Coque Malla: «Todo viene de la música negra»

· 18 de marzo, 2016

Texto: EDUARDO GUILLOT

Tras dar su propia visión del repertorio de Rubén Blades (2012) y grabar un álbum acompañado por diversas voces femeninas (Mujeres, 2014), el artista madrileño apuesta por las cuerdas y los vientos para vestir las nuevas canciones de su repertorio, que presentará en directo en Valencia el próximo 1 de abril.

Aunque un título como «El último hombre en la tierra» podría remitir a la ciencia ficción, el nuevo disco de Coque Malla tiene los pies en el suelo. Las orquestaciones de aroma clásico destacan en un trabajo que sigue teniendo base rock, pero al mismo tiempo continúa abriendo el abanico de intereses del veterano músico madrileño.
Observando tus últimos movimientos discográficos, parece que haces siempre lo que te da la gana. ¿Te consideras un privilegiado?

Pues sí, porque la industria está en una situación difícil, no paro de ver gente a mi alrededor que no consigue grabar los discos como quiere. En el terreno de la creación es fundamental tomar consciencia de que existen opciones infinitas, y luego atreverse a ejercer esa libertad. Es un paso alucinante, y he sentido que lo he ido dando. Antes podías más o menos cumplir una serie de normas, escribir unos estribillos y tener asegurados tus cuarenta conciertos al año. Todo eso ha saltado por los aires y lo único que te queda es hacer lo que te da la gana, ser libre y disfrutar de ello. Es un camino sin retorno. Probar cosas distintas y no quedarse en el mismo sitio.
¿No está el artista atenazado por el miedo? ¿No se prefiere no arriesgar para no decepcionar al público?

A veces se produce ese miedo. Y es normal, no lo critico. Pero hubo un momento en que yo decidí hacer lo que quisiera. Estoy disfrutando y llegando a terrenos muy interesantes.

En tus últimos trabajos has revisitado a Rubén Blades y has grabado con vocalistas femeninas. ¿Este disco surge también de la necesidad de plantearte nuevos retos?

Eso está ahí, pero tampoco es algo consciente y programado. Uno va tocando la guitarra, poniéndose al piano, y van saliendo cosas. Y algo fundamental, que ha sido clave: ir ampliando el espectro musical. Yo estuve muchos años pensando que la música eran los Stones, Bowie, los Beatles, David Byrne, Mink DeVille… Treinta o cuarenta artistas que configuraban mi biblioteca. Llevaba mucho tiempo oyendo lo mismo. Y, de repente, un día, alguien me pasó un puñado de discos y me dijo: Escucha cosas nuevas. Y lo hice. Fue tan placentero descubrir gente diferente… A partir de ahí, no paré y empecé a devorar estilos y artistas. La música que hacemos es la música que escuchamos, procesada por nuestra personalidad.

¿Cómo se gesta el sonido de este disco? ¿Las canciones te piden los arreglos orquestales o tienes muy clara la idea previa de trabajar con cuerdas?

Hay varios factores, es un proceso. Primero, unas influencias que me acompañan desde que tengo uso de razón, como son Beatles, Bowie, Beach Boys, cosas de Simon & Garfunkel… Músicos pop que han hecho orquestaciones. Eso estaba ahí desde siempre. Pero hace unos años descubrí a Neil Hannon y The Divine Comedy, y me voló la cabeza. Me obsesioné con su obra y durante dos años prácticamente no escuché otra cosa. Creo que es quien ha unido lo orquestal con el pop con más grandeza, rigor y exquisitez. Por otro lado, el productor Suso Sáiz me dijo un día que la oferta musical actual le parecía muy aburrida porque carecía de movimiento armónico y suena monolítica. Se lo expliqué a mi hermano Miguel, que es el arreglista de disco, y lo entendió perfectamente.

Y luego hay que explicárselo a la compañía, porque hoy en día tampoco es habitual una producción así, basada en un sonido orgánico que requiere trabajar con músicos reales.

Hemos hecho encaje de bolillos. Tampoco me vitorearon y me ofrecieron ir a Abbey Road. Hubo que hacer números, pero no ha habido problema, porque todo el mundo estaba enamorado del proyecto, ha arrimado el hombro y ha tenido una predisposición estupenda.

En el disco también sigue presente tu interés por la música negra, que se remonta a Ronaldos. ¿Es difícil escapar de su influencia?

Claro. Aparte de lo que hemos hablado, están los genes musicales: El blues, los Stones, el soul, James Brown… Se nota en los arreglos de metal de Escúchame, que son muy souleros. La música negra es el origen. Stones y Beatles amaban a los negros. Todo viene de ahí. Y juntar eso con Europa y la música clásica es muy interesante. Tradiciones culturales diferentes que se unen en algún punto y empiezan a pasar cosas.

El tema El cambio interior muestra tu sensibilidad social. ¿Estamos en un momento en que el artista debe definirse a ese nivel?

Es una reacción. Pero esa canción no habla solo de los desahucios, sino del amor entre los protagonistas. Señala a la gente, a nosotros mismos, en el sentido de decir que si no cambiamos lo que está cerca de nosotros, lo que está en nuestra mano, no vamos a cambiar nada. No hay unos extraterrestres malvados que hayan venido de otro planeta y estén en unas catacumbas oscuras planeando maldades contra nosotros. Son personas. La canción dice que somos de quejarnos mucho, pero de actuar poco. Si actuamos, las cosas cambiarán. No solo se cambian votando diferente en las elecciones.

Estarás en Valencia el 1 de abril para presentar el disco en directo. ¿Cómo has planteado la gira?

No vamos a llevar cuerdas grabadas, pero sí determinados efectos con los que el teclista pueda crear cierta atmósfera. La idea era quitarnos desde el principio el complejo de las cuerdas y los vientos. Ya veremos si en el futuro preparo una gira con orquesta, destinada a teatros. Lo haré, seguro. Pero esta es una gira de rock, un show muy poderoso. Llevo unos años haciendo conciertos intimistas, así que me apetecía cambiar el chip. Nadie va a echar de menos las cuerdas.


Te puede interesar...