David Summers: «Competimos contra nuestra propia leyenda»

· 22 de abril, 2016

Dieciséis álbumes, más de veinte millones de discos vendidos, ídolos de toda una generación y, como hace treinta años, «solo» les mueve el «divertirse» en el escenario.

Transmite energía, ilusión, felicidad y agradecimiento. Por él, aunque repite varias veces la edad que tiene, no pasan los años. «Sigo siendo el mismo», insiste con voz cálida. David Summers se prepara junto a Rafa Gutiérrez, Daniel Mezquita y Javier Molina para actuar en Valencia. En Les Arts, afirma, «tienes que tocar impecable porque cualquier fallo se nota muchísimo». Están ensayando un repertorio que, anuncia, «sorprenderá».
He desempolvado mi tocadiscos, he vuelto a escuchar algunos de sus discos y a cantar sus canciones y me siento feliz. ¿Son terapéuticos?

Lo intentamos. Siempre he entendido que la música debe ser un bálsamo, algo que alegre el corazón e ilumine el espíritu. Algo que ayude porque la vida es bastante jodida y si no fuera por cosas como la música todo sería mucho más difícil. Con Hombres G y con todas las canciones que he escrito en mi vida he pensado que lo importante era transmitir emociones y buen rollo. Si lo he conseguido es una maravilla.

Sus canciones, a toda una generación, le retrotrae a la juventud

Es que el tiempo pasa muy deprisa. ¡Si yo ya tengo 52 años!. Me siento honrado, halagado y feliz de saber que nuestras canciones han significado tanto para tanta gente. Son cosas que no se hacen con esa intención y mira cómo acaban. Haces una canción, luego otra y otra y pasan treinta años. Es como la vida. Ahora miro atrás y digo, ‘joder han pasado treinta años y hemos hecho casi tres mil conciertos, he ido a México más de ochenta veces’ y te das cuenta que, te lo has pasado tan bien tan bien, que ha pasado el tiempo sin darte cuenta. Ser la banda sonora de una generación es fantástico.

Y ahora, ¿cómo está de salud Hombres G?

Estupendamente. Hace tiempo que vivimos en nuestro mundo que es inexplicable porque nadie comprende como podemos seguir trabajando juntos, haciendo canciones y llevándonos bien. La gente flipa muchísimo. Hemos conseguido mantener la amistad, seguir ilusionados, pasárnoslo de puta madre en el escenario y que el público reciba esa energía. Es cojonudo. Se dice que de ilusión se vive y es verdad. A mi me sigue gustando muchísimo cantar. Ayer estuve ensayando con estos ‘pesados’ desde las once de la mañana hasta las ocho de tarde por el simple gusto de cantar. La música es una especie de droga que te atrapa y es para siempre.

Trabajar y divertirse es el binomio perfecto pero su público ha crecido y ahora es más exigente

Los que más nos exigimos somos nosotros mismos. Siempre intentamos ser un poquito mejores. Tenemos que competir contra nuestra propia leyenda. Muchas canciones antiguas siguen siendo importantísimas para la gente. Ahora estamos en otro momento musical y hacemos otro tipo de composiciones pero esas canciones nos van a acompañar toda la vida porque son nuestros clásicos y lo que el público nos pide.

Tras años de giras frenéticas, ¿saborean más cada concierto al tenerlos más espaciados?

No los tenemos tan espaciados pero es que antes era bestial, una locura. Recuerdo que en 1986 hicimos 28 conciertos en el mes de agosto. Ese año hicimos 150 conciertos y cuando paré me dio un ataque que hasta me afectó la cabeza. Tenía 22 años. Ahora lo pasamos bien y disfrutamos pero con otra perspectiva de la vida.

¿Qué ofrece ahora Hombres G?

Diversión máxima. La gente que viene a vernos viene a cantar, a llorar, a reírse muchísimo y a sudar como pollos. Te juro que me siento muy feliz en el escenario. Los sicólogos dicen que la mejor manera de ser feliz es hacer feliz a los demás y eso me ocurre en los conciertos. Ves caras con sonrisas y caras de felicidad y dices, ‘joder que maravilla’. Te sientes súper halagado porque ves que canciones súper sencillas a la gente le llenan tantísimo. Ni yo mismo, que soy quien ha escrito las canciones, lo entiendo.

La música de los ochenta parece que nunca pasa de moda.

Porque fue la última década acojonante de música. Se dio una explosión musical y cultural bárbara. Había pasta, era un buen momento y la gente quería divertirse. En los noventa, creo que ya se fue todo un poco a la mierda y si tuviera que destacar algo señalaría a Nirvana y poco más. En los dos mil, no te digo nada, porque es para echarse a llorar. Este momento es pésimo y lo que se hace es una puta mierda. El momento musical es patético. El que quiere escuchar buena música recurre a la nostalgia y a lo que le gustaba antes.

¿En qué cambian o cómo han evolucionado sus conciertos?

Nuestro público ahora es más templado. Los recintos condicionan mucho. Si vas a un teatro no te vas a poner a saltar y la gente se comporta de otra manera. Para Les Arts estamos preparando un repertorio especial y más adecuado al sitio. Creo que saldrá un concierto muy bonito.

¿Conoce Les Arts?

No, pero me han dicho que es espectacular. Estamos ensayando mucho para tocar de puta madre. En esos sitios tienes que tocar impecable porque cualquier fallo se nota muchísimo.

Complete. Enloquecía a las veinteañeras y a las cuarentañeras…

No sé. El problema es que algunas vienen a los conciertos con el marido y los niños (ríe). Te sorprenderías de las veinteañeras que tenemos ahora. Mi hija tiene dieciséis años y sus amigas son fans de los Hombres G. Es increíble. ¡Hay tantas cosas que se me escapan y me hacen reír!.

¿Ha cambiado mucho el fenómeno fan?

No, lo que pasa es que hace tiempo que no sale un artista que arrastre mucho público. Hay excepciones como Pablo Alborán pero.. Las fans lo que tienen es que son muy fieles. Ahora tenemos de todas las edades y el fanatismo, a veces, permanece.

Cuándo se les describe como «mítica banda», «leyenda» ¿no se ven muy mayores?

Son cosas que veo exageradas pero entiendo que, en este mundillo, se amplifiquen algunas cosas. En América se nos presentaba como los pioneros del rock en español porque cuando fuimos en el 85 nunca había ido un grupo de rock, allí sólo iba Rocío Dúrcal.

Han vendido más de 20 millones de discos. Unas cifras astronómicas e inalcanzables ahora.

Ahora no se vende porque lo han dejado morir. La tecnología se lo ha comido todo y no se ha podido en esta guerra. Lo raro es que alguien compre discos o cd’s. Los artistas estamos ya en un punto en el que nos dan igual las ventas. Antes sacabas un disco y mirabas con angustia a ver en qué puesto estabas y si había entrado en los cinco primeros, pero ahora da igual y lo que intentas es hacer un disco buenísimo y si lo compran bien y si no también. Estamos en un punto en el que no se puede hacer nada

Lo noto resignado.

Le pido a la gente que haga lo que yo. Escucho Spotify y oigo gratis el disco completo de un artista o grupo y si lo considero que es cojonudo, me voy a itunes y por nueve euros lo compro porque considero que merece la pena. Valoro el esfuerzo, las emociones, las letras, los arreglos y creo que debo pagar por ello, esa es mi convicción moral. Lo peor, a mi juicio, es el desprecio sicológico que consumir música gratis provoca. El hecho de que la música no valga y que se descargue gratis hace que instintivamente se cree un desprecio y una devaluación hacia los que hacemos música. Ahora los discos no duran nada. Se saca una canción, un poquito de promo y rápidamente se muere. Ahora todo es efímero. A mí me da pereza hacer discos porque es un esfuerzo enorme para nada. Sabes las ventas por tu target y tu tipo de público y ya está.

¿Con qué horizonte trabaja Hombres G?

Estoy componiendo, quería haber grabado este año pero los ‘nenes’ han querido hacer otra gira más. Tenemos intención de grabar a finales de año. Me apetece. Estoy con ganas de canciones nuevas.

Es que sigue cantando lo que escribió hace treinta años cuando “todo” ha cambiado.

Me ocurre una cosa acojonante. Las canciones han dejado de ser mías para ser de la gente. Cuando con 52 años canto una letra que escribí con 17-18 años para mí ya no tiene sentido. Imagina, hablo de ir a buscarte al colegio, al parque, de unos cuernos… (suspira). Ahora ya no hablo de mí, cuento una historia. Lo que escribo ahora es, obvio, diferente. Las cosas no se hacen premeditadamente. El cuerpo y el alma me pide otras cosas. Ahora me resultaría imposible hacer una canción como la de las chicas cocodrilo. Sigo a mi instinto y solo hago lo que me sale, ese es mi método de trabajo. Cojo la guitarra y me pongo a tocar y empiezan a salir melodías. No pienso lo que pensarán o si es moderno o no, si no lo que pensará la persona a la que va dirigida la canción.

Adelántenos qué sorpresita preparan para Valencia?

¿Sorpresita?, va, te cuento. Estamos recuperando canciones muy bonitas que hace veinte años que no tocábamos. Creo que nuestros fans lo van a agradecer muchísimo.

Amparo Barbeta

Redactora de URBAN


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