La condesa de la Dolce vita

· 28 de marzo, 2018

Texto: Carles Gámez

Marina Cicogna Mozzoni Volpi di Musarata o simplemente Marina Cicogna (Roma, 1934). Aristócrata, condesa, figura de la jet set internacional, productora de cine y ahora modelo para la nueva campaña publicitaria de la firma Gucci Roman Rhapsody orquestada por el gurú de la casa, Alessandro Michele, con el fotógrafo británico Mick Rock. La presencia de la aristócrata italiana junto a otros rostros colabora en esa imagen ecléctica y heterodoxa que ha proyectado en la veterana marca el diseñador romano desde su llegada a la firma. Un universo, el de la moda, que no le es ajeno a Marina Cicogna, que cuenta entre sus amistades más íntimas, Valentino, Giorgio Armani o Calvin Klein entre la flor y nata de la moda internacional. A estos nombres de la moda y el diseño hay que añadir una larga lista, que incluye el más selecto y poderoso directorio de personajes, actores, políticos, directores de cine, cantantes, magnates, etc. que han desfilado a lo largo del siglo XX.

Nieta del conde Giuseppe Volpi di Mussarata, un personaje que colabora en el renacimiento de Venecia como nuevo centro de la alta sociedad y la llamada Café Society, el antecedente del club de las celebrities, en la década de los años veinte. Volpi será el impulsor del Festival de Venecia, el certamen cinematográfico que reúne a las estrellas de Hollywood y de Europa en el Lido veneciano. Una vida privilegiada entre Europa y América señala la adolescencia y la mayoría de edad de la joven aristócrata. Marina Cicogna se inicia como celebrante en ese mundo dorado donde la elegancia y el lujo buscan el equilibrio perfecto entre bailes fastuosos más propios de otros tiempos. Ligada por familia al mundo de la industria y distribución cinematográfica, se revela como una de las primeras mujeres productoras europeas, trabajando con directores italianos como Elio Petri, Pier Paolo Pasolini, Fran cesco Rosi, etc. La adaptación cinematográfica de una obra teatral de gran éxito en la Italia de finales de los años sesenta, Metti una sera a cena, una pieza con acento escandaloso, señala su relación con una joven actriz de origen brasileño, Florinda Bolkan, una unión que romperá más de un tabú en la Italia de los años setenta. «He vivido simplemente como quería vivir» señalará a propósito de sus inclinaciones sexuales. La relación se prolonga a lo largo de dos décadas entre rodajes y escenarios de la jet internacional. Se las puede ver escapando de la discoteca Studio 54 de Nueva York perseguidas por la polaroid de Andy Warhol o en compañía de Richard Burton y Elizabeth Taylor de vacaciones por la Riviera italiana.

Hoy a sus 84 años su figura sigue despertando el interés y cierta curiosidad no exenta de morbo- cuando aparece sobre la alfombra roja del Festival de Venecia o con motivo de la concesión de alguna entrevista donde siempre acaba saliendo aquella noche en que conquistó a un joven Alain Delon o sus relaciones más transgresoras. Unas entrevistas donde nunca se muerde la lengua a pesar de las críticas que pueda suscitar, como cuando se mostró en contra del matrimonio gay defendiendo esa libertad individual que ha mostrado a lo largo de su vida: «Estoy en contra del matrimonio en general. Hoy que todo está aceptado no entiendo la necesidad de casarse, salvo por razones de derechos hereditarios».

Desde hace veinte años comparte su vida con Benedetta, una joven que recuerda la belleza de Florinda Bolkan y a la que ha adoptado para preservar sus derechos hereditarios. A propósito de sus relaciones homosexuales esgrime esa independencia que ha señalado su biografía. «Para mí lo importante es vivir la vida con el máximo de libertad y a ser posible, con una cierta elegancia». Con cierta ironía señala sus años en aquella Dolce vita llevada al cine por Federico Fellini compartiendo travesías de placer junto al magnate de la Fiat, Giovanni Agnelli, la cantante Maria Callas, el naviero Onassis y JackieKennedy. «Eran unos tiempos en que nos divertíamos tratando de no aparecer en las revistas, ahora sucede lo contrario, la gente se divierte para aparecer en las revistas». Y a las pregunta sobre sus límites o autocensura responde con una rotunda declaración de principios: «Nunca me han gustado los vicios pequeños».


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