Farolillos naranja

· 27 de octubre, 2017

Volumen 91

«Y hay un niño/

que pierden todos los poetas»

(Poema de la Feria, Federico García Lorca)

Me acuerdo de las calabacitas. Alineadas sobre una mesa. Mi tío les vaciaba la pulpa, una a una. Luego con la punta afilada de un cuchillo grababa dibujos en la cáscara. Después ponía dentro una vela. Los niños no sabíamos de la muerte. Los mayores se ocupaban de eso. Pero de noche salíamos a la calle en hileras de farolillos naranja.

Con el paso de los años olvidé las calabazas… Crecí, supe de la muerte y de la vida, fui madre, y mi hija me devolvió a aquellas noches. Entonces no eran calabacitas, era truco o trato y gorros de bruja. Pero niños ilusionados también. Niños que, por una vez, recorrían las calles en plena noche. Poníamos calabazas, eso sí, porque los recuerdos son los recuerdos, en la puerta y comprábamos caramelos. Luna era feliz con tanto ir y venir y trataba de comerse las golosinas que caían al suelo.

Ahora ella ya no está y mi hija se marcha a alguna fiesta. Yo, que sé todavía más de la muerte y de la vida, sigo poniendo una calabaza en la puerta. No se parece a las de mi tío. Es una de esas grandes, aplanadas, perfectas y redondas, como las de las películas de Hollywood. Sigo comprando caramelos. Montañas. Solo que a menudo llego tan tarde a casa que no quedan niños por las calles y solo alcanzo a escuchar algunas risas, a lo lejos. No te preocupes, me dice mi hija, yo me llevaré los caramelos. Y el año que viene no compres tantos. Pero ambas sabemos que lo haré. Y también la calabaza. Puede que un día me decida a vaciarle la pulpa. Y le grabe dibujos. Y ponga una vela dentro…

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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