GESTOS

· 8 de septiembre, 2017

Volumen 84:

«No solo el poeta es un fingidor.

Yo soy un fingidor; yo, no el poeta.

Ahora habla el hombre:

Sí, soy un fingidor. Ved mi sonrisa»

(Poema de Nada grave, Ángel González)

La fascinación de Paul Ekman por las manos y los rostros nació a través de la fotografía. Y de la enfermedad mental: su madre, con trastorno bipolar y depresiones recurrentes, se quitó la vida cuando él era apenas un niño. También de la soledad y la ira. Y de la represión. No pongas esa cara, no gesticules, le decían.

Ponernos una máscara es la mejor forma de ocultar una emoción -es una de sus hipótesis- y la mejor máscara para una emoción es otra emoción. Una emoción falsa: La sonrisa. Está bien vista y es -técnica, práctica y científicamente- fácil de fingir. Y, sin embargo, una sonrisa falsa no es una sonrisa de verdad (la detección de la mentira por los gestos ha sido una de las especialidades de P. Ekman). No es lo mismo: no se entornarán igual los párpados, ni se alzarán las mejillas, ni descenderán las cejas con idéntico arco, ni se estirarán los ojos brillantes. El niño de la cámara en ristre y la madre muerta se convirtió con el tiempo en un experto de las emociones y su expresión facial. Viajó por todo el mundo, atrapó lenguajes no verbales, trazó mapas emocionales…

Un alumno de psicología, o tal vez de neurología, preguntó una vez por qué en su teoría no se consideraba el amor una de las seis emociones básicas. No sé cuál fue la respuesta: algo de sentimientos complejos, de estadios secundarios, de cerebro o corazón… O algo sobre máscaras.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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