Gloria

· 7 de julio, 2017

Volumen 75:

«…es por eso que cada vez que puedo grito

en claro femenino la palabra fuerza.»

(Mujeres luchando, Escandar Algeet)

Yo antes quería ser Wonderwoman. O alguna superheroína por el estilo. Lo conté aquí. También alguien muy inteligente, una mente maravillosa capaz de crearlo todo de la nada, o la mujer más bella del mundo. Ahora no. Ahora quiero ser Gloria.

Desde que vi Colossal, la última película de Nacho Vigalondo, quiero ser Gloria. Porque Gloria es un desastre, como yo. Yo lo soy de otra forma, pero también un desastre. Una mujer perdida, que anda dando tumbos por la vida, que levanta monstruos con un solo gesto, que puede utilizar su fuerza -descomunal [Anne Hathaway estaba embarazada durante el rodaje: la fuerza de una mujer encinta, la fuerza de una madre en el parto, la fuerza de una madre, haya parido o no, es descomunal]- para destruir o construir. Una (anti)heroína absoluta y totalmente imperfecta. Poderosa, aunque ella no lo sabe, gracias a su imperfección.

Quiero ser Gloria porque Gloria no es Superwoman, ni la princesa prometida, ni una lideresa, ni Madame Curie. No es una mujer ejemplar, ni blanca, ni pura. Quiero ser Gloria porque Gloria es el monstruo. Justo porque es el monstruo llamado (sin querer) a combatir el (y su) mal y salvaguardar la humanidad -y, de paso, a ella misma- sola, sin hombres a su lado, devolviendo los golpes sin vacilar. Ahora quiero ser Gloria porque ya era hora de que los monstruos también fueran monstruas. De las buenas (los verdaderos monstruos nunca son los que lo parecen). De esas que salvan el mundo.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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