Palomo Spain, ese oscuro objeto

· 17 de marzo, 2017

Fotografía: Jose Luis Abad


En un club exclusivo del Madrid pijo, señorial –y posmoderno– se presentó «Objeto sexual», la colección que llevó al  transgresor (¿?) –y finalista del premio LVMH– Palomo Spain a Nueva York. Con tocados del valenciano Betto García. Aquello fue, más que un desfile, una película. Con Almodóvar de testigo. Así fue la noche de la que todo el mundo habla.

Una antigua entrada de carruajes en el Madrid aristocrático y arriba, el deseo. Una noche de sábado ligeramente cálida, y bulliciosa, en lo más in de la capital y arriba, el deseo. Modernos y celebridades. Y, cómo no, Almodóvar. El mundo fuera y dentro, arriba, el deseo.
Entrar esa noche (del 18 de febrero) en el elitista, cuasi secreto, Club Matador (otra señal) fue como franquear la puerta de Tannhäuser, pasar al otro lado del espejo, soñar despierto, meterse dentro de la película. Porque aquello era una película. Un corto, si prefieren. Nada más llegar, primera escena: sobre la chimenea decimonónica -Novecento, Renacimiento- cuerpos filiformes, tan etéreos como carnales, chicos muy maquillados (eyeliner en los ojos, rostros níveos, cabellos wet) y una chica, una madonna, posando, mostrándose, (ad)mirándose, dejándose mirar. Frufrú de capas brocadas, máscaras venecianas (¿Eyes whide shut?), mangas campana, botas metalizadas. Segunda estancia, segunda escena: la habitación roja. Dúo de modelos, con el pecho ardiendo en flores. Deambular de dandis por los pasillos: raya diplomática, ojo de perdiz, pata de gallo, príncipe de Gales… volantes y escotes barco, espaldas al aire, tacones. Buscando. Patrones sartoriales junto a cortes al bies. Bailarines clásicos casi desnudos al ritmo del Dj. Show-boys, strippers, pole-dance. Nuevos románticos en sastres brilli brilli, levitas, gorgueras, hombreras, mangas jamón. Terciopelo y organza. Arlequines y pierrots. Faldas, pantalones, faldas pantalón. Encajes de Chantilly. Stravanganza. Lunares, plumíferos (boatiné) metalizados. Prints animales y grandes botones vintage (llegados desde el parisino Mercado de la Pulga). Redecillas, tocados de flores, sombreros napoleónicos. Efebos. Aires de la Movida (Almodóvar, que seguía por allí, rodando móvil en mano) en mix con pinturas del siglo XVI. Los chicos de la casa de citas: corsés, polainas, ligueros, medias de rejilla. Vestidos transparentes bordados con plumas. Ofreciéndose, encontrando. La habitación blanca. Entre puertas acristaladas y espejos, ángeles y vírgenes; pureza y éxtasis [tan a lo Lacroix, tan a lo Gaultier]. El pecado y la virtud. Blanco y rojo. El cielo y el infierno. La decadencia y la luz. El paraíso y el burdel. Alejandro Gómez Palomo con abrigo felino. Betto García con flores de los jardines de Henri Rosseau a la espalda. Chicas con capa española y sombrero cordobés. Modelos amateurs, modelos profesionales, modelos danzarines, modelos performers, modelos amigos… sin apearse un segundo de su acting [Un Why are you sad? susurrado al oído de una invitada] Del after al club de lectura británico. Bowie. Luci, Pepi, Bom. Orlandos, Farinellis. McNamara. Una mezcla (im)posible, excesiva, explosiva.


Un momento, ¿que quién es Palomo? Alejandro Gómez Palomo, veintipocos años, natural de Posadas (Córdoba), coleccionista de Barbies, con formación en el London College of Fashion. Cuatro colecciones en dos años. Invitado por la CFDA a presentar su último trabajo -éste-, «Objeto sexual», en New York Fashion Week Men’s, finalista al prestigioso premio LVMH Prize. Entre sus colaboradores, el valenciano Betto García. Igual de joven, formado también en Londres, la tierra de las cabezas tocadas, de los royals, de Ascott, ahora de vuelta, con taller (100 % artesano) en pleno Eixample de València.


Y esa fue más o menos la película. Algo más que moda. Más que provocación, que también. Más que chicos o chicas (Palomo rehúsa la etiqueta genderless [sin género] pero va por ahí: la nueva masculinidad, disociaciones entre tejidos, cortes y detalles femeninos/masculinos…) La diferencia. Y, claro, el deseo. La mirada. Los flashes. Los sueños. El objeto de deseo. George Bataille. Pasolini. Buñuel. La lucha interna. Hedonismo. Voyeurismo. Matador. El imperio de los sentidos. La ley del deseo, justo treinta años después. Almodóvar, al fin. La pulsión. La narrativa, el cine, la moda, el imaginario.
Si los deseos son ficciones, ¿fue real aquella noche en el Matador?

 

 

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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