“Veintitrés años después de su muerte, la obra y el recuerdo de Howard se están desvaneciendo. Sin embargo, Aaron encuentra las claves de las distintas caras de la historia de su tío en una tumba de nuestros tiempos, en el refugio subterráneo de Burroughs en la ciudad de Nueva York. En su interior, más de trescientas latas [de celuloide] permiten hacerse una idea de la vida personal y profesional de Howard, incluidas las escenas descartadas de su primera película (1983), Burroughs: The Movie, el primer film (y el más revelador) sobre el icónico novelista. Los vídeos personales de Howard documentando su enfermedad y sus sentimientos, fotografías, los ensayos en vídeo de su largometraje para Hollywood con Madonna, cartas enterradas y documentación extensa desde mediados de los ochenta hasta su fallecimiento. Todo esto se convirtió en la guía de Aaron para recomponer una existencia de tipo Rashomon y cumplir el deseo póstumo de su tío de no ser olvidado.

“Mediante conversaciones con familia y amigos cercanos, como Jim Jarmusch, Tom DiCillo, Sara Driver, Hisami Kuroiwa, Brad Gooch, James Grauerholz y Robert Wilson, se explora la revolución cultural de finales de los setenta y principios de los ochenta, una arruinada e inmunda ciudad de Nueva York, el estallido de la plaga del sida, sexo, drogas, política y la determinación artística de un cineasta cuya vida terminó antes de tiempo.
Con secuencias perdidas durante mucho tiempo y fotos de archivo de William Burroughs, Patti Smith, John Giorno, Allen Ginsberg, Brion Gysin, Paula Court, Terry Southern, Andy Warhol, Spike Lee, John Waters, Francis Bacon, Matt Dillon, Madonna, etc., Uncle Howard relata una vida turbulenta y misteriosa, la lucha y la muerte temprana de Howard Brookner”.

Tal cual reza la sinopsis que figura en las notas de presentación del interesantísimo documental Uncle Howard, que acaba de llegar a unas cuantas y privilegiadas salas de cine de España (ninguna de ellas, a la hora de redactar esta información, radicada en la muy cinéfila València), distribuido por Surtsey Films. No obstante lo cual, y dado el altísimo valor del trabajo de Aaron Brookner, la revista Urban, de Levante-EMV, ha estimado la conveniencia de ofrecer a sus lectores buena cuenta del mismo, apoyada, además, por una entrevista personal a su director, que viajó a España para presentar personalmente su película.

¿Señor Aaron Brookner, por qué decidió recuperar la vida y la obra de su tío Howard? ¿Lo hizo para usted o para la historia? ¿Qué significó él en su vida, teniendo en cuenta que murió cuando usted tenía solamente siete años?
Lo hice por Howard. Me parecía triste que su obra faltara, o no estuviera tan presente. Me pareceía triste que no fuera conocido, que su memoria no existiera. Él había escrito una carta a sus padres antes de fallecer, y en esas últimas palabras expresaba el consuelo que para él significaría el hecho de seguir vivo al menos en sus películas. Yo, veinte años después, empecé a mirar y me di cuenta de que, más allá de mí mismo o de algunos amigos, su obra no era conocida, y eso me entristecía mucho. Acababa yo de hacer mi primera película y me di cuenta de que él me había dado tanto… La verdad es que todo lo que yo había hecho tenía mucho que ver con la atención que él me había presetado cuando yo era un niño…

¿Cómo fue el proceso de recuperación de los materiales y, antes, la llegada a ese mausoleo en el refugio neoyorquino de Burroughs?
El proceso era el poder llegar a esos personajes clave que giraban alrededor de la película sobre Burroughs. Y James Raworth me habló del Bunker. Me dijo que Howard había guardado allí, en el año 1983, prácticamente todo lo que había rodado. y que allí seguía desde entonces, intacto, prácticamente tal y como él lo había dejado. No me lo podía creer, porque ahora aquello es completamente distinto a lo que fue. Hay grandes edificios de cristal, hay un museo de arte contemporáneo al otro lado de la calle… Igual había pasado miles de veces por delante del Bunker sin saber que estaba ahí, y, mira por dónde, ahí estaba, esperándome.

¿Desde el punto de vista personal, el hallazgo fue doloroso para usted, hasta qué punto?
Más que doloroso, fue asombroso, muy intenso. Después de treinta años, todo está exactamente igual. ¡Toda la obra de Howard esta ahí! Creo que en aquel momento pensé que Burroughs tenía ese concepto del universo pregrabado, y aquello me resultaba muy parecido. Estaba ocurriendo y yo formaba parte de ello, pero todo era mucho más grande…

¿Dónde se encontró con las mayores dificultades para llevar a cabo el trabajo de recuperación y cómo las solventó?
Había muchas dificultades. En primer lugar, encontrar todos esos elementos tan dispersos, repartidos por todas partes…, eso, en sí, ya era un trabajo enorme. La realidad es la siguiente: En la película todo parece muy bonito, pero en El Bunker es algo que tiene trescientas latas de película. Y eso está muy bien, por supuesto, ¿pero qué quiere decir?: Hay que visionar esas trescientas latas, hay que averiguar cómo está y qué cuenta el sonido, hay que sincronizarlo, hay que financiarlo, y luego hay que poder juntarlo todo y sacarle un sentido. Y eso sucede en el año 2013. ¡Pero es que eso son solo cinco años de esta historia! Hay muchísimo más trabajo que espera. Y después de hacer todo eso, llego a tener algo a partir de lo cual puedo hacer un montaje… Es una historia difícil de hilvanar, porque quiero contar con una narrativa que, a nivel emocional, enamore al público, es decir, que el público se enamore de Howard. Y quiero contar distintas cosas en distintos niveles: Howard, la película, la pandemia del sida y otros muchos temas relacionados con aquello. Todo con una consistencia narrativa y lleno de emoción.

Damos por hecho que, después de este ingente trabajo, conoce mucho más y mejor a su tío. ¿Qué le ha sorprendido de él que no supiera, si hay algo, para bien. O para mal?
Sí sé más de él, mucho más. Pues… Yo, cuando era niño, me enteré de que murió a los treinta y cuatro años, y que le enterramos el día de su treinta y cinco cumpleaños. A mí me parecía muy viejo entonces, y no era para tanto, era más bien poquita cosa. Ahora que yo, realmente, no he superado esa edad, pero sí los treinta, y he podido ver todo lo que ha hecho en tan poco tiempo, cosas realmente asombrosas, es para flipar. En cuanto a lo malo, no, no era nada malo. Ssimplemente, descubrí distintas facetas de Howard, y yo no soy quién para juzgarlo. Incluso, las cosas más sórdidas, porque sé que le daba a la droga de vez en cuando; pero, al mismo tiempo, tengo vídeos de él conmigo, perfectamente saludable.

¿Qué opina de la vida que llevó Howard Brookner, y de su época y su entorno? Al fin y al cabo, su película nos coloca ante el retrato de toda una muy influyente generación.
Eso está bien. Quería llegar a poder hablar de esa generación, pero dentro de un contexto un poquito más amplio.  Creo que yo, y otra muchísma gente como yo, encontramos inspiración en esa generación, en los artistas de aquella época. Lo mucho que trabajaron y empujaron en sus procesos artísticos, y cómo llevaban su vida de modo muy abierto y muy libre, algo digno de admiración. Y creo también que han sido injustamente castigados. Ellos y, con ellos, toda una socieadad ha sido injustamente castigada. Con todo, me parece que sería mucho peor que muriesen una segunda muerte, que sería que los olvidáramos. Al menos, ahora, así, los tenemos como ejemplo y referencia para ir hacia adelante, hacia el futuro.

En aquel tiempo se repetía con frecuencia algo parecido a esto: Haz lo que quieras, vive y deja un cadáver bonito.
Bueno, yo no creo que Howard pensara así. Howard, a los treinta y tres años, estaba perfectamente sano, rodeado de amigos, haciendo una película. El día de su trigésimo cuarto cumpleaños, está en silla de ruedas, ciego y muy enfermo. Y el día de su trigésimo quinto cumpleaños le están enterrando porque ha muerto. ¿Qué lección nos da esto? Nunca se sabe por qué derroteros te llevará la vida: Hay que vivir el presente, aprovechar lo que uno tiene, el talento, todo lo que esté a tu alcance para hacer todo lo que se pueda con la vida.

¿Cuál será el destino de todo lo recuperado? ¿Hay más trabajos en perspectiva?
Sí, hay mucho metraje; realmente, un trabajo asombroso. Estoy creando obras de arte con ello. Cosas muy bonitas, objetos utilizando cortes de negativo para instalaciones… Pero, sobre todo, estoy  pensando mucho sobre cuál es el lugar adecuado para albergar el archivo permanente de Howard, todo ese material… Por ejemplo, una conversación de cuarenta y cinco minujtos entre Burroughs y Francis Bacon… Hay conversaciones de ese tipo, y creo que es algo que vale la pena tener conservado y localizado en un sitio claro, para que la gente pueda aprovecharlo. Pero tengo que pensar cuál es el sitio idóneo.

¿A dónde habría llegado Howard Brookner en caso de haber tenido una larga vida? ¿Cómo imagina, en clave futura (actual), aquella cultura, aquella efervescencia y la obra de su tío?
Es muy difícil especular sobre eso. Porque el paisaje habría sido completamente distinto sin aquella pandemia, sin aquella culpabilizacion de toda esa gente. Pero también es razonable pensar que, si hubiera seguido, Howard quizá se habría decantado por trabajos como los de los hermanos Cohen, esa mezcla entre película independiente y cine de estudio…, ese tipo de artista. Sé que antes de morir estaba desarrollando un proyecto con David Bowie; algunos guiones que tenía…; Madonna quería que él dirigiera algo para ella… Creo que lo bonito de mi trabajo es que he podido captar esa energía. La película Burroughs… es realmente sobre esa generación Beat y cómo afectó a la propia generación de Howard.

¿Qué importancia le concede a la música?
La mayor importancia. Es lo más. Me encanta la música. Yo trabajé mucho desde el principio creando paisajes musicales. No quería crear una banda sonora de éxitos, sino que quería evocar una historia más completa y tuve la suerte de grabar con dos grandes músicos. Había que buscar licencias para veintiocho canciones y fue un reto importante.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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