Aire

· 13 de abril, 2018

Volumen 115
«Respirar de esta falta de ti/
Respirar de esta ausencia de mí/
Respirar para sentir mejor/
Respirar para aliviar el dolor/
Respirar para sentir que estoy viva/
Y puedo respirar sin ti.»
(Respirar, Bebe)

Entraba a veces donde estaba él. En silencio. Boqueando, como un pez fuera del agua. ¿Qué haces?, preguntaba extrañado al verme plantada allí en medio. Respirar, contestaba yo. Y él comprendía y asentía. Yo no hacía nada más, no decía nada más. Respiraba, aspiraba su mismo oxígeno, y me marchaba.
Respiro todo el tiempo, ya sé. Pero de tanto en tanto me falta el aire. De repente el cielo, la brisa, la lluvia, el viento y su aliento me están vedados. Se hace el vacío. Noto un ligero mareo. Se me seca la boca. Se me cierra la laringe, luego la tráquea y los pulmones, uno tras otro: clac clac. Apenas los siento, son dos globos pinchados. Y no queda otra que rajar, romper, desgarrar, perforar, desentrañarse, encontrar como sea una salida, salir afuera, volver al aire. Abrir las ventanas de par en par, y todas las puertas, y marcharse dejándolas abiertas. Correr sin mirar atrás. O saltar una a una las olas del mar. Conducir kilómetros y kilómetros. Detenerse un instante al final del camino a inspirar un aire propio, que no sea compartido. Una bocanada solo. Lo mínimo. Lo justo.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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