Rambla abajo

· 1 de septiembre, 2017

Volumen 83:

«Anem a voltar per la Rambla,/

et compraré un ramet de flors./

Anem a voltar per la Rambla,/

beurem xarrupets de colors.»

(La Rambla, Quimi Portet)

Yo me enamoré en Las Ramblas. No exactamente. Rambla abajo. Fue hace mucho. Muchísimo. Demasiado. Vivía entonces en el otro extremo de Barcelona, en la zona alta. Pero era por allí donde andábamos siempre: de día bullicio entre los puestos callejeros y la Boqueria, cafés de sobremesa en el Zurich, cita en plaça Catalunya las tardes de compras (faldas largas, púas y partituras, libros y vinilos), el Liceu en vaqueros y noches arrabaleras en los garitos de aire portuario.

La Rambla me llamaba a gritos. Descender por ella era salirle al encuentro. Aquella Rambla de mi memoria era joven, divertida, risueña y ruidosa, rebosante de vida. Olía a flores, a papel de periódico y a sal. Rambla abajo esperaban Colón señalando al horizonte y el agua rompiéndose contra el espigón: promesa de un mundo nuevo, roca y espuma. El viejo puerto y las primeras veces. La Rambla desembocaba en el mar. Mi mediterráneo y su atlántico. Él me enseñaba a leer las estrellas, a distinguir los vientos.

Las ramblas hoy heridas, pese a todo, siguen oliendo a flores, a papel de periódico y a sal. Y a enamorados. Yo, aunque él quedó muy lejos y atrás (y surca ahora otros mares), volveré de nuevo a pasear. Rambla abajo.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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