Los libros

· 21 de abril, 2017

Volumen 64:

«[…] en las letras de ‘rosa’ está la rosa

y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’»

(Jorge Luis Borges)

Yo era una niña flacucha y muy tímida. No me gustaban las vacaciones de verano. Hasta que, en una esquina de la plaza, la descubrí: la biblioteca.

No era más que un bajo municipal con dos alturas y unos pocos centenares de libros infantiles y juveniles. Era el universo al alcance de mis manos diminutas.

Iba cada día y no me marchaba hasta que cerraban. Devoraba los cuentos. Me fascinaba Maléfica, tan bella (mucho más que la princesa durmiente) y letal. También leía las aventuras de Los cinco. Leía Mujercitas, Tom Sawyer, La cabaña del tío Tom, La isla del tesoro, Los tres mosqueteros, Veinte mil leguas de viaje submarino o Miguel Strogoff. Por la noche, soñaba con los libros. Soñaba que la biblioteca era un lugar mágico en el que vivían, encantadas, las palabras y cuando todos dormían se escapaban de las páginas y revoloteaban como polillas. Tras las palabras iban las cosas a las que daban nombre y tras las cosas, los personajes. Y todos se entremezclaban y nacían historias nuevas. En cuanto se volvían a abrir las puertas, yo corría al estante de arriba en busca de mi bruja favorita. Y respiraba aliviada al ver que continuaba allí, en su sitio, en su fábula, en su castillo.

La biblioteca ya no existe. Hay otra mejor, más moderna, más grande. Los libros que leo son ahora otros. Todo lo demás sigue lo mismo. De tanto en tanto, aún hojeo el viejo cuento y allí está Maléfica. Igual de bella y letal.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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