Medio siglo de la noche tras la que nada fue igual

· 5 de julio, 2018

Texto: R. PAGÉS

Se cumplen 50 años de la victoria de Julio Iglesias en el Festival de la Canción de Benidorm

«Lo que menos ha importado ha sido su voz, sino el modo como dice la canción». Corría el verano de 1968 cuando un joven y casi desconocido Julio Iglesias se alzó por sorpresa con la Sirenita de Oro ante cientos de espectadores que abarrotaban la plaza de toros de Benidorm. El título de su canción, «La vida sigue igual», hizo que, paradójicamente, a partir de aquella noche ya nada fuera lo mismo: ni para el propio intérprete ni para el pueblo que le escuchó cantar por primera vez. El próximo 17 de julio se cumplen 50 años de aquel triunfo en el Festival de la Canción de Benidorm y la ciudad que vio nacer como artista a uno de los cantantes españoles más reconocidos internacionalmente, todavía no tiene definido si celebrará de algún modo tal efeméride. Para algunas cosas, ciertamente, la vida sigue igual.

Ideado por Pedro Zaragoza, el alcalde de Benidorm que lo inventó casi todo, y el periodista Juan Carlos Villacorta, director del gabinete de prensa de la Secretaría General del Movimiento, el certamen musical celebró su primera edición en 1959, organizad0 por la Red de Emisoras del Movimiento (REM) desde el Manila Park de la ciudad. El concurso cogió fuelle rápidamente, hasta el punto de convertirse en el principal foco de atracción de artistas emergentes o ya consolidados, como el propio Julio Iglesias, el Dúo Dinámico, Bruno Lomas o Los Gritos; y de premiar canciones que se convirtieron en los grandes éxitos del momento: «Un telegrama», «Comunicando», «Amor amargo», «Soledad»…

Una victoria por sorpresa

Cuentan quienes vivieron aquellos días que Julio Iglesias llegó a Benidorm sin «padrinos» y que en ningún momento estuvo entre las quinielas de los favoritos. Su historia es conocida por la mayoría: tras sufrir un accidente de tráfico que dañó gravemente su columna, no tuvo otra que abandonar su sueño de ser portero de fútbol con el Real Madrid y probar suerte en otras lides. Durante su largo ingreso hospitalario, un enfermero le regaló una guitarra para que recuperara la movilidad de sus manos. Y allí acabó componiendo «La vida sigue igual».
En 1968, ya con Jaime Barceló como alcalde, el Festival de la Canción estaba totalmente consolidado. Al punto de que el Consistorio planeaba construir el Palacio de los Festivales, un proyecto que nunca se llegó a fraguar. La veteranía del concurso contrastaba con la falta de experiencia del propio Julio, que antes había actuado en público.
Pero eso no impidió que se ganara el favor del jurado. «A pesar de que el público tuvo en cuenta otras canciones, no recibió de mala forma el fallo que concedía las 100.000 pesetas de premio a ‘La vida sigue igual’’», relataba en su crónica en este periódico la periodista Pirula Arderius. Además, destacaba la imagen de Julio Iglesias, «un muchacho modesto, responde a un nuevo estilo completamente distinto al de nuevos cantantes» y, aunque reseñaba que había resultado «una figura muy curiosa», añade que cuando se conoció el veredicto, «el público se le entregó totalmente».

 

Benidorm por bandera

Aunque Julio Iglesias no es el único artista al que dio a luz el Festival de la Canción de Benidorm a lo largo de sus 39 ediciones, celebradas con mayor o menor éxito, sí ha sido, sin duda, el de mayor proyección artística de todos los tiempos. Además, el intérprete nunca ha olvidado que la ciudad turística fue la cuna de su carrera musical y la ha llevado por bandera en todos los escenarios en los que ha cantado.
A pesar de ello, el Ayuntamiento de Benidorm, que en su día le puso su nombre al auditorio principal del Parque de l’Aigüera, todavía no ha decidido si celebrará estas bodas de plata de alguna manera o dejará que esta fecha, como muchas otras, pase de largo para la historia local. «A nosotros nos gustaría que viniese aquí a dar un concierto, no lo voy a negar, pero sabemos que es complicado», reconoció el edil de Eventos, José Ramón González de Zárate. Pero ya lo dijo Julio: «Siempre hay por qué vivir, por qué luchar».


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