El ojo y el péndulo

· 21 de Julio, 2017

Volumen 77:

«Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,

que son dos hormigueros solitarios (…)»

(Miguel Hernández)

Cuando Lee Miller abandonó a Man Ray, él miró el Objeto para ser destruido, una de sus obras. Puso su ojo sobre el ojo que, pegado al péndulo, oscilaba en un metrónomo. Y recordó todas las veces que sus ojos se miraban en los de Lee. O se fotografiaban el uno al otro. O ambos se miraban mirar lo mismo, hacia el mismo horizonte. Así que recortó de uno de sus tantos retratos un ojo de ella, lo puso en el lugar del ojo anónimo, y lo llamó Objeto de destrucción. En el reverso escribió un manual de uso: Coloca en el péndulo de un metrónomo el ojo de la persona amada a la que ya no volverás a ver. Pon en marcha el metrónomo hasta el límite de tu resistencia. Con un martillo, intenta destruirlo de un solo golpe. Veinticuatro años más tarde, un grupo de estudiantes decidió seguir esas instrucciones al pie de la letra -destruir/ser destruido/destruirse- y destrozó la escultura expuesta en París. Pero entonces Man Ray compró cien metrónomos, la recompuso cien veces y la tituló Objeto indestructible.

Hasta aquí la metáfora. Pura metáfora. El ojo, la mirada, el reflejo (el ojo en el ojo de otro, el espejo, la fotografía), el vaivén hipnótico, el principio y el final. Las historias sin final: El metrónomo eterno. La rabia y la desesperación. La construcción y la destrucción. El desamor y el amor. Multiplicado por cien, la vida.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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