Pisando Fuerte

· 3 de abril, 2018

Fotografía: Sonia Sabnani


Texto: Susana Golf

«Vacant hace referencia a lo que está vacío, disponible, dispuesto para ser usado. Available to be used. Vacante, libre, desocupado, por completar. Por cualquier persona y en cualquier momento. Del día o del año. Versatilidad y atemporalidad rompen en Vacant las barreras de edad, género y tiempo. Vamos a hacer del día a día el nuevo normcore, un normcore que celebra la normalidad de las pequeñas cosas». Así presenta la firma valenciana Savage su nueva colección de zapatillas. Un buen resumen del fenómeno cultural y sociológico de las zapas, la nueva forma de pisar en el mundo.

Gisele Bündchen, la top brasileña, apareció en la portada de Vogue Fr a finales de 2013 ‘vestida’ únicamente con unas Stan Smith. Las zapatillas blancas de Adidas ya estaban por aquel entonces[casi cincuenta años después de su creación] en los pies de medio planeta. Jon Wexler -responsable de marketing de la firma- explicaba en una reciente conferencia cómo se gesta un fenó-meno así: visión de futuro, estrategia de mercado, viralización de la mano de celebrities, influencers, instagramers y bloggers y un cuidado equilibrio entre democratización y elitismo. Pero las zapas van más allá. Hoy es difícil ver otra cosa en las calles de todas las capitales del mundo, en los front row de los desfiles de moda internacionales, en los escenarios, sobre las alfombras rojas. Muchos las consideran una nueva cultura. Marcan el paso de los millennials. Esta es su historia.

El calzado deportivo nace en el siglo XIX. De esa época son las ‘sandalias de croquet’ con suela de goma. Las primeras zapatillas tal como las entendemos datan de 1917 (hace poco se exhibieron en el Museo del Traje) y enseguida aparecieron las primeras All Star de Converse. Es en los ‘70, en Estados Unidos, en Nueva York, en las calles del Bronx, y de la mano del hip hop, el breakdance, el rap y las subculturas urbanas, cuando saltan de la cancha a la calle. Cuenta Bobbito García -gurú de las sneakers y autor del libro Where’d You Get Those? (¿Dónde has comprado esas zapatillas?)- en el documental Just for the kicks (Locos por las zapas, 2005) cómo estos chicos copian el calzado de sus ídolos del baloncesto, las llevan con las lengüetas por fuera y sin cordones (como -por otras razones- en las cárceles) y, por una cuestión de actitud, «van en el metro sin mirar a los ojos, mirando siempre hacia abajo, a los pies».

My Adidas/ Walk through concert doors/ And roam all over coliseum floors/ I stepped on stage, at Live Aid/ All the people gave an applause that paid/ And out of speakers I did speak/ I wore my sneakers but I’m not a sneak/ My Adidas cuts the sand of a foreign land/ With mic in hand I cold took command/ My Adidas and me both askin P/ We make a good team my Adidas and me/ We get around together, rhyme forever/ And we won’t be mad when worn in bad weather/ My Adidas… /My Adidas…/My Adidas.

En 1986 Run DMC graban la canción My Adidas e invitan a unos ejecutivos de la marca a su concierto en el Madison Square Garden. Allí el cantante, Russell Simmons, invita al público a alzar en el aire sus zapatillas y el Madison se vuelve un océano de Adidas. El resultado no se hizo esperar: la multinacional ofreció al grupo un contrato de un millón de dólares por usar de forma exclusiva su ropa. Fue la primera alianza del mercado deportivo con el rap y los primeros raperos patrocinados de la historia. Luego el ‘tándem’ calzado&famoso -como ya había ocurrido antes entre las empresas y los deportistas que daban nombre a las zapatillas- se sucedería.

 

EL DIA QUE LAS ‘ZAPAS’ SE VOLVIERON ALTA COSTURA

La moda no tardó en posar sus ojos sobre estos raperos a los que seguían (e imitaban) millones de jóvenes en todo el mundo. Ya en los primeros ochenta, Gucci hizo sus primeras sneakers de luxe y, como una década más tarde, a la influyente Miuccia Prada se le ocurrió que sus vestidos podrían casar bien con las PS0906 diseñadas en principio para los tripulantes del Luna Rossa en la Copa de América de Vela. En 2002 ocurre otra alianza definitiva: ahora es la firma deportiva la que busca a la moda: Adidas (de nuevo) se une a Yohji Yamamoto y nacen las míticas Y3.
Pero hay otra fecha anotada en el calendario. Enero de 2014. París. Gran Palais. Desfile de Chanel alta costura. Las sesenta y cinco modelos [incluida Cara Delevigne, de novia] llevaban zapatillas de deporte. «Hoy día, las mujeres se ponen este tipo de calzado a todas horas», explicaba Karl Lagerfeld. Pero estas zapatillas no eran para todas horas. Hechas a mano, en encaje, tweed, tul bordado y pieles exóticas -«parecen tartas de crema», bromeaba el kaiser- sus precios podían alcanzar hasta los 7.000 euros. No era la primera vez que las deportivas se aliaban con la pasarela. Las Stan Smith habían complementado los diseños de Céline y la propia Phoebe Philo, salido a saludar con ellas tras el desfile.

 

Hoy es, cómo no, Demna Gvsalia quien marca el paso. Lo hizo el año pasado convirtiendo en el must have de la temporada las ugly sneakers (zapatillas feas, según expresión acuñada por The Business of Fashion), las Triple S (para que se hagan una idea: esas deportivas horteras de colores chillones que tu padre, dispuesto a lanzarse a correr, se compraba en un híper). Lo último de Balenciaga es una nueva zapatilla-calcetín inspirada en los logos de una cadena alemana de supermercados. Amarillo pollo. Ya no hay diseñador de prestigio ni firma que se precie que no incluya deportivas en sus colecciones: de Jimmy Choo,

Christian Louboutin y Manolo Blahnik hasta Yves Saint Laurent, Carolina Herrera, Valentino, Giuseppe Zanotti, Dior… También los diseñadores españoles. Carlos Díez fue pionero al aliarse con Converse (él las llevaba usando desde niño). El valenciano Francis Montesinos puso su firma en las suelas de las Nicoboco en 2017. Hace un par de semanas se presentaban las sneakers slow fashion, slow life de Savage -Adrián Salvador y Lucas Zaragosí-. Y las celebs eligieron calzar zapatillas: la última -y jovencí- sima- it girl de las alfombras rojas Millie Bobby Brown las llevó con vestido de lentejuelas en los SAG Awards. Y las cadenas low cost llenaron sus estanterías. Y se extendieron por el mundo.

 

UN PLANETA EN ZAPATILLAS
Quédense con unos cuantos términos básicos -vienen en inglés. Por ejemplo, no digan zapatillas, ni deportivas, digan sneakers. Del verbo to sneak: moverse silenciosamente, escabullirse. Segundo: la irrupción del calzado deportivo en el streetwear y la industria de la moda se enmarca en un movimiento estético más amplio, el ahtelisure (fusión de athletic, atlético, y leisure, ocio). Una nueva manera de entender la estética casual y sport: las prendas para hacer deporte ya no son (solo) para hacer deporte. Sneakerhead: el coleccionista, el cazador de deportivas, las más originales, exclusivas y novedosas; no importa si hay que viajar a la otra punta del planeta o pagar un dineral. De acuerdo con el primer estudio de España sobre el uso del calzado, el 82 % de encuestados se confiesan más felices en zapatillas. Sociológicamente, esta tendencia de los últimos años -aquí se mantiene mientras en Estados Unidos y en las pasarelas internacionales del próximo invierno (excepto la masculina de París) empieza a dar los primeros síntomas de agotamiento- se corresponde con el espíritu de las nuevas generaciones: comodidad, lo experiencial por encima de lo material, la crisis de valores, la vida urbana, una nueva movilidad, la ruptura de las fronteras estacionales y de género y la relajación de normas y protocolos. Más el gusto por lo retro, que explicaría el regreso de los modelos clásicos de los ‘80 y los ‘90. Por la puerta grande.


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