Núria Espert: “Como Otelo, o como Antígona, Nawal también puede quedar”

· 10 de enero, 2017

Después de mucho tiempo sin actuar en València, Núria Espert regresa al Teatro Principal con Incendios, de Wajdi Mouawad. Una obra en la cumbre de la dramaturgia contemporánea mundial y con un personaje central a la altura de los creados por los grandes autores grecorromanos o el mismísimo William Shakespeare.

Amabilidad y elegancia. Donosura. Inteligencia racional y emocional. Belleza exterior e interior. Talento. Genio. Es Núria Espert. En València, parece mentira, llevamos años sin ella. Años sin gozar de sus enormes creaciones. Pero ahora vuelve. Regresa, además, con un texto que ella, voz autorizada como pocas, encumbra entre lo mejor de la dramaturgia contemporánea mundial. Y con un personaje que, afirma, está a la altura de las grandes creaciones grecorromanas, del mismísimo Shakespeare. Incendios, de Wajdi Mouawad, es la obra. Nawad el nombre de la doliente mujer que la primera actriz será en el Teatro Principal desde hoy, jueves, día 11, y el 21 de este mismo mes de mayo.

Incendios, «una de las grandes obras del teatro contemporáneo». Lo ha dicho usted, y si Núria Espert dice algo de tamaño calibre…
Sí, lo pienso sinceramente. Después de tantas cosas que han salido bien en la dramaturgia europea, irrumpe Wajdi Mouawad y cambia el panorama del teatro actual. Consigue en todas sus obras, pero sobre todo en esta, que yo creo que es la fundamental, poner la mirada sobre la humanidad sin dar una clase de historia, sino con una obra dramática de una fuerza, una violencia y una poesía extraordinarias. Mouawad crea personajes nuevos, diferentes, cosa muy difícil a estas alturas de la literatura. Personajes que transitan por este mundo horripilante que todavía vivimos y que, desgraciadamente, tardará mucho en ser cosa del pasado. Un mundo que padece esas guerras atroces que condenan a millones de seres a la desgracia y al infortunio.

Uno de esos nuevos y enormes personajes es el suyo en esta obra.
En Incendios, Mouawad ha creado un personaje central, como lo es esa muchacha que empieza con catorce años y termina con setenta, que va a vivir un viaje como quien atraviesa la humanidad entera. Porque Incendios es una historia de viajes en la que todo el mundo va en busca de algo, o de alguien al que al final, para su desgracia, encuentra.

Alguien ha situado a esos personajes en la estirpe de los de Sófocles. Fundamentales, por lo tanto, en la historia de la dramaturgia mundial; personajes, como un día dijo Josep Maria Flotats, que son el dolor de la humanidad.
Sí, eso es hermosísimo, y tiene toda la razón. También tiene toda la razón quien conecta a Mouawad con los grandes clásicos grecorromanos, e igual sería si, de pronto, Shakespeare apareciera por ahí. Como han quedado Otelo, o Antígona, o…, pienso que también puede quedar el personaje central de esta obra inmensa. Es dificilísimo, en la actualidad, atreverse con una tragedia. Los grandes dramaturgos la buscan porque la necesitan, pero casi siempre se quedan en el drama. La tragedia es difícil de tocar con la pluma actual. Exige estar sentado a la altura suficiente como para no rozar lo cotidiano. Pues bien, Mouawad habla de lo cotidiano, de lo que vemos en los telediarios, de lo que leemos en los periódicos, y en el mismo instante en que sucede y se sufre…, y es capaz de convertirlo en una gran tragedia. Y hablo de Incendios, porque a mí me parece que ni siquiera él lo consigue en el resto de sus obras.

Quizá ese logro se entienda gracias a una de sus frases, que explica la profundidad de sus personajes: «Somos edificios habitados por un inquilino del que no sabemos nada». ¿No está ahí la tragedia colectiva? Si no sabemos quiénes somos, ¿cómo entender al vecino?
Otra hermosura. Y sí, ciertamente, no tengo nada que añadir a lo que has dicho. Tal y como estamos ahora, porque yo creo que el hombre está empezando, casi en las grutas… No sabemos nada de nosotros mismos. Aunque eso no impide que el cerebro vaya abriéndose poco a poco… Leí en una pequeña novela de ciencia ficción una frase que decía: «En la era de las guerras…». O sea, que se refería al pasado, a algo ya completamente superado. No era una novela importante, pero esa frase me quedó. Creo realmente que estamos en la prehistoria todavía.

En una trayectoria excepcional como la suya, marcada por personajes como Yerma, Medea…, ¿en qué lugar sitúa a esta Nawal de Incendios?
En un sitio destacadísimo. Tengo una actuación breve, pero es de las más intensas de mi vida. Llevamos ya ciento y pico funciones, y la hago con el mismo temblor y el mismo temor que al principio. Las suyas no son palabras de esas que se dicen porque pueden ser impresionantes al ser leídas, es que son verdad. Tengo un momento en la obra, que dura seis o siete minutos todo lo más, que me provoca un temor extraordinario.

Se refiere al monólogo central…
Sí, el famoso monólogo. Me ha pedido un tipo de interpretación completamente diferente. Bueno, cada personaje exige una mirada diferente. En todo tipo de obra te sientas siempre en una silla diferente, pero es que en esta silla en la que estoy ahora no me había sentado nunca, y eso hace que siga haciendo esta gira con mucha pasión, ahora que ya, por el tiempo que ha pasado, debería empezar a estar cansada de ella.

¿Cómo es Nawal?
Es una mujer a la que parecería que ya no le quedaría nada, pero encuentra algo para seguir viva. Es testigo en un juicio internacional por crímenes contra la humanidad, y allí cuenta lo que han sido para ella esos crímenes. Al final, cuando parece que ya no le queda más que el suicidio o la desaparición, cuando reconoce que hemos fracasado en todo, entiende que quizá aún podamos salvar algo: la dignidad.

¿Cómo ha sido esa gran gira con Incendios?
Magnífica. Y muy dura. De todos modos, la llegada a València me anima. Me anima por lo desordenada que ha estado València últimamente. Hace mucho tiempo que no actúo ahí.

Desordenada. Un modo muy elegante de decirlo, a lo Núria Espert.
Sí Y me he fijado porque es un lugar donde yo he trabajado desde hace muchísimos años. València ha sido un lugar de acogida maravillosa año tras año, y se fueron creando entre la ciudad y nosotros unos lazos amorosos fuertísimos. Pero, de pronto, y en un primer momento no comprendes el porqué, esos lazos se rompen y empiezas a hacer espectáculos magníficos que no pasan por ahí. Eso ha producido un vacío en la ciudad y en mí, en mi trabajo. Por eso ahora estoy muy contenta. Espero que siga existiendo ese público, porque un público cuesta muchísimo crearlo, pero se destruye en dos o tres años solamente, y ese desorden de València ha sido muy largo. Será casi como volver a casa. Aunque a casa de verdad, a La Abadía, volveremos en junio. Estaremos en junio y julio, y luego seguiremos en septiembre y octubre. Y ya no hay localidades, o sea que nos sentimos como príncipes.

* Incendios, de Wajdi Mouwad. Dirección: Mario Gas. Producción: Ysarca. Coproducción: Teatro de la Abadía, en colaboración con Teatro del Invernadero. Reparto: Ramón Barea, Álex García, Carlota Olcina, Alberto Iglesias, Laia Marull, Germán Torres, Núria Espert, Lucía Barrado.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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