Al revés

· 3 de noviembre, 2017

Volumen 92
«Le comenté:
-Me entusiasman tus ojos,
Y ella dijo:
-¿Te gustan solos o con rímel?
-Grandes,
respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas»
(Eso era amor, Ángel González)

A veces las cosas no empiezan como se supone que empiezan. En ocasiones van del revés. Y no tiene por qué ser malo. Hay quien se atreve. Un tal George M. Stratton, hace siglo y medio, decidió ver el mundo a la inversa. Lo hizo. Durante cuatro o cinco días. Se puso unas estrafalarias gafas de su invención y le dio a todo la vuelta. Lo de arriba, abajo. Lo de abajo, arriba. La izquierda, a la derecha. La derecha, a la izquierda. Y así todo. Al principio sintió mareo, zozobra y caos. Seguramente, temor. Pero cuando se quitó las lentes de inversión, era el mundo real, su mundo, el que le parecía raro, ajeno.
A veces hay que hacer las cosas al revés. Pequeñas cosas. Empezar por el final, o por la mitad, por donde sea, pero no por el principio. Voltear las costumbres, y las creencias, y las certezas. Atreverse. Ponerse los cristales de inversión y mirar. Es poco, nada, pero esta carta, por ejemplo, empezó al contrario. La cita, tan hermosa, con toda la magia del envés, fue antes. Entonces puso el mundo boca abajo y lo de un lado en el otro, como siempre hace, y lo demás ya vino solo: el mareo, la zozobra y el caos. Y las gafas.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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