Correr

· 23 de Junio, 2017

Volumen 73:

«Tú echa a correr

ya se te ocurrirá

alguna meta que cruzar.»

(Benjamín Prado)

Esperé durante hora y media, dos horas, qué sé yo. De pie, bajo las estrellas. La noche era cálida, al menos. Había llegado corriendo, impaciente, con prisa, expectante. No apareció. Finalmente no apareció. No llamó. Nada. El silencio una y otra vez desde la pantalla muda. Volví sobre mis pasos, recosté el teléfono al fondo del bolsillo, abrigado en la mano como un pajarillo tibio, sintiéndolo latir como si tuviese latido. No latía. La luna brillaba como brilla la luna cuando te ignora; la gente pasaba de largo sin prisa, como hace la gente cuando, sin prisa, pasa de largo. Lo mismo que, algunas veces, la vida.

Inventé normas inventadas para juegos de azar inexistentes. Caminar a la derecha. A la izquierda. Esperar diez minutos más. No esperar. Llamar. No llamar. Incumplí una a una mis inventadas normas. Sentía una leve náusea. Ojalá al menos vomitar conejitos, como en el cuento… Si llamara quizá, aún. Pero no. Esperar ya ¿para qué? Y entonces me dije Fin, me dije Basta. Justo en ese momento vi su silueta recortarse al fondo. Vibró el teléfono recostado en el fondo del bolsillo. Creo que fue en ese mismo instante cuando salí corriendo. En la dirección contraria. Desde entonces voy más aprisa, más ligera, en el sentido del horizonte. Él quedó muy atrás. Ya no espero bajo las estrellas. Ahora corro hacia ellas.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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