La máquina de coser

· 24 de noviembre, 2017

Volumen 95

«…me gritó por la ventana muerto de risa ajá Lorenza López cómo va esa máquina de coser que él me había regalado veinte años antes, y yo le contesté que ya rindió su alma a Dios, general, imagínese…»

(El otoño del patriarca, Gabriel García Márquez)

Crecí entre guisses, toiles, dedales y papel de manila. Mi casa infantil olía a magdalenas y sonaba a máquina de coser. Taca taca ta taca taca ta… Mi madre era una madre con el pecho permanentemente prendido en agujas y puntas de hilo de mil colores. Entonces cosían las mujeres. Los hombres no. Taca taca ta taca taca ta…

En el colegio aún hacíamos labores. Las niñas. Los niños no. Bordados, punto de cruz, puntillas como a punto de nieve. Esas cosas. No se me daba muy allá. Mi madre terminaba mis trabajos entre los taca taca tas de su máquina. No aprendí gran cosa. Lo justo para defenderme: Un botón, un dobladillo. No lo necesité. Mi generación, a diferencia de la de mi abuela, de la de mi madre, no tenía que taca taca ta, yo podía ser lo que quisiera ser, podía elegir.

Hoy tengo amigos, hombres, que cosen porque quieren coser. Los veo entre guisses, toiles, dedales y papel de manila. Con el pecho prendido en agujas y puntas de hilo de mil colores. Mi madre dejó de hacerlo. La Singer duerme en un rincón. Y sin embargo ahora que coser ya no es, no debe ser nunca más, jamás, cosa de mujeres, ahora que podemos, que debemos elegir, en mi idea remota del paraíso siempre hay agujas, hilos de colores, guisses, toiles, dedales, papel de manila… huele a magdalenas y suena de fondo una máquina de coser. Taca taca ta taca taca ta.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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