El baile

· 6 de abril, 2018

Volumen 114

«Enséñame a bailar, a mover mis manos

entre el algodón de las nubes

a estirar mis piernas atrapadas por tus piernas

a conducir una moto por la arena»

(Enséñame a bailar, Roberto Bolaño)

Ya no bailan. Y es una lástima. Daba gloria verles girar despacio despacio como una peonza o un tiovivo en esas vueltas del final que parecen la cámara lenta del cinexin. Las manos grandes de él en la cintura de ella. La cabeza de ella sepultada en el pecho de él.

Contemplar cómo en dos minutos cincuenta y cinco segundos volaban, saltaban charcos, nubes, combas, rayuelas y océanos y se ponían perdidos de arena en el jardín de infancia o compartían la primera moto y todas las demás veces. Y nada más, porque entonces se agotaban los acordes en Spotify y tenían que desandar el camino y regresar al salón. Poco a poco iban desanudando el abrazo y sonaba otra canción. El baile quedaba entonces colgado en algún sitio, lejos lejos en el tiempo. Y al volver a la noche cada cual hacía con él lo que mejor le parecía. Ella lo doblaba con cuidado y lo guardaba en una cajita lacada. Él, en un despiste, lo arrugaba en el fondo del bolsillo y seguramente un día, más adelante, lo tiraba a la papelera sin recordar qué era. Desde entonces ya no bailan. No juntos, al menos. Y es una lástima. Una verdadera lástima.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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