Nacho Vigalondo: «Las películas son más inteligentes que sus directores»

· 21 de julio, 2017

Fotografía: Germán Caballero


Así, por encima, el de Colossal se antoja un argumento inverosímil: chica que bebe demasiado y pierde novio y trabajo neoyorquino regresa fracasada y perdida a su pueblo; al otro lado del mundo, en Seúl, una suerte de Godzilla aparece siempre a la misma hora y siembra el caos y la destrucción. Pero lo de ‘jugar’ a dar verosimilitud a lo imposible, lo de desconcertar, lo de retorcer las fronteras de los géneros, es marca de la casa: ya lo hizo Nacho Vigalondo [Cabezón de la Sal, Cantabria, 1977] en Los cronocrímenes o Extraterrestre. Su obra fílmica, y sus opiniones, siempre son así: diferentes, a veces controvertidas, siempre personales, siempre originales.

En su primer corto [nominado a los Oscar 2004] la acción («el amor y la muerte») empezaba a las 7:35 de la mañana. En Colossal más o menos a la misma hora, un poco después. Igualmente temprano aparecía el monstruo de Bayona…

No me gusta repetir por fetichismo exactamente las mismas horas y cifras en las películas pero, como persona que tiendo a trasnochar incluso en contra de mi voluntad, creo en la legitimidad fantástica de esas horas del día. Y mi habitual sincronía con Bayona no deja de sorprenderme.

La película tiene muchas capas. ¿Quería hacer una reflexión sobre la monstruosidad interna de cada uno? ¿O la de la violencia machista?

No sé cuál es la reflexión. Creo en la inocencia del proceso creativo. Me acusan de subirme al carro del feminismo sin tener en cuenta que el guion es de 2012-2013. Es un error en el que cae incluso un cinéfilo experimentado. Una película fácilmente les remite a otra que se ha estrenado un mes antes en la cartelera. Le ocurrió a Amenábar cuando se dijo que Los otros reproducía el final de El sexto sentido. Pero antes de acusar de plagio debería tenerse en cuenta lo que se tarda en escribir una película y en lugar de eso celebrar que esta sociedad avance y vayamos todos hacia un sitio común. Cosa diferente es cuando los grandes estudios de Hollywood lanzan cinco películas de dibujos animados a la vez, pero estamos hablando de una escala chiquitina.

En su película se ve ese efecto mariposa amplificado por las nuevas tecnologías, obrar sin pensar en las consecuencias porque están lejos, al otro lado del mundo, todo sucede siempre en alguna pantalla.

A día de hoy, el que me enorgullece es el discurso sobre las dinámicas de internet que ya se trataba en Open Windows y también está presente en esta (película), aunque quizá de manera menos explícita como una herramienta que a una persona con falta de empatía le permite atacar a los demás. Hay gente que ve en ella la posibilidad de dominar, de hacer daño al otro. Y se debe a la confusión entre el mundo virtual y la realidad y a la falta de implicación. Actuar sin tener en cuenta las consecuencias. Yo (en las redes sociales) me he tenido que enfrentar a haters, trolls, etc. Una vez tuve un encuentro cara a cara con uno que me estaba atacando. Le dije que sabía que era él, le pregunté por qué me agredía y la respuesta fue la que dan siempre en estos casos: “es que no soy yo, es un personaje”. No, no es un personaje. Debo confesar que a mí me ha pasado, al evaluar mi comportamiento en internet, cuando discutes, que me sorprende, porque jamás he sido agresivo. Pero hay algo en el mecanismo, en la naturaleza de esa maquinaria, de la tecnología, que hace que cambie la percepción de nosotros mismos.

Los monstruos suelen ser metáforas, excusas de grandes dimensiones para abordar cuestiones de dimensión humana.

Creo firmemente, y no es una pose, yo creo que las películas son más inteligentes que sus directores. Tienen esa capacidad de describir su tiempo más grande que los que están detrás de ellas. La vida no hace más que confirmarme esta teoría. En el caso de Colossal, tengo que asumir con entereza que la película es mejor que yo. Todos los símbolos, las texturas, son inferiores al alcance de la película. Por ejemplo, en Estados Unidos se ha destacado mucho cómo capta el ambiente político que hay ahora, con ese duelo Hillary-Trump, la feminidad frente a la masculinidad. Pero estas cosas te ponen los pies en la tierra.

Un poco de ego no le viene mal al proceso creativo.

Ser director de cine a veces es peligroso. Es una herramienta creativa que permite proyectarse uno mismo, pero hay que saber también cuestionarse. No es lo mismo el ego que el egocentrismo. Cuando tienes una percepción de ti mismo, cuando te pones en el centro de la diana, para una mentalidad creativa es fantástico pero si hay también un cuestionamiento, no solo para aplaudirse.

Pues si los personajes de Colossal son su alter ego, sí que ha hecho un ejercicio de autocrítica.

Hay personajes muy chungos. Se pone en solfa cierta masculinidad y yo soy un tío. Ahora, ¿sería yo capaz de cometer las atrocidades que comete él? Probablemente no sería capaz.

La heroína es una mujer.

Mis amigas se sienten retratadas, bien retratadas. Y yo ¿qué les puedo decir?: Lo siento y gracias.

Ha podido rodar con un presupuesto mayor de lo que solía, ¿ha sido un lujo?

Yo quiero desmitificar también eso. Excepto algunas escenas que se rodaron en Seúl, el grueso, casi todo, se rodó en cinco semanas. No me quedó otro remedio. Cuentas con Anne Hathaway y Jason Sudeikis, sí, pero en tal fecha se tienen que ir, no tienes margen de maniobra. Este rodaje y el de Extraterrestre son mis rodajes favoritos. No he rodado como un nuevo rico.

El filme se ha producido fuera, ¿habría sido posible en España? ¿Es cierto que inicialmente Colossal era Santander?

Sí, habría sido distinto, con una escala diferente, con valores diferentes, pero sí. Iba a titularse Santander porque allí tenía lugar la primera secuencia.

El pueblo al que regresa su protagonista se llama Mainhead, el suyo Cabezón de la Sal. Vive en Madrid, trabaja en Estados Unidos. ¿Se sigue sintiendo un chico de pueblo?

Cuando me paran por la calle para preguntarme una dirección, digo que no sé porque no soy de Madrid y llevo desde 2001.

Dice Jim Jarmusch que «un director de cine que solo sabe de cine es un pésimo director», ¿está de acuerdo?

Jarmusch sabe latín. Si él lo dice, es verdad. Tiene razón. Yo creo que el 50 % de la inspiración tras una película debe ser tu vida y no las películas que has visto. Porque si es así se parecen demasiado. Y la máxima es la misma para los directores de cine de autor que para los de tiros. El 50% es la deriva de tu vida y las circunstancias de la vida de cada uno son un diamante que no tiene el de al lado, y eso es lo que permite que tu vida y lo que haces sea singular.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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