Silencio

· 15 de septiembre, 2016

Volumen 33:

«Él decía acordarse de ella cuando veía fuegos artificiales en el cielo, y ella de él cuando oía a un niño llorar en medio de la noche. ‘Es lo mismo, ¿te das cuenta?’, afirmaba Miguel con los ojos muy abiertos. Ella, desconcertada, asentía»

(La historia más triste, Javier García Sánchez)

Silencio es no verte. No escucharte, y todo lo demás, se puede aguantar. A veces no hacen falta las palabras. Hablan los ojos, dicen los labios sin despegarse, explican —con claridad meridiana— las manos, cuentan —tanto, tantísimo— los cuerpos. Que suena el silencio.

Igual que los niños enfadados juegan a quedarse mudos, así los enamorados juegan al cíclope, a quedarse tuertos, a quedarse estrábicos, a quedarse ciegos. Ciegos y mudos. A permanecer callados y mirarse tan junto que los ojos son uno y las lenguas, una sola, y la voz silenciosa una misma voz. Igual que los niños heridos abren la boca chillando sin emitir un solo gemido, así gritan los cuerpos rotos en las guerras. En cualquier guerra, las grandes y las pequeñas, las cotidianas también. Cantan sin cantar los brazos y las piernas al son de la música. Aunque nadie toque fuera. Traen leyendas echadas a la espalda los mimos. Y echan a volar historias y aventuras, mundos paralelos y universos enteros.

Hablan sin hablar los ojos. Dicen sin decir las bocas. Explican mudas las manos. Cuentan tanto los cuerpos. Pero silencio puro y duro, silencio insoportable, silencio sepulcral, absoluto… silencio es no verte.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


Te puede interesar...