Adolfo Fernández: “Los individuos de a pie también nos hemos corrompido”

· 1 de mayo, 2017

Fotografía: Sergio Parra


En la orilla, la última novela de la muy elogiada trilogía sobre la corrupción escrita por el valenciano Rafael Chirbes (Tavernes de la Valldigna, 1949-2015), llega al Teatro Principal de València coadaptada (junto con Ángel Solo), dirigida e interpretada por Adolfo Fernández. La producción es de K. Producciones (País Vasco), Emilia Yagüe Producciones (Comunidad de Madrid), el Centro Dramático Nacional (Inaem) y, de la Comunitat Valenciana, La Pavana y la Diputació de València. Es el propio Adolfo Fernández (en la foto superior) quien aquí nos sumerge en una obra que supone un significativo paso en su carrera, y quien invita contundentemente al público a que acuda al teatro para disfrutar de este montaje sin contemplaciones: “Bienvenidos al abismo”.

 

UN FAN DE CHIRBES, HASTA EL PUNTO DE HABER PERDIDO LA OBJETIVIDAD
“Siempre he sido un apasionado de Rafael Chirbes. Cuando él era un autor más o menos conocido en Alemania, y aquí más bien poco. Porque, vamos, todos esos premios de la Crítica, el Francisco Umbral, el Nacional de narrativa… se los dieron hace bien poco. Yo lo conocía y seguía su obra, en parte también porque sentía una afinidad ideológica y vital con él, lo que me movía a ir siguiéndole novela tras novela. También, porque es un autor con un estilo absolutamente propio, con ese barroquismo literario y esa construcción de las metáforas que a mí tanto me agrada. Y es que a mí, como lector, me gusta que me lo pongan un poquito difícil, que me hagan volver atrás, a rebuscar la palabra para encontrarle el sentido. Y me gusta también cuando los autores no solo describen la realidad, sino que también la elevan. Cogen la sustancia de esa realidad, la analizan y la critican, por lo que, claro, al formar nosotros parte de ella, nos vemos involucrados, y eso es muy teatral. Pero además hay otro componente a la hora de adaptar su obra: la necesidad de poner encima de un escenario algo de lo que él está hablando, que es la corrupción, con una presencia muy determinante en esa trilogía: Los viejos amigos, Crematorio y En la orilla [todos los títulos están editados por Anagrama.]

¿POR QUÉ “EN LA ORILLA”?
“No quería hablar de la corrupción de los intelectuales que están en Los viejos amigos, o de los políticos y los empresarios que están en Crematorio. Yo quería hablar de nuestra corrupción, de la corrupción de los ciudadanos de a pie, para no caer en el buenismo o el maniqueísmo de los de abajo y los de arriba. Eso me lo permitía En la orilla. Pero, claro, lo que sí había era una enorme dificultad para convertir una novela tan larga en una obra de teatro de una hora y media. Aun así, tres años después, aquí estamos. La hemos puesto en pie. Y yo estoy agradecidísimo con Chirbes, porque la primera semana se vendieron todas las entradas de las cinco de representación en Madrid. Es una gloria.

MUCHAS HISTORIAS EN UNA
“Para adaptar esa novela tuve que leerla, sin exagerar, quince veces. Y he disfrutado cada una de esas quince veces. Han aparecido personajes sobre los que en otras ocasiones había sobrevolado de una manera supercial. ¡Madre mía, qué riqueza! ¡Qué spin off se puede hacer con la mujer de Álvaro; esa mujer que sale, desesperada, de su casa, buscando no sabe qué, pero sí una realidad completamente diferente. ¡Y qué otra novela se puede escribir con el hermano y la cuñada tal cual aparecen como alimañas a recoger los despojos del viejo…! Yo, desde luego, aconsejo a la gente que ha leído En la orilla que vuelva leerla otra vez.

TENGO IDEAS
“Yo tuve la suerte de estar con él, con Chirbes, una semana, en una masía de Menorca. Estábamos en un encuentro literario, en el que él era el maestro, y recuerdo que una vez se autodefinió diciendo: Yo soy un comunista al estilo cervantino. Claro, yo le pregunté qué quería decir con eso, y me explicó: Cuando había bellotas, se repartían y éramos felices. Yo hablaría de Chirbes como una de las personas más libres y más auténticas que he conocido. No solamente tenía una intelectualidad que nos desbordaba a todos, sino que, además, no era sectario. Entonces, cuando nosotros caíamos en esos buenismos, en esos maniqueísmos de buenos y malos, él hacía un quiebro y le daba la vuelta a la realidad. Recuerdo que por allí también había alguien de Podemos, y Chirbes decía: Cuidado con los movimientos que se sustentan exclusivamente en la rabia, porque eso es la nada. Siempre he comparado a Chirbes con Pasolini. Le llamaba Pier, y él se reía. ¿Por qué? Recuerdo que, en Mayo del 68, Pasolini se puso del lado de la policía, algo que chocó muchísimo. Porque decía: Cuidado con estos obreros y estos estudiantes, que un día nos gobernarán y nos darán por el culo. Y Rafael también era así. Te descolocaba absolutamente, y al descolocarte es cuando empezaban a surgir las grandes ideas, claro. Yo intento sentirme también así. Intento sentirme un individuo libre, con ciertas preocupaciones sociales seguramente compartidas con muchos, pero que yo tengo la posibilidad de subirlas a un escenario para eso, para compartirlas, para que nos veamos en ese espejo. Él tenía la herramienta de la literatura y yo tengo la del teatro, en este sentido me siento muy afín.

DEMASIADOS PIRÓMANOS
“Ha habido toxicidad. Los que ejercen la política, los que nos representan, son gente tóxica. Son gente muy maleducada, que ha tenido muy poco contacto con la realidad. Han profesionalizado su actividad política y, al profesionalizarla, la han arrastrado hacia sus propios intereses. Los individuos de a pie los hemos visto y los hemos convertido en nuestros modelos, de manera que también nos hemos corrompido. Son elementos tóxicos. Por eso la corrupción se ha expandido. ¿Por qué Chirbes es tan incómodo? Precisamente, porque habla de esto. Es costumbrismo puro, es Benito Pérez Galdós. Tú dices: ¡Qué cabrones los que nos han vendido las preferentes, estos de los bancos y tal. Y sí, pero no. Porque ahí también está el señor de la ventanilla que habla con el abuelo todos los días y, para salvar su trabajo, le coloca  las preferentes y le roba los ahorros de su vida. Ese señor es Fausto, ha vendido su alma al diablo. Y además se autojustifica pensando que, si no lo hace él, lo hará otro. Detrás que todos los que votan a Rajoy o a Trump hay un montón de ignorantes y desgraciados, pero también hay otro montón de gente que dice: ¡Joder, es que yo habría hecho lo mismo! La inmensa mayoría, tristemente, es gente que habría hecho lo mismo. ¡Fíjate qué miseria moral!, ¿no?

SACRIFICIOS HUMANOS…
“La adaptación se ha hecho, básicamente, sacrificando personajes e intentando que sus voces suenen a través de los que siguen presentes. Por poner un ejemplo rápido: Justino tiene muchas voces de Beltrán, que no aparece en la obra de teatro. Cuando yo hablaba con Chirbes en aquel curso que mencionaba antes, él decía: Yo no tengo sistema para escribir una novela, soy un antisistema. Lo mío es un exabrupto, un vómito, un acto inconsciente. Cuando acumulo vivencias y reflexiones, me siento y no sé por dónde voy a ir. Me voy por las ramas y así abarco más. Claro, hacer eso en teatro es imposible. ¿Qué hicimos entonces? Darle de troncalidad. Cogimos tres personajes e hicimos una fiesta con ellos. Uno es Esteban, quien se supone que les va a contar algo muy importante. Hacen la caza a primerísma hora de la mañana, pelan el pato en la despensa, lo comen… Luego, quedan para tomar las copas, coca, putas… lo que haga falta. Y a partir de ahí ya viene el desenlace final, que es la catarsis, cuando todo lo que se han ido guardando entre las tripas durante años, sale, y sale, y sale. Paralelamente, hay un Esteban que también es el narrador, y va entrando y saliendo, rompiendo la cuarta pared, y que tiene una conversación con el público: es la parte monologada. Él atrae sin decirlo, elegantemente, momentos de su vida: las historias con Leonor, la relación con Liliana, la traición al padre, el destino de los obreros de la carpintería (me fijo mucho en Ken Loach para construir esa escena), y así hemos hecho una obra que creemos que se entiende. Dejando claro, por supuesto, que siempre respetamos el espíritu de la novela de Chirbes.

EL PANTANO, UN PERSONAJE SINGULAR
“¿Que cómo se mete en un escenario un personaje como el pantano? ¡Joder, sí, ya lo verás! ¿Sabes lo primero que se me ocurrió cuando hablé con Emilio Valenzuela (escenografía y audiovisuales)? Digo: Mira, ¿costumbrismo, no? Pues a mi me parece que tenemos que hacer una pasarela. Y puede ser una de esas pasarelas de madera que hay en los marjales. Imagínate un fondo de marjal, en movimiento y tal, pero que esa pasarela se descomponga y se transforme en un mueble bar, que ese mueble bar tenga una tapa y se nos aparezcan los elementos de la despensa… Un mecano móvil, que ayuda a que los personajes circulen. Creo que el invento tiene interés, sobre todo, porque nos lleva a montones de lugares sugiriéndolos, no intentando jugar al realismo.

SOY YO Y ES ÉL
“Sí, a Pedrós lo hago yo. Es un personaje que sale en dos escenas. En una es cuando le dice a Esteban, que le lleva buscando todo el tiempo, que si quiere que le cuente su vida, su drama personal… Pero aquí Pedrós también es Rafael Chirbes. Lo hemos utilizado para analizar las cosas. En un momento dado, pregunta algo así: ¿En qué nos hemos convertido: ¿hemos querido ser como Felipe González, tener un buen Cohiba, un buen trasero brasileño en forma de manzana reineta… Hemos creído que el socialismo es riqueza, bienestar y pasta para todo el mundo? Son las metáforas de Chirbes, que reparte para todo el mundo. Si vas de pepero, dice: un Rolex gordo con muchos cronómetros y barómetros… Reparte para todo le mundo. Esa parte me encanta hacerla porque le veo a él, se la dedico a él todos los días. Y además miro al espectador para hacer esa reflexión chirbesiana, definida por el lugar donde él se coloca, es decir, en ningún lugar y en todos los lugares a la vez, de modo que no pueden ponerla la chapita de nada. Y ese es Pedrós.

NATURALISMO
“Como director, a los actores he querido llevarles al naturalismo, a la verdad. Quiero que el público interprete lo que pasa en el escenario como algo que ocurre realmente en ese momento. Por eso he buscado que los actores vivan la situación en cada instante, para que el espectador lo reciba todo, como ha dicho algún crítico, como una vomitona de realidades”.

*En la orilla. Teatro Principal de València, del 26 de mayo al 4 de junio de 2017.

  • Autor: RAFAEL CHIRBES
  • Adaptación: ÁNGEL SOLO y ADOLFO FERNÁNDEZ
  • Dirección: ADOLFO FERNÁNDEZ
  • Ayudante de dirección: ÁNGEL SOLO
  • Diseño de iluminación: PEDRO YAGÜE
  • Sonido y música original: MARIANO MARÍN
  • Escenografía y audiovisuales: EMILIO VALENZUELA
  • Vestuario: BLANCA AÑÓN
  • Productores ejecutivos: CRISTINA ELSO y JOSÉ ALBERTO FUENTES
  • Distribución: EMILIA YAGÜE PRODUCCIONES y TERESA DE JUAN
    REPARTO
  • Esteban: CÉSAR SARACHU
  • Justino: MARCIAL ÁLVAREZ
  • Francisco: RAFAEL CALATAYUD
  • Liliana: YOIMA VALDÉS
  • Leonor: SONIA ALMARCHA
  • Pedrós:  ADOLFO FERNÁNDEZ
  • Padre…
  • UNA COPRODUCCIÓN DE: K.PRODUCCIONES (PAÍS VASCO). LA PAVANA/DIPUTACIÓ DE VALÈNCIA (COMUNITAT VALENCIANA), EMILIA YAGÜE PRODUCCIONES (COMUNIDAD DE MADRID) Y CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL (INAEM).

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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