Totoro

· 15 de junio, 2018

Volumen 124

«Ojalá alguna vez/

los humanos te merezcan»

(Carta a un perro, Marwan)

 

En casa hay un Totoro. Es por eso, pienso yo, que los animales saben que son bienvenidos. Totoro [Mi vecino Totoro, Hayao Miyazaki, 1988, treinta años ahora] no es exactamente un animal. Es un personaje de animación, una delirante, imposible y tierna mezcla de gato, conejo, oso, búho (con voz de ocarina) y mapache nipón. Es un ser mágico, un espíritu del bosque. Es, en realidad, tres totoros, uno grande, uno mediano y uno pequeño. El mío es de peluche. Pero es Totoro.

En casa, los animales son bienvenidos. Son casa. En el mundo hay dos clases de personas: las que miran a los ojos a los animales y las que no. Las segundas -dénlo por seguro- no comprenden el universo Ghibli, el estudio de cine prodigioso, el país de las maravillas japonés. El canto continuo de amor por la naturaleza, y todos los seres que la habitan, que destilan sus películas. No han esperado nunca el autobús bajo la lluvia ni prestado su paraguas a un gigantón que se cubre con una hoja, ni volado con el viento, ni dormido sobre su panza, ni hecho crecer para él árboles de la nada.

En el mundo hay dos clases de personas: los que quieren a los animales y los que no. Los que los defienden y los que no. Los que los dañan y los que no. Los que tienen totoros en casa y los que no.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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