2017, año Dior

· 25 de marzo, 2017

Texto: Carles Gámez

Desde su aparición en 1947 Dior ha forjado un ideal femenino. Un cuento de hadas protagonizado por princesas y estrellas de Hollywood. Éste es su año. Se cumplen 70 años de la primera colección de la maison.

 

Todo comenzó una mañana del 12 de febrero de 1947 Christian Dior presentaba su primera colección. Los periódicos de Paris se encuentran en huelga, pero la presentación estalla como una bomba al otro lado del Atlántico. La directora del Harper’s Bazaar, Carmel Snow, señala la llegada de una nueva época para la moda: El triunfo del New Look, el nombre con el que es bautizada la epifánica colección de Christian Dior.
Con su aspecto de fraile bonachón, Christian Dior es saludado por la plana mayor de las editoras de moda como el hombre que ha hecho renacer la moda en medio de la austeridad obligada de la postguerra. Dior se erige en el emperador de los maestros de la tijera y los alfileres. Como señala el fotógrafo y notario del gusto del siglo XX, Cecil Beaton «ver una colección de modelos de Dior desfilando produce el mismo placer que un espectáculo romántico y lleno de vistosidad». Las creaciones que salen del atelier de la Avenida Montaigne de Paris a partir de ahora se reparten entre una clientela formada por princesas, socialites, aristócratas, estrellas de Hollywood, damas de la alta sociedad llegadas desde los cuatro puntos cardinales dispuestas a  rendir pleitesía al emperador Dior.
Esta larga y continuada historia de amor, entre la marca y el estamento femenino está contada en el libro Femmes en Dior. Portraits d’élégance de Laurence Benaim, autora, entre otros, de una de las obras de referencia sobre la figura de Yves Saint-Laurent. El libro se suma a la exposición que con el mismo título se ha podido ver a lo largo del verano al Museo Dior de Granville, espacio y santuario obligatorio para todos los estudiosos y acólitos del fundador de la marca.


Símbolo inmarchitable de elegancia y feminidad el nombre de Dior suma a su «escudo de armas», el de una modernidad sin aristas demasiado bruscas o chocantes -habrá que esperar a la llegada de John Galliano para que las normas se subviertan- que no ha dejado de suscitar efusivas adhesiones en estos casi setenta años de vida estilística. A pesar de la temprana desaparición de Christian Dior, la Maison y sus continuadores sabrán hacer de su legado, un patrimonio legendario siguiendo los pasos del fundador, la creación de una moda y de un estilo marcado por una belleza intemporal.


Las musas de Dior
En 1951 la Princesa Margarita de Inglaterra, hermana de la  futura y ya próxima reina Isabel II, aparece vestida con un majestuoso modelo de Dior para un retrato oficial realizado por Cecil Beaton, el fotógrafo de la realeza británica. La fotografía real da la vuelta al mundo y el nombre de Dior sella esa alianza de belleza y fascinación como ADN de la casa. Para su boda con el Sha de Persia la princesa Soraya elige un modelo de Dior -una predilección que repetirá su sucesora en el trono, Farah Diba- renovando los votos de las casas reales con Dior. La imagen de la joven emperatriz Soraya revela una década, los años cincuenta, donde la moda viste los nuevos cuentos de hadas del siglo XX.
El nombre de Dior ilumina y se asocia a algunas de las figuras más  carismáticas de la postguerra como la Duquesa Windsor, la americana Wallis Simpson que ha hecho temblar los cimientos de la monarquía británica. Décadas después, otra figura real y también marcada por la controversia, la Princesa Diana vuelve a poner la marca en el objetivo mediático. Más recientemente, la Princesa Charlene de Mónaco, siempre con el lastre -o estigma- de continuar la herencia dejada por Grace Kelly en el Principado, apuesta por un valor seguro como la marca Dior.
Otras damas reales aunque sin corona, prototipo de la nueva realeza laica y democrática del siglo XX, buscarán el auxilio de la marca a la hora de crear su identidad. Jackie Kennedy, en sus momentos de descanso de su modisto de cabecera, Oleg Cassini, se dejar seducir por las formas de la casa parisina. Medio siglo después, otra primera dama, Carla Bruni, como abanderada del Made in France, elige a la firma para sus presentaciones públicas fuera de Francia.
Inmortalizadas sobre el papel couché las musas o embajadoras de Dior colaboran en la construcción de ese mito que ha llegado hasta nuestros días como sinónimo de una elegancia sin fecha de caducidad.  De un glamur que cada temporada renace de nuevo. Mujeres que han sabido hacer de la marca su propio estilo. Como afirmación o transformación. Para su última sesión fotográfica para la revista Vogue, unos meses antes de su muerte, Marilyn Monroe queda inmortalizada con un traje negro de Dior. Las fotografías de Bert Stern codifican la imagen de una estrella alejada de los clichés más tópicos.
Mucho más voluptuosa es la imagen de la actriz Marlene Dietrich en la película Pánico en la escena donde el vestuario que le crea Dior -interpreta a una estrella de la revista musical- vuelve a hacer brillar a la estrella como en sus ya lejanos años de la Paramount y los extravagantes vestuarios de Travis Banton. Actrices como Elizabeth Taylor, Ingrid Bergman o Sophia Loren han continuado esa excelente asociación entre el cine y la marca.
Hoy el estilo de la Maison, con todo el aparato publicitario perfectamente engrasado, sigue apostando por esa sociedad de bienes compartidos entre la marca y las estrellas, del cine, la sociedad y la música pop. Como encarnación del chic parisino, la actriz Marion Cotillard frente a la figura de una Charlize Theron como modelo de ese eterno glamur.
Figuras como Jennifer Lawrence o una estrella de las características de Rihanna, señalan  al mismo tiempo, su continuidad y renovación.


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