Alberto San Juan: «Aún no hemos conocido la democracia»

· 13 de abril, 2018

No tiene pelos en la lengua y eso el trae más de un quebradero de cabeza. A Alberto San Juan no le gusta la sociedad en la que vive y defiende que es «tiempo de tomar decisiones». Su soliloquio, Autorretrato de un joven capitalista español es noticia en los últimos días ya que el PP de un pueblo de Granada pidió cancelar la obra por su “ideología radical”, mientras la Unión de Actores y Actrices le ha mostrado todo su apoyo. Hace un tiempo habló con Urban precisamente sobre la obra que ahora se ha intentado censurar.

 

No es hechicero y no sabe cómo transformar la sociedad para acabar con el hambre y la guerra pero sí tiene el altavoz que le permite difundir sus ideas y, en la medida de sus posibilidades, dar voz y respaldar a los más desfavorecidos. Alberto San Juan, en su estreno como autor, director y guionista en Autorretrato de un joven capitalista español, reflexiona y trata de explicar qué es lo que nos ha llevado a la situación actual. Se le considera un activista, para él, un «título muy digno».

 Aristócratas, banqueros, cantantes, actores, ¿usted también aparecerá en los papeles de Panamá?
Te dejo con la duda. ¿Estaré?, ¿no estaré? Quién sabe…

¿Siente rabia al ver el nombre de compañeros suyos en este fraude a la sociedad?
En el caso de Almodóvar, creo que es muy importante el dato de las fechas: del 91 al 94, si no me equivoco. En plena ceguera colectiva, en plena fiebre del todo vale en pos de la acumulación personal, inaugurado por el PSOE de Felipe González y multiplicado hasta la náusea por Aznar. Nuestros sucesivos gobiernos democráticos han hecho un enorme esfuerzo para construir una sociedad de especuladores: compra un piso y véndelo más caro, invierte en seguros privados, utiliza mecanismos para pagar menos impuestos. Ahí veo yo las raíces de todo lo que ahora revienta en nuestras narices. Revienta en sentido metafórico porque, que yo sepa, el sistema aún no ha cambiado. Ah, otra cosa muy distinta es tener cuentas en paraísos fiscales hoy, cuando el abuso ya es demasiado evidente en todos los ámbitos. Y otra muy distinta, desde luego, es tener esas cuentas siendo representante político.

En los últimos años parece que la norma es que unos pagan y otros defraudan.
¿En los últimos años? Deberíamos remontarnos al menos a 1939. Y eso no lo modificó la Transición. O no de forma suficiente, por lo que se ve.

En «Autorretrato de un joven capitalista español» dice que la sociedad en la que vive es injusta hasta la crueldad. Sí, pero usted forma parte de esa sociedad.
Evidentemente. Vivo en un edificio que está en llamas. ¿Escapo?, ¿ayudo a apagarlo?, ¿echo gasolina? Es tiempo de tomar decisiones.

Déme la pócima, o su pócima, para transformar la sociedad.
Me tomas por hechicero y no lo soy. El desafío al que nos enfrentamos es enorme: dejar de esperar a ser bien gobernados y empezar a gobernarnos por nosotros mismos. Democracia, creo que se llama.

¿La democracia, visto lo visto, está en crisis?
Aún no hemos conocido la democracia.

Es un actor comprometido que pide un cambio social.¿Hacia dónde?
Hacia una sociedad construida a partir del poder de unos con otros, no del poder de unos sobre otros.

¿Cuantos perjuicios le ha reportado el comprometerse?
Ninguno.

Usted se pregunta en su obra cuando empezó todo. ¿Tiene la respuesta?
Supongo que todo empezó con el primer microorganismo que movió su cola dentro del agua. ¿O no fue así como empezó la vida en este mundo?

Se pide esfuerzo a los que peor lo pasan pero las grandes fortunas siguen refugiadas y acomodadas en su confort. ¿Éste es el país que nos merecemos?
Nadie se merece la injusticia.

El legado de las generaciones anteriores fue, entre otras cosas, la libertad, ¿qué herencia dejaremos nosotros?
¿De qué generaciones hablas? ¿Quiénes trajeron la libertad? No conozco ninguna generación que lo hiciera.

«Vamos por una carretera con los ojos vendados y directos al barranco». Duro.
Más dura es la realidad que describe esa frase, cuyo autor desconozco.

La pronuncia usted en su monólogo. ¿Le molesta que lo tilden de activista o por el contrario le enorgullece?.
Para merecer tal nombre habría que realizar más actividad que la mía. Es un título bien digno.

¿En qué se siente más cómodo?, ¿en la reflexión de este monólogo donde se desnuda política e intelectualmente o poniéndose en la piel de otra persona con la que no tiene ninguna afinidad?
Hay tantas posibilidades en el teatro… ¿Por qué desdeñar ninguna?

Dice que que ser cobarde es una forma de tomar partido, ¿no es contradictorio?
No. Si presencias como un adulto patea a un niño en la calle y no haces nada, estás tomando partido por el status quo: un adulto pateando un niño. Pero no creo que haya utilizado yo la palabra cobarde. Tengo una enorme comprensión hacia la cobardía. Por experiencia propia.

 Me gustaría acabar bien, ¿hay lugar para la esperanza?
Siempre, mientras haya vida. El gran descubrimiento de este siglo es: sí se puede.

Estudió Ciencias de la Información, ¿qué noticia le gustaría escribir?
Se acabó el hambre y la guerra.

Amparo Barbeta

Redactora de URBAN


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