Un domingo

· 4 de mayo, 2018

Volumen 118
«Detrás de este triste espectáculo de palabras tiembla indeciblemente la esperanza de que me leas, de que no me haya muerto del todo en tu memoria»
(Papeles inesperados, Julio Cortázar)

 

Fue un domingo de primavera. Cogí el AVE en un impulso. El chico que se sentó a mi lado, pelo rizado revuelto, barba de tres días y unos aparatosos cascos en las orejas, no dejó de mirar su móvil y partirse de la risa. Yo correspondí a su saludo inicial y ya no hice, no pude, no quise hacer nada más que mirar por la ventanilla. El sol y las nubes se alternaban. Buscaba una señal. Me raían las entrañas dudas, temores y nervios. Me aliviaban unas gotas, pocas, de esperanza. Cuarenta millones de veces me pregunté qué estaba haciendo allí, si me había vuelto loca. Cuarenta millones de veces me respondí que nada y que sí.
Me puse un vestido nuevo. Siempre hago esas cosas. El vestido de. Llegué a mi destino: sus ojos. Hubo un pequeño retardo, como en una conexión vía satélite. Los nervios iban a menos y las gotas a más. Llenaban un vaso, o medio. Luego la espera. Espérame. Llovía. Era la señal. No la supe interpretar. Vi Con faldas y a lo loco, vi La ventana indiscreta. Espérame. No me desvestí, no me desmaquillé, no deshice la cama. Desperté así. Ni una llamada, ni una disculpa, ni una explicación. Subí al AVE. El asiento a mi lado iba vacío. No hice más que mirar por la ventanilla. Escribí whatsapps a nadie. Noté las manos mojadas. No eran lágrimas. Era yo diluida, licuada. De ese viaje jamás regresé.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


Te puede interesar...