Perro y gato

· 16 de Junio, 2017

Volumen 72:

«A mí­ me ocurrió que en mitad de una reunión de negocios pensé sin saber por qué en los gatos -que no tenían nada que ver con el orden del dí­a- y descubrí­ bruscamente que los gatos son teléfonos. Así­ nomás, como siempre las cosas geniales.»

(Cómo pasar al lado, de Un tal Lucas, Julio Cortázar)

Si tú y yo nos enamorásemos -le dijo el hombre a la mujer- nuestro amor sería imposible». El hombre tenía un perro. La mujer tenía un gato. El perro y el gato -estos en concreto- no se soportaban. Era aproximarse y se desataban todas las fuerzas del Universo. Se ponían tensos, arqueaban el lomo, bufaban, gruñían.

Se veían cada mañana, a una distancia prudente. El hombre inventaba disculpas. La mujer se limitaba a dibujar media sonrisa. Él, ya a lo lejos, le daba dos o tres golpecitos al perro en el lomo. Ella se abrazaba fuerte al gato. Eso era todo. El gato parecía entristecerse apenas, un poco. Se le ponían los ojos redondos y oscuros. Pero al rato estaba ya enroscándosele a la mujer en las piernas, con la cola en alto, acariciándole por fuera y por dentro. Y la mujer se reía: era feliz. Al cabo de un tiempo, el hombre empezó a pasear con otra mujer. La otra mujer tenía un perro pequeño. El perro del hombre y el de la otra mujer parecían llevarse bien. La mujer abrazó fuerte al gato, hundiéndole la cara en el pecho suave, y al gato le brillaban mucho los ojos. Y se rieron felices los dos, el gato como se ríen los gatos.

El hombre y la mujer nunca llegaron a enamorarse.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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