Cicatrices

· 13 de Abril, 2017

Volumen 63:

«(…) las bocas se encuentran y luchan tibiamente,

mordiéndose con los labios,

apoyando apenas la lengua en los dientes,

jugando en sus recintos donde un aire pesado

va y viene con un perfume viejo y un silencio»

(Rayuela, Julio Cortázar)

Cuenta Ricardo Chávez Castañeda que escribió El beso más largo del mundo porque un día se miró al espejo. Se vio la cicatriz de la frente. Se vio dos dientes rotos. Pero ni rastro de aquel primer beso. Ni una sola señal de la caricia que le hizo estremecer. ¿Dónde están guardadas las historias felices de mi piel?, se preguntó. No están, se respondió. La felicidad no deja huellas, no deja marcas.

Puede que sea uno de esos sistemas de defensa que tiene la naturaleza, como el color brillante de las setas venenosas. Te quemas y ahí queda un círculo púrpura. Te golpeas y cada mañana tu reflejo te devuelve el golpe. Te cortas y un reguero carmesí recorre el mismo camino. Pero una libélula es casi transparente. El abrazo se va deshaciendo. La saliva se evapora. Seguramente para que esté una más atenta, se fije más, retenga lo inasible en el lugar donde se guardan los inasibles. El dolor no lo puedes olvidar, él se encarga de acompañarte. La felicidad no deja señal. Pero sana. Al fin y al cabo a quién no le curaron, de niño, las heridas con un beso.

Me miro en el espejo y veo las arrugas de la frente, la pequeña cicatriz de la barbilla, el diente astillado. Y veo también, aunque no se vean, los besos. Ahora sí. Los veo todos.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


Te puede interesar...