El viaje

· 17 de marzo, 2017

Volumen 59:

«Tal como había planeado, Gregorio inició la fuga

hacia los lugares de la infancia.»

(Juegos de la edad tardía, Luis Landero)

El viaje comenzaba siempre igual. Más o menos así: Decía ‘venga, sube, que te llevo’ y yo corría, daba un salto y me dejaba llevar. El trayecto solía ser alrededor de la mesa, pero a veces se prolongaba a lo largo del pasillo.

Y entonces sí, entonces arrancaba la aventura. Podíamos, por ejemplo, avanzar a oscuras y yo apretaba mucho los ojos porque no podía ver los monstruos que acechaban a cada paso pero sí sentirlos, intuirlos. Podíamos, desde esa sencilla máquina del tiempo, retroceder varios siglos en un par de pasos y ser el caballo de Troya, o viajar al futuro y ser criaturas espaciales. Podíamos simplemente bailar. Un vals o un bolero. Y yo era una bailarina mágica que daba vueltas en el aire sin rozar jamás el suelo.

Ese era el viaje alucinante. Mis dos pies descalzos y minúsculos apoyados encima de las zapatillas a cuadros grandes, suaves y calentitas, de mi padre. Las manos agarradas fuerte a sus piernas y la cara hundida a la altura de las rodillas, sofocando la risa. No sé en qué momento acabaron los viajes. Supongo que mis pies crecieron, no mucho, pero sí lo suficiente. O que pensé que aquel era un juego idiota. No recuerdo el último. No le di importancia, no lo retuve, como no se retienen las últimas veces porque no sabes que lo van a ser. Ya no puedo preguntarle si se acuerda. Así que elijo uno, un viaje cualquiera, y lo revivo en el lugar donde todo es posible: La memoria. Y él entonces vuelve a caminar por mí.

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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