La radio

· 17 de noviembre, 2017

Volumen 94

«La radio fue desde entonces el centro de la casa

y yo la escuchaba como si hubiera allí

un nuevo hermano,

o un tío que te contara cuentos al mediodía

cuando todos ya se habían ido.»

(El territorio de la memoria, Juan Cruz)

Era muy de radio, mi padre. De radio, café y cigarrillos. Los últimos le costaron la vida. La primera se la daba. Siempre andaba pegado al transistor (así le llamaba él: transistor). Amanecía a su lado y se dormía igual. La radio y la oreja de mi padre, pegados indisoluble, literalmente, en una especie de simbiosis hombre-máquina. Por encima de su cabeza sobresalía la antenilla plateada y enhiesta: Mi primer marciano.

Escuchaba noticias, escuchaba los deportes, escuchaba flamenco y escuchaba a Serrat. Y solo porque protestábamos, por la noche accedía a regañadientes a irse a la cama con un auricular -solo uno, eso sí- mal incrustado. Siempre me pregunté quién se lo quitaba cuando se quedaba dormido ­(porque era de esa forma y ninguna otra de la que se quedaba dormido), si él mismo, en un instante de semivigilia, o mi madre, siempre pendiente. A mí me gustaba fantasear con que ellos, los de la radio, sabían que mi padre estaba ahí, del otro lado, y le acompañaban durante toda la noche, todas las noches. Y ahora, que está instalado en una noche oscura permanente, imagino, siguen haciéndolo, ellos que tienen ese poder de llegar más lejos y más alto. Ellos que siguen ligados -indisolublemente- a él por la antenita plateada.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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