La coleccionista

· 9 de junio, 2016

Volumen 19:

«¿Se pueden inventar verbos? Quiero decirte uno:
yo te cielo, así mis alas se extienden enormes
para amarte sin medida»

(Carta de Frida Kahlo a Diego Rivera)

Colecciono palabras. Así como otros atesoran sellos, o discos, o amantes, poder o riqueza, yo guardo palabras. No libros ni cartas, no, palabras sueltas. Palabras regaladas, robadas al vuelo, encontradas, incluso inventadas. Algunas escritas, otras grabadas en la memoria, unas pocas tatuadas —sin tinta— sobre la piel.

Las tengo por ahí. En cajones, en cajitas, en servilletas arrugadas, garabateadas en un espejo… Son palabras especiales para mí. No necesariamente bellas. También las hay feas, feas de verdad. Unas las conservo por lo que fueron, otras por lo que podrían ser. De algunas me gusta su sonoridad: alba, libélula, ojalá, nube, inmensidad. Entre mis favoritas figuran Marsella, luna, mago, barco, puerto, dedos y nombres. Procuro huir de las obvias, las trilladas, las manidas.

Era muy niña cuando logré la primera. Mi padre me preguntó qué quieres que te regale. Una palabra, contesté yo. Dijo gorrión. Y fue mía para siempre («es menuda como un soplo, tiene el pelo marrón y un canto entre tierno y triste»). Nunca lo supo, porque lo guardo para mí. Pero desde ese día tengo el superpoder. Mis palabras no significan lo que significan. Al recogerlas, o al soltarlas a volar alguna vez, juego con ellas, las retuerzo, les doy la vuelta. Significan lo que yo quiero que signifiquen. La última, obsequio de un poeta, es jaula. Y no venía sola. Traía detrás abierta. Jaula abierta. Para que mi gorrión vuele libre. Aunque sea lejos de mí.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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