El cortador de bambú

· 17 de marzo, 2016

Volumen 7:

«Casi de noche… la lluvia del bambú
empapa mi pelo»

(Haiku de Kotori)

Prisa. Siempre tengo prisa. Tarde. Siempre llego tarde. Corro y corro. Siempre. A veces no sé muy bien para llegar a dónde. O a qué. Pero corro. De tanto en tanto, me detengo. Me paro para notar que respiro. Me paro y observo.

El bambú es misterioso. Plantas una semilla, la riegas día tras día y no ves nada. Pasan siete años, siete. Y no ves nada. Al séptimo, brota. Y entonces sí, entonces trepa hasta el cielo fuerte, alto y veloz porque tiene sólidas raíces. El bambú es la paciencia, la perseverancia.

El cuento del cortador de bambú es una antiquísima leyenda japonesa. Un día, un anciano que ha visto frustrado su sueño de tener hijos encuentra en un tallo a una niña minúscula. Se la lleva a casa y la cría como una hija. Pero la brillante Kaguya no pertenece a este mundo. Es hija de la Luna. El cuento de la princesa Kaguya (Isao Takahata) es la última maravilla del Studio Ghibli. Del que también llega El recuerdo de Marnie, y su viaje mágico y el azul cielo… (Yonebayashi). Takahata, Miyazaki, Ghibli, son la paciencia, la perseverancia, el bambú, el tiempo detenido, la comunión con la naturaleza (Mononoke, esa heroína eco; el dios del río en Chihiro…), el poder de los elementos (el fuego, el viento), la artesanía en la era digital (Kaguya está hecha a pinceladas impresionistas de acuarela), el metraje largo, pausado… Música, belleza, calma.

Vuelvo a correr. Tarde, llego tarde. El conejo blanco, al menos, vivía en el País de las Maravillas.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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