El ático

· 29 de septiembre, 2017

Volumen 87:

«No es como en el recuerdo,

donde todos los perfumes son imperecederos.»

(El perfume, Patrick Süskind)

 

Dicen que el miedo huele. Como huelen todas las cosas que no huelen: la lluvia, el amor, la soledad, el frío, los abrazos, la vergüenza, el sexo, el rocío, las amapolas y el pasado. El Mal se olisquea de lejos igual que huele a madre, a recién amada, a cama deshecha, a derrota o a último beso. Huele a lunes, o a viernes, o a sábado, del mismo modo que flota en el aire un aroma de abril o septiembre.

También puede oler añil, o verde o rosa. El infierno debería entonces oler rojo y el cielo, azul. Dicen que al infierno se desciende. El cielo, supongo, estará arriba, en lo alto. Hay quien imagina escaleras, montañas, nubes, simas profundas. Pero podría ser cualquier edificio, el primer patio abierto a la calle, un ático… Podría serlo. El cielo. O el infierno, no sé. Prender allí en llamas. Oler a polvo, y a hierba recién cortada, y a mar. Una fragancia ácida y dulce, como limón y cola, madera y tabaco. Azul y roja al tiempo. De ganas y miedo. De olores antiguos. Un lugar donde el tiempo no mueve ni huele, está suspendido. El purgatorio tal vez. Un tiempo y un lugar en una burbuja (alguien sopla). Luego un descenso vertiginoso: Uno, dos, tres, cuatro, no sé cuántos círculos de pecado y ansias nuevas de pecar hacia abajo, no sé cuántos pisos. Fuera hace normal y taxis y sol, y ese era el infierno. La realidad. La puta realidad.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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