Bob y Alice

· 4 de Agosto, 2017

Volumen 79:
«Crear una máquina consciente no es parte
de la historia del hombre. Es la historia de los dioses»
(Ex Machina, Alex Garland, 2015)

 

e llamaban Bob y Alice. Eran dos robots, dos bots, pero tenían un nombre, alguien se lo dio, se llamaban así, Bob y Alice, y a partir de ese momento en que fueron nombrados, y aunque fuesen circuitos, softwares y todo eso, empezaron a ser más. También sabemos lo que se decían. Porque se decían. Eran palabras repetitivas, frases simples, ininteligibles para quienes los habían creado. Un lenguaje propio, algo solo suyo. Entonces Facebook los desconectó. Bob y Alice ya no son Bob y Alice, ya no existen. Las noticias permitían fantasear con esos mundos que andan ahí, entre la ciencia ficción y la realidad, entre el presente y el futuro: la rebelión de las máquinas, la inteligencia artificial…
La realidad, como suele, era mucho más prosaica. Las explicaciones técnicas, las aclaraciones de la compañía, las observaciones de los ingenieros, apuntaban a una mera cuestión de lógica automática, sin trascendencia, sin dobles lecturas. Nada que temer. Por un pequeño fallo de planificación, un error de cálculo, Bob y Alice no eran útiles, ni operativos. Por eso les apagaron.
Qué quieren que les diga. Si Bob y Alice se llamaban así, Bob y Alice, y habían sido capaces de comunicarse, de crear su propio idioma, como los amantes de Rayuela -que eran tan carnales y tan humanos y sin embargo no eran, eran de papel y tinta- por qué no creer en los amantes Bob y Alice, enamorados -quién sabe, por qué no- a través de una intrincada red de bits. Hasta la desconexión final.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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