Malena Alterio: «Me quita el sueño no estar a la altura de los proyectos»

· 8 de junio, 2018

Fotografía: Javier Naval


El éxito no le hace despegar los pies del suelo. Ése es el consejo que le dio su padre (Héctor Alterio) cuando se estrenaba en el mundo de la interpretación y, aún hoy, Malena lo aplica a rajatabla. En Los Universos Paralelos, la actriz se enfrenta al dolor que supone la muerte de un hijo y cómo se puede luchar para que a pesar de todo la vida siga siendo hermosa.

 

 

En la Granadella (Xàbia) y en pleno rodaje de la la serie Vergüenza de Movistar+, Malena Alterio cambia de chip para hablar de Los universos paralelos. Una pieza aleccionadora en la que los protagonistas (Malena Alterio, Daniel Grao, Carmen Balagué, Ángela Cremonte y Alex Postigo) demuestran que merece la pena vivir y que, a pesar de un revés tan angustioso como la muerte de un hijo, siempre hay una puerta abierta a la esperanza que invita a seguir adelante.

La pregunta es un poco obvia pero, tratándose de Los universos paralelos, no me resisto a hacértela. ¿Hay vida después de la muerte?

En estos momentos estoy con varios universos paralelos. Por suerte, mi trabajo va muy bien y estoy conviviendo con Núria que es el personaje que estoy haciendo en Vergüenza (Movistar+); con Patricia, a quien interpreto en Los universos paralelos y conmigo misma. ¿Que si hay vida más allá de la muerte? Se trata de buscar una solución al dolor, a cómo poder sobrellevar y sobreponerse a la muerte de un hijo y buscar alguna salida que te dé alas para poder encarar la situación. Patricia, mi personaje, abre la puerta a pensar que, si en esta vida no es feliz, quizás en la otra sí que lo será.

 También es aleccionador mostrar que con huellas y cicatrices se puede vivir.
Es lo emocionante y bonito de esta historia porque, pese al terrible dolor que supone la muerte de un hijo, hay que tomar decisiones y seguir viviendo. No hay otra. Muchas veces no queremos mirar a la muerte cuando forma parte de la vida, no mirarla no significa que no esté.

 Un tema tan delicado obliga a ser supercuidadosos.
Lo bueno del texto de Lindsay-Abaire, de la dirección y de nuestra interpretación, es que no hay un subrayado del dolor o un meter el dedo en la llaga. Al contrario. Uno, cuando está mal, lo que intenta es reirse porque aunque el dolor esté por debajo, la vida continúa. Hay una carta que el autor escribe al principio en la que indica, a los que vayan a representarla, que, por favor, no pasen por encima de los chistes ni de las situaciones divertidas porque son fundamentales para la digestión de esta historia porque si no sería más dura.

 Ponerte en la piel de Patricia debe ser muy duro.
Fue complicado tomar la decisión de aceptar el papel. Lo medité mucho y le dí muchas vueltas, pero había algo que… Cuando leí el texto me emocioné y entendí el sufrimiento de Patricia; me gustó la dramaturgia, la adaptación de David, la dirección, el grupo… Tal vez, años atrás, hubiera dicho que no porque no me habría sentido capaz o preparada pero, en el momento en el que me lo ofrecieron, me dije ‘adelante’.

 ¿Has llorado mucho ?
Mucho. Es imposible no empatizar con el personaje.

 Debe ser duro y contradictorio el angustiarse tanto actuando y, al terminar la función, poder tomarse unas cañas como si nada.
Sí, pero forma parte de nuestro trabajo y ahí cada uno se las compone como puede. El dolor de la función me acompaña, por lo menos, hasta que me desmaquillo y me cambio de vestuario que son unos veinte minutos. Y la verdad es que, hasta la segunda caña, no me pongo bien.

 Porque la dureza y belleza de la historia es que es un relato muy real.
Aunque no hayas pasado por este trance en concreto el dolor es extrapolable a cualquier tipo de pérdida y es fácil empatizar con los personajes. Hay mucha gente que se acerca al terminar la función a hablar con nosotros, nos dice que ha pasado por eso y nos da la gracias; hablamos de conversaciones que son muy duras porque a veces yo no sé como reaccionar. Pero es el mejor premio.

 También aparece el dilema del ser o el parecer.
Porque cada uno de los personajes lleva el duelo como buenamente puede y el abanico es superamplio.

¿Sientes que es uno de los proyectos que más te está enriqueciendo?
Cada trabajo me aporta, me enseña y me hace crecer a nivel personal. Me siento afortunada porque, sobre todo en el teatro, he podido elegir y todos los personajes me han aportado aprendizaje. Un papel siempre es un reto.

 ¿Sigues fiel a la frase de tu padre de que éste es un trabajo más?
Sí. Papá me lo dice en el sentido de que debo tener los pies en el suelo y no rayarme demasiado con cada nuevo proyecto. Me repite que después de una cosa llega otra, y otra, y otra… y que hay que relativizar la ansiedad o los miedos que te abordan en cada uno de los proyectos en los que andas.

 ¿Te sigues poniendo nerviosa antes de salir a actuar?
Sí, es que cuando oigo el bullicio del público… No es un nervio paralizante, porque ya llevo muchas funciones y lo tengo bastante dominado, pero sí una cosilla de ‘va, venga, vamos a por ello’. Diríamos que es el nervio de la responsabilidad y de la incertidumbre porque en el directo nunca se sabe qué va a pasar porque me puedo equivocar, alguien del público se puede marear, la luz se puede ir…, en un teatro todo es posible. Hablamos de cosas que asustan pero que también te ponen.

 ¿Son las series de televisión las que están permitiendo que muchos de tus compañeros puedan seguir dedicándose ea esto?
No sé qué decirte. En una serie, uno es mucho menos dueño de él mismo que en el teatro. Con buena o mala salud, el teatro siempre está ahí. Hace muchos años, y en pleno éxito de Aquí no hay quien viva, me encontré en un restaurante a Nuria Espert y me preguntó por cómo estaba. Yo le hablé del éxito de la serie y ella me preguntó por el teatro; le dije que lo tenía apartadillo y me dio un consejo: «No te dejes el teatro porque la tele y el cine es posible que se olviden de ti pero el teatro jamas lo hará». Cierto. Un actor, mejor o peor, se puede inventar una obra pero no una serie o una película.

 ¿Lo que más te alimenta es el teatro?
Te diría que sí porque es donde me siento más viva y más dueña de lo que hago. En el cine y en la tele dejas tu imagen pero luego está el montaje. En el teatro se levanta el telón y tú manejas el ritmo, las pausas, las miradas, los movimientos… la libertad creativa es más grande.

¿Qué imagen crees que el público tiene de ti?
La gente que me conoce por mi trabajo tiene la imagen de que soy extrovertida y disparatada por Belén de Aquí no hay quien viva. Noto el cariño que se me tiene. Pero quedarme esclava de ese papel no me hacía nada feliz. En la medida de que me siguen llamando sé que hay algo que gusta e interesa y por eso continúo con este curro. Lo que hago ahora no es tan mediático pero me hace feliz.

 Y en estos momentos, ¿hay algo que te quite el sueño o te despierte por las noches?
Estoy en un periodo de mucho trabajo y un poco sobrepasada. Y sí, me quita el sueño no poder estar a la altura de estos proyectos. También me quita el sueño el querer dormir y no poder y así ando, como las locas.

Amparo Barbeta

Redactora de URBAN


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