Villa Kunterbunt

· 9 de marzo, 2018

Volumen 110

«Quiero escribirte un cuento lleno de ventajas,

la primera ventaja es que cuando el cuento

llega al final no se acaba sino que se cae por un agujero

y el cuento reaparece a mitad del cuento,

esta es la segunda ventaja y la más grande,

que desde aquí se puede cambiar el rumbo,

si tú me dejas, si me das tiempo…»

(De la película Lucía y el sexo, Julio Medem)

 

A los nueve no me parecía, ni de lejos, a Pippi Langstrum. Yo no era pelirroja, no tenía pecas, no llevaba trenzas ni leotardos de color. Tampoco era fuerte, descarada y valiente. No sabía montar a caballo ni llevaba al hombro un pequeño mono. Yo era más bien una especie de Anika, la amiga de Pippi, buena niña, cobardica y enclenque, con el pelo cortado a lo casco, tímida y sosa. Pero no me gustaba nada Anika. Me fascinaba Pippi. No podía dejar de mirarla: su cabello color zanahoria, sus dientes grandes, sus piernas largas, sus ojos chisporroteantes. Pippi era todo lo que yo no. Todo lo que las chicas no.

Estaba equivocada. Yo sí era Pippi, siempre lo fui, y continúo siéndolo, allá donde esté ella ahora, como quiera que haya crecido. Me costó entender que, con lo floja que parezco, podría levantar a pulso a Pequeño Tío: lo he hecho muchas veces. Que tengo miedo, pero peleo como una fiera. Aunque soy callada, grito mi verdad a los cuatro vientos. Prefiero tierra firme y sin embargo surco los siete mares bajo bandera pirata. De capitana. Y, al fin, voy a mudarme a Villa Kunterbunt. Sola. Libre. Salvaje.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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