María Luisa Merlo: «Lo que no me den de viva que no me lo den de muerta»

· 27 de febrero, 2017

Fotografía: Daniel García-Sala


María Luisa Merlo es historia viva, y muy viva, de la escena española. Una de las pocas divas que van quedando. A sus setenta y cinco años, edad que desvela con la mayor naturalidad, es una mujer activa e independiente. Y sin pelos en la lengua. En el camerino del Teatro Flumen (València) donde nos recibe, hay una pequeña estufa, suficiente como para que la actriz (y bailarina) se quede en manga corta. La Merlo ha venido a su València natal para representar una exitosa comedia de Alfonso Paso, Cosas de papá y mamá, sobre las dificultades que los hijos se empeñan en ponerles a los padres para vivir libremente y enamorarse de nuevo. La obra estará, está ya en el mencionado escenario de Flumen, hasta el próximo 5 de marzo, domingo. Con ella, con María Luisa Merlo, valenciana del barrio de Russafa, un reparto integrado por Juan Messeguer, Loreto Valverde, José Bustos y Alberto Delgado.

¿Y si, para empezar, le digo Marcianita, qué me contesta?

[Ríe]. Si me dices Marcianita, te digo Amparo Rivelles. La amo. Y lo digo en presente. Es muy curioso que, siendo la hermana de Carlos [Carlos Larrañaga], era más hermana mía que suya. Había un feminismo muy fuerte en esa familia…, con mi suegra, María Fernanda Ladrón de Guevara, y con Amparo Rivelles. Cuando él se metía conmigo, iban las dos a pegarle. Amparo Rivelles venía de México el día que me conoció. Yo estaba embarazada de Amparo [Amparo Larrañaga Merlo]. Y dijo: “¡Uy, pero esta chica no es de este planeta, es marciana! ¿Pero tú ves qué sentido del humor y qué alegría de vivir?» Ahí empezó lo de Marcianita, y con Marcianita me quedé para su círculo cercano. ¡Madre, yo la adoré. A ella y a mi suegra. Las quise con locura.

Cosas de papá y mamá. Una obra de Alfonso Paso, del año 1960. ¿Vale para hoy?

¡Hombre, está adaptada, claro! Pero además la obra es buena. Una genialidad de las que, cuando Alfonso acertaba, acertaba de pleno. Es como Mihura, un sentido del humor absurdo, y la gente de hoy en día con ese sentido del humor se mata. Por otro lado, la obra es un canto al amor entre gente mayor, cosa que también gusta mucho.

Pero la sociedad, en general, no acaba de superar ese rechazo, ¿verdad?

No se ha superado, no. Bueno, fuera de España sí.

¿Por qué en España no?

Pues porque aquí hemos vivido muchos años muy estrechamente, y eso nos pesa mucho todavía. Los de la generación de mis abuelos eran muy liberales. Como buenos valencianos, que es la gente más liberal de España y de parte del mundo.

Tierra de contrastes…

Es una tierra muy de contrastes. Por eso yo la amo profundamente, porque yo soy así [ríe]. Yo soy la mar de guasona, como los valencianos. Los andaluces son muy graciosos, pero los valencianos somos muy guasones. La retranca, que dicen, eso es una maravilla. Mi padre la tenía, y mi hijo Luis, que no ha nacido en Valencia, la tiene. Es genético.

La obra, Cosas de papá y mamá, está avalada por infinidad de representaciones con éxito.

Se ha representado siempre y en todas partes. Lo que pasa es que ahora ha habido que cambiarle muchas cosas, porque, lógicamente… ¿Tú sabes que yo la vi en el año 60? Yo no estaba ni casada con Carlos Larrañaga, porque me casé en el 61. La vi en el Infanta y dije: “Yo haré esa función de mayor”. Porque me entusiasmó. Pero, claro, hoy en día hay cosas que no pueden ser verdad, porque una mujer o un señor de sesenta y tantos años, como hacemos nosotros, no es lo mismo que ellos en el Infanta, que hacían gente de cuarenta y tantos. [Cosas de papá y mamá se estrenó el 8 de abril de 1960, en el Teatro Infanta Isabel, de Madrid, con dirección de Arturo Serrano e interpretada por Isabel Garcés, Manuel Dicenta, Julia Gutiérrez Caba, Fernando Nogueras, Ricardo Lucía, Ana María Ventura y Emilio Gutiérrez]. La obra está muy bien adaptada. Y luego tiene la gran ventaja de que pasa de la risa a la seriedad en poco rato. Los buenos autores siempre han hecho eso, han pasado de que la gente se esté muriendo de risa, al minuto se callen, y al minuto se vuelvan a morir otra vez de risa. Eso es lo que más me gusta de esta función. Y tutéame. A mí me gusta mucho que me tuteen, porque tengo setenta y cinco años, y si me tuteas, me estás quitando diez años, por lo menos [ríe].

Pues no los aparenta…

No, no los aparento, pero los tengo. Nací aquí, en el barrio de Russafa, en el año 41. Soy russafeña, nací en la calle Sueca, número 8, y estoy batejà en San Valero.

Y tu padre, en Torn de l’Hospital.

Sí, donde le han puesto una placa espléndida. Mi padre tiene otra calle en Alboraya, y ahora le acaban de poner otra, que no sé por qué no nos han invitado ni nos han dicho nada. Cosas que pasan.

¿Este ayuntamiento?

No sé, no me he preocupado mucho. ¿Sabes qué me pasa?, que prefiero que no me lo cuenten, para no llevarme un disgusto. Yo lloro mucho cuando a mi padre le ponen algo. Es más, yo les he escrito una carta a mis hijos diciéndoles que lo que no me den de viva que no me lo den de muerta.

¿Echa de menos un reconocimiento?

¿Yo? A mí me reconocen muchísimo. No echo de menos nada, me toca todo las narices. Yo no echo de menos nada. Soy una persona que, si me va bien, ¡qué alegría!; que no me va bien, ¡qué le vamos a hacer! No, yo no soy nada exigente con esas cosas. Porque además tengo al público. Lo tengo. Y como sé que lo tengo… La profesión… directores, todo eso, los modernos de ahora, que creen que la gente de teatro no sabemos hacer cine, a mí me la bufan mucho. ¡Me la bufan! Me parecen unos tontos que están perdiendo el trabajar con gente…

¿Y por qué cree que pueden pensar eso?

Y no solo eso. Porque yo además lo primero que hice fue cine. En Italia, además. En Roma.

¿Lo primero no fue en el Teatro de la Ópera?

Sí, pero como bailarina. Pero cuando pasé a ser actriz, inmediatamente me contrataron en Italia. Y cuando vine a casarme, tenía dos billetes: uno para irme a Hollywood y otro… Porque no había niñas bien, eran todo vampiresas. Y entonces me quiso llevar un señor… Me iba a ir, pero luego me pudo lo del matrimonio y vine a casarme. El matrimonio y el padre. A mí me pudieron los padres. Yo tenía verdadera locura por don Ismael Merlo, porque me ha parecido uno de los hombres más buenos y más maravillosos que he conocido.

Recuerdo perfectamente la voz de Ismael Merlo.

Fíjate, es que no hay quien la olvide. Soy yo y le escucho constantemente. Era una maravilla de actor, de persona y de padre. No se puede tener un mejor padre que el que he tenido yo. València, València, ¡esto es València!

¿Cómo es su personaje en Cosas de papá y mamá?

¿El personaje? Pues mira: ¿Tú conoces a María Luisa Merlo? Pues una que no tiene nada que ver con María Luisa Merlo. Nada. Ella es una mujer de los años sesenta, con todo aquello que tenían de cómo trajinaban a los hombres. Y bueno, pues yo…

¿Qué es eso de trajinar a los hombres?

Pues conseguir que hagan lo que una quiere, enamorarles… Queriéndoles, porque aquí le quiere de verdad, pero en su coqueteo… Yo no, yo no tengo nada que ver. Pero no me importa, a mí me gusta no tener nada que ver con los personajes, porque así los construyo y me divierto.

¿Por qué los hijos rechazan tanto la libertad de los padres?

A mí no me la rechazan. Ni yo he rechazado la de mis padres. Son los hijos de la clase medi… Pues por una educación muy equivocada que han tenido. La gente mayor tiene mucho derecho a vivir, a enamorarse y a hacer lo que les salga de las narices.

¿Tú serías capaz de enamorarte ahora otra vez?

¿Yo? ¡Mañana mismo! Y de un valenciano, más.

Pero admites que eres muy difícil para la convivencia.

Muy difícil. Soy muy rebelde, me gusta mucho estar sol Los maridos míos… Esto de que yo soy la víctima es mentira: ellos no han podido conmigo. No han podido. No es que fueran seres fáciles mis maridos, porque a mí me gusta el hombre difícil. ¡Qué le vamos a hacer, me divierte más! La lucha me divierte. Pero llega un momento ya, con la edad que tengo, que la convivencia… Pero no solo con los maridos, con todo el mundo.

¿Eres muy arisca?

No. Soy solitaria. Me gusta mucho leer, me gusta escuchar música, me gusta hablar por teléfono… Me gusta tener amigos. Y esto me lo tomo muy en serio, ¿eh? Los amigos para mí son algo importantísimo. Ahora, curiosamente, tengo amigos jóvenes, de veintipocos años. Pero es difícil convivir conmigo por eso, porque me gusta hacer en cada minuto lo que me da la gana a mí, no que me marquen nada. ¡Qué le vamos a hacer! Ahora ya tengo una edad en la que paso olímpicamente de todo y ya no pueden conmigo. Porque han intentado poder mucho conmigo, pero yo no lo he permitido.

¿Es así desde aquel momento tan difícil que tuvo hace unos años?

Sí, pasé una depresión horrorosa. Y salí de ella completamente a través de la psicología espiritual. ¡Pero salí de qué manera, vamos! Me subí al firmamento. Y no he vuelto a tener una depresión. Ni pienso, porque es una pérdida de tiempo. Yo doy meditaciones de forma gratuita, enseño a la gente a meditar todos los martes. Tengo un sitio en Madrid, que me presta un actor valenciano joven, además. Él me presta una sala, me la regala, y yo regalo mi trabajo enseñando a meditar.

¿En qué consiste la meditación?

¡Uy!, eso es muy difícil de explicar, mi vida. Si yo me pongo a explicártelo aquí, me tiro tres horas. No, no se puede explicar. Es sentir una serie de cosas, es dar… Sobre todo, es amor y es luz.

Y no es religión.

No es religión para nada.

Pero tú entraste en eso a través de una organizacion que se define a sí misma como una iglesia…

Se llamará iglesia porque es norteamericana y tendrán que llamarla así, pero mi maestro espiritual no cree para nada en las Iglesias. Sí en Dios y en Cristo. Y las enseñanzas de Cristo las seguimos, pero de una manera muy moderna. Nosotros no distinguimos por tendendencia sexual, por raza, por religión… Es psicología espiritual. A mí me salvó la vida. Me llevó un buen amigo mío, Juan Luis Galiardo, porque me vio mal. Son muy liberales, y también con el dinero. Te cobran por los libros que compras, lógicamente… Yo estoy muy contenta.

¿A estas alturas, qué te da del teatro?

Cada vez más cosas. Cada vez más cosas, porque me doy más cuenta del regalo que me está dando el público y del regalo que también yo estoy dando. Yo estoy haciendo feliz a una persona que no está pensando en sus problemas durante dos horas. Doy gracias por tener esta facilidad para hacerlo; pero ellos también me hacen a mí feliz con sus risas y sus aplausos.

En cierta ocasión dijiste que preferías la risa al aplauso.

Te lo voy a confesar: el aplauso me da vergüenza. Es que saludar me da mucha vergüenza.

¿Por timidez?

No, no soy nada tímida, pero el aplauso, que a todo mundo le encanta, a mí me da vergüenza. Esto lo sabe muy poca gente. Cada día lo llevo peor. Fíjate que saludar es bonito, pero a mí me da vergüenza. Es algo así como decir: “déme usted, prémieme usted…”.

Ya lleváis dos años por ahí con esta obra, Cosas de papá y mamá. ¿No estás saturada?

Nada, porque dentro de ti lo haces distinto todos los días. Siempre tienes que encontrar algo que te divierta a ti, y eso yo lo consigo todos los días. Yo siento al personaje en la silla del psiquiatra. Le pregunto, lo conozco, y cada día le encuentro una cosa diferente.

Difícil para la convivencia. ¿También difícil en el trabajo?

Nada. Soy muy disciplinada, porque tengo mentalidad de bailarina. Cuando yo entré en la compañía de los clásicos de Adolfo Marsillach [Compañía Nacional de Teatro Clásico], dijo: ¿Cómo es posible que una primerísima actriz sea tan disciplinada? Y el coreógrafo, que era norteamericano, dijo: “¿Es que vosotros no os habéis enterado de que esta chica no ha dejado de ser bailarina nunca?”. Soy tremendamente disciplinada. A mí la disciplina me parece oro. El talento, oropel, pero la disciplina es oro.

¿Qué tienes todavía en València?

¡Uy! Pues mira, de momento, cuando entro en València, me entra una emoción y se me sube toda la niñez a la garganta. Me queda de València mis primos hermanos, que son como hermanos, tanto los Merlo como los Colomina. Y me quedan recuerdos maravillosos. A veces voy por la calle y me pongo a llorar. Me fui con nueve años a estudiar a Madrid, pero venía todos los veranos tres meses. Yo dejé de venir cuando murieron mis abuelos, porque ya no podía cuidarme nadie. Aun con todo, venía…

¿Te cuidas mucho, eres una mujer coqueta?

Me cuido lo justo. No soy una histérica del cuidado, pero el ejercicio físico no he dejado de hacerlo nunca. Soy una inapetente absoluta, así que puedo comer…

¿Es verdad que comes de noche?

Sí. Es que soy sonámbula, así que me levanto a comer. Bueno, me levantaba, porque he tenido la suerte de que se me ha quitado. A mí se me quita todo con la espiritualidad.

Y tienes por ahí un par de libros.

Sí, el primero se titula Más allá del teatro y es una biografía, mi historia y la de mi familia. Es mi historia, mis caídas y el volverme a levantar, es todo. Ese es todo. Y luego, claro, tengo un libro en el que cuento mi historia espiritual, Cambiando la luz. Además, hay un cd en el que yo, con mi voz, que es bastante mona, voy diciendo lo que hay que hacer, cómo se hace, cómo te relajas…, con una música. Luego escribí otro sobre la meditación, pero ese no me gusta nada, mejor que no lo compren. Uno que tiene el este amarillo y no me gusta nada. Lo dicté y lo escribió un señor, pero no acertó con mi manera de hablar.

En Más allá del teatro fuiste una madre cruel, porque le pediste a tu hijo que escribiera el prólogo en hora y media.

[Ríe] Y lo escribió. Pero no fui una madre cruel. Nos entendemos tan bien que le dio la risa. Y lo pone en el libro. ¡Es que mi hijo escribe que te mueres! Si la mayoría de las adaptaciones de las obras que hacen mis hijos las hace Luis, lo que pasa es que se pone otro nombre porque no quieren que digan que lo queremos abarcar todo, ya sabes cómo es la gente de mala. La mafia Larrañaga-Merlo… Él se pone otro nombre, pero la mayoría están adaptadas por Luis Merlo, que es un escritor como la copa de un pino.

Pero desde esa biografía ya ha pasado mucho tiempo, habrá que hacer la segunda parte.

No, no hay que hacer nada, ya me cansé. No me interesa contar mi vida, porque es que iba a poner verde a demasiada gente, empezando por la gente que lleva el mundo y tal, empezando por Trump y eso. Yo no puedo escribir ya porque…, porque me echao muchos enemigos. Me he echao muchos enemigos por significarme mucho hacia la justicia. No hacia la izquierda o hacia la derecha, hacia la justicia. Me he significado tanto que he recibido muchas, pero que muchas venganzas.

¿Cómo ves a España, tú que la has recorrido de cabo a rabo?

Siempre me sorprende. Lo que pasa es que también es un poquito peculiar. La gente es un poquito peculiar. Por ejemplo, en València somos la gente más mezclada del mundo, porque nos ha dado igual acostarnos con un moro que… No había ningún problema. Somos la gente más impura, por eso somos tan estupendos. Pero España, en realidad… Tú te la recorres entera y es como sí recorrieras… La gente es distinta, muy distinta, muy diferente en toda España.

Hay quien dice incluso que no existe España.

Sí que existe, pero es que ha pasado por cosas muy duras.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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