El grito

· 1 de junio, 2018

«La rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos»

(Árbol de Diana, Alejandra Pizarnik)

«Y no puedo ya más; en cada gota

de mi sangre hay un grito y una nota»

(Nocturno, Alfonsina Storni)

 

 

Cuando nací, Violeta Parra acababa de pegarse un tiro. Supongo que fue su último grito. No sé cómo de fuerte, cuánto ni por quién berreé yo al venir al mundo. Unos años más tarde, la senda de Violeta la siguieron Alejandra Pizarnik o Anne Sexton. Como habían hecho antes Sylvia o Alfonsina, y tantas poetas suicidas. No sé por qué elegían la muerte, como esas flores que brotan en las vías. Bueno, sí lo sé, lo intuyo. Demasiada belleza en un mundo en ruinas. De lo que estoy segura es de que alzaron la voz. Gritaron. Chillaron (histéricas nos llaman). Y yo las escuché. Me encontraron ellas, me salieron al paso, un día que andaba nublada.

Tras el alarido del parto, enmudecí. Me quedé quieta. Fui una buena niña: Calladita estás más guapa. Me anularon, me dejé anular. Me humillaron, me dejé humillar. Ni una palabra más alta que otra. Déjalo correr. Adáptate, acéptalo. No te rebeles. Pero ya no. Ahora voy a gritar. A los cuatro vientos. Sola. Con todas. Por mí, por todas. Me quejaré si me hacen daño. Gemiré. Aullaré si tengo miedo. Rugiré de rabia. Daré nombres, fechas, detalles. Diré versos y verdades. No me callaré. No pondré la otra mejilla, devolveré los golpes. No perdonaré, ni olvidaré. Mi último grito, allá donde estés, te alcanzará, te atravesará…

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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