Flores

· 6 de julio, 2018

Volumen 127

«Yo ya era así antes de que tú llegaras,

caminaba por las mismas calles

y comía las mismas cosas.

Incluso antes de que llegaras

yo ya vivía enamorado de ti

y, a veces, no pocas, te extrañaba

como si supiera que me hacías falta»

(Todo lo que alguna vez, Edel Juárez)

 

Cuenta la leyenda que Xochiquétzal fue mordida en la vulva por un murciélago enviado por los dioses desde el inframundo. De su sangre y de su carne brotaron flores fragantes en la tierra. Esas flores eran nardos.

Los nardos son, desde aquello supongo, por culpa de los señores del inframundo, flores de maldición, magia y misterio. El olor de una diosa. De una diosa atacada. Frida inventaba verbos, pintaba flores sin descanso «para que así no se mueran» y se adornaba con ellas el cabello. Como una diosa antigua, como una diosa rota que vuelve el dolor belleza.

¿A qué hueles? Acercabas la cara sin llegar a rozarme. Deja un rastro, pactábamos en silencio. Una señal, una pista. Un mensaje. Que todo no se pierda. Olisqueábamos como animales. Y de repente un trazo, una nota apenas, o dos, invisibles, en el aire. Y ahí estaba. La historia de una diosa mordida por un murciélago, de las deidades del inframundo, la historia de siempre, la eterna, la nuestra. Y todo porque a mí me gusta oler a nardos.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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