La fuga

· 29 de marzo, 2018

Volumen 113

«-¿Podría decirme qué camino debo tomar?

-Eso depende de a dónde quieras ir -respondió el Gato.

-No me importa demasiado a dónde… -dijo Alicia.

-Entonces tampoco importa en qué dirección vayas -contestó el Gato

-…siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia.

-Oh, te aseguro que llegarás a alguna parte -dijo el Gato-

si caminas lo suficiente»

(Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll)

 

 

Tengo seis, siete años a lo sumo. Llevo una falda corta, tableada, pinchada con un gran imperdible. Las zapatillas parecen las de un gigante, en comparación con mis piernas flacas. Como chupa-chups al revés. El lazo que las ata también es enorme. Los he hecho yo sola, doblando la espalda sobre mí misma igual que una saltimbanqui y colocando los dedos entre los cordones. Los calcetines son de perlé. No pegan. Ya. Llevaba zapatitos de charol, mis favoritos, pero me cambié. Las zapatillas son para gimnasia. Además, no me gustan nada. Lo que pasa es que voy a fugarme.

Pruebo a dar un pisotón y está blando. Así que piso otra vez. Camino. Cruzo mi calle, la calle siguiente, y otra y otra y todas las calles. Miro siempre hacia abajo. Anochece. Atravieso un camino y una carretera. Cantan las cigarras. No tengo miedo. Cuento mis pasos. Uno, dos. Recorro otro camino y otra carretera. Paso una calle, y otra y otra y todas las calles. Resoplo. Alzo la vista. Estoy en la puerta de casa. Me duelen los pies. Dichosas zapatillas o dichoso perlé. Saco de la mochila los zapatos y me los pongo. Llamo. Rin rin.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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